lunes, 23 de julio de 2018

Curva de Laffer

CURVA DE LAFFER

Pomperipossa lo oyó por primera vez cuando una amiga le preguntó un día: «¿Te has enterado ya de que tus impuestos marginales de este año ascienden a un 102 por ciento?».
«¡Imposible! —dijo Pomperipossa—. ¡No existe un porcentaje tan alto!»
ASTRID LINDGREN
Pomperipossa en el mundo del dinero

La curva de Laffer, bautizada con el nombre del economista estadounidense Arthur B. Laffer, expresa la relación entre el nivel de los tipos impositivos y los ingresos fiscales que recibe el Estado según dichos tipos. Es indiscutible la verdad de un dicho muy antiguo: «Cuando se exagera la explotación de los súbditos, en términos modernos: «cuando se exagera con los impuestos», la hacienda pública va a la ruina». Los vampiros tienen un problema parecido. Si le chupan demasiada sangre a su víctima, ésta se les muere, y se acaba una fuente barata de recursos alimenticios. Hasta cuándo se puede chupar, es decir, dónde se sitúa el nivel óptimo del tipo imponible, o sea el punto máximo de la curva de Laffer, es algo que nadie sabe. Laffer dice que, cuando los tipos impositivos superan este máximo, el Estado puede obtener más bajando los impuestos que subiéndolos. No está claro si esto funciona, ni cómo lo hace. ¿La curva de Laffer es un recurso importante para controlar la economía, o es solo una especie de vudú económico?

El principio básico puede explicarse mediante un ejemplo sencillo. Desde principios de la década de 1990, muchos países europeos, entre ellos Alemania, están subiendo lenta y continuamente el impuesto del tabaco. Hasta hace poco, esto producía el efecto deseado, dentro de lo posible: la gente seguía fumando a pesar de todo, pero aumentaban los ingresos del Estado por el impuesto del tabaco. En 2003, cuando el gobierno federal aumentó el precio de cada cigarrillo en un 1,2 por ciento mediante una reiterada subida del impuesto, se preveían unos ingresos adicionales de unos mil millones de euros. Un año después estaba claro que había sucedido justo lo contrario. De repente, las arcas del Estado recibieron menos dinero por el impuesto del tabaco, y el Ministerio de Economía reconoció un déficit de varios cientos de millones de euros. Posiblemente hubo muchos fumadores que dejaron su hábito a causa de los altos precios, pero también se podría pensar que lo que hicieron algunos fue recurrir a la mercancía de contrabando. Fuera cual fuese la causa, la subida de impuestos produjo paradójicamente una pérdida de ingresos.

Para el total de las rentas fiscales del Estado, el tabaco tiene escasa importancia; mucho más significativas son otras fuentes de ingresos, como, por ejemplo, los impuestos sobre las rentas del trabajo. Pero también en este caso puede suceder que un tipo impositivo demasiado elevado produzca menos ingresos fiscales, aunque las causas son más complejas que en el tema del impuesto sobre el tabaco. Pero ¿qué significa en este contexto «demasiado elevado»? ¿Dónde está la frontera mágica? ¿Cuánto debe recibir el Estado por la renta de cada ciudadano, para alcanzar unos ingresos máximos?.

Hay que empezar por hacer unas consideraciones sencillas. Si el tipo impositivo es cero, o sea, si no se recaudan impuestos, el Estado no ingresa cantidad alguna. Todos los ciudadanos estarán felices y contentos, porque sus ingresos brutos serán iguales a sus ingresos netos, pero el Estado se queda
arrinconado y se siente ofendido, porque no recibe su parte. Éste es el primer punto de la curva de Laffer: cero por ciento en el tipo impositivo produce ingresos fiscales cero. Sin embargo, está claro que el inicio de la curva de Laffer da lugar posteriormente a un ascenso: si se aumenta el tipo impositivo de cero a, por ejemplo, dos por ciento, siguen todos contentos, pero los ingresos del Estado suben un poco.

De seguir así, se supone que con unos tipos impositivos del cien por cien, es decir, si cada ciudadano entrega todos sus ingresos al Estado, no es de esperar recaudación tributaria alguna. Sólo trabajarían un par de idealistas o de locos, bien porque no son capaces de hacer las cuentas, o porque les encanta bajar a la mina. Los ciudadanos preferirían dedicarse a actividades ilegales, emigrar, mendigar, quedarse en la cama y morirse de hambre, pero nadie querría trabajar legalmente y pagar impuestos, para acabar en cualquier caso muriéndose de hambre. Por lo tanto, si el tipo impositivo es el cien por cien, los ingresos fiscales del Estado serán nulos o alguna cantidad
insignificante. El punto inicial y el punto final alcanzan el cero. Para unir ambos puntos hay que trazar una curva que al principio es ascendente, alcanza un máximo en algún lugar y luego desciende para llegar de nuevo al cero. Así es la curva de Laffer en un caso ideal. Si el Estado es listo, exigirá a sus ciudadanos la cantidad de impuestos que le lleve al máximo de recaudación, a la cima de la curva de Laffer. Si el Estado exige unos impuestos demasiado elevados, disminuyen sus ingresos. En consecuencia, según los argumentos de Laffer, es posible aumentar los ingresos cuando se reducen los impuestos.

La idea fundamental en que se basa la curva de Laffer no es en absoluto nueva. El propio Laffer se la atribuye al político árabe Ibn Chaldun, que en el siglo XIV escribió lo siguiente: «Se ha de saber que al principio de una dinastía el Estado obtiene grandes ingresos fiscales con pocos impuestos. Al final de una dinastía los impuestos son altos y el Estado recibe pocos ingresos fiscales». Esto suena inteligente, pero está expresado de una manera tan críptica que permite sospechar mucho contenido oculto; es un problema general expresado al modo de Chaldun, que las generaciones posteriores interpretarían a menudo justo al contrario. En cualquier caso, Laffer entiende esas palabras como un llamamiento a la reducción de impuestos.


El concepto de curva de Laffer surgió en 1974 como consecuencia de un encuentro, ahora casi legendario, entre Laffer, que entonces era profesor de la Universidad de Chicago, y representantes de Gerald Ford, que por aquel tiempo era presidente de Estados Unidos. Estaba presente, entre otros, Dick Cheney como representante de Donald Rumsfeld, que en aquel momento era jefe de Estado Mayor de la Casa Blanca, aunque hay quien dice que el propio Rumsfeld participó en la

reunión. Laffer no se acuerda ya de los detalles de aquel encuentro, por lo que no hay más remedio que creer la versión de Jude Wanninski, que entonces trabajaba como coeditor del prestigioso Wall Street journal y ha sido hasta ahora un ptente defensor de la teoría de Laffer. Según Wanninski, Laffer dibujó la curva en una servilleta, para convencer a Cheney de que había que bajar los impuestos, y no subirlos, con el fin de reactivar la economía y, como consecuencia de ello, sanear los ingresos fiscales. Aunque Cheney y Rumsfeld quedaron bastante impresionados, Ford no aceptó la propuesta. El propio Laffer considera como dudosa la historia de la servilleta que cuenta Wanninski, ya que su madre, la de Laffer, «le había educado para no profanar las cosas bellas». En cualquier caso, desde aquel episodio se llama «curva de Laffer» a la relación entre tipos impositivos e ingresos fiscales, y en cualquier libro de texto aparece dibujada como una hermosa y simétrica curva de campana que empieza y acaba en el cero, y tiene un máximo en el 50 por ciento del tipo impositivo.

Sin embargo, esta forma ideal de la curva no deja de ser un invento y posiblemente no tenga nada que ver con la realidad. El trazado exacto de la curva de Laffer, sobre todo la posición del máximo, es objeto de vivas controversias. En numerosas publicaciones se habla sobre los intentos de investigar la relación entre los tipos impositivos y los ingresos fiscales resultantes, utilizando para ello modelos matemáticos. Al mismo tiempo, se describen los procesos económicos mediante un sistema de ecuaciones, que están vinculadas entre sí. Por lo tanto, los ingresos del Estado procedentes del impuesto sobre la renta no sólo dependen de los tipos impositivos, sino también de la cantidad de personas que estén trabajando y de las remuneraciones de estas personas. El nivel de los salarios brutos depende de cómo le vaya al empresario, es decir, de cuántos productos consiga vender. Esto, a su vez, depende, entre otras cosas, de cuánto dinero les quede a los ciudadanos después de deducir los impuestos y, por lo tanto, de lo que puedan gastar, lo cual lógicamente se relaciona de nuevo con los tipos impositivos. En conjunto, lo que surge aquí es una estructura compleja e intrincada.


Veamos ahora unos cuantos resultados de los cálculos realizados según los distintos modelos matemáticos. La curva de Laffer que Peter Ireland obtuvo en un estudio del año 1994 alcanza el máximo con un tipo impositivo del 15 por ciento. Con otro modelo algo diferente, Paul Pecorino calculó en 1995 un tipo impositivo óptimo que se situaba entre el 60 y el 70 por ciento. En un trabajo del año 1982, Don Fullerton obtuvo un tipo impositivo óptimo del 79 por ciento. Es desconcertante la diferencia de cifras. En un trabajo más reciente, realizado en 2005, N. Gregory Mankiw y Matthew Weinzierl intentaron encontrar un enunciado más general y llevaron a cabo numerosas ampliaciones con el propósito de lograr que el modelo se acercara más a la realidad. Entre otras cosas, llegaron a la conclusión de que la economía reacciona de una forma muy sensible ante los cambios fiscales y que las bajadas de impuestos pueden en parte autofinanciarse. Sin embargo, es difícil predecir en qué medida sucede esto. En definitiva, no está claro si realmente es posible, como dice Laffer, aumentar los ingresos exigiendo menos impuestos.


La simulación realista de una economía nacional es una tarea difícil. Incluso si los modelos son complejos y están muy bien madurados, sólo reproducen la realidad de una forma enormemente simplificada, porque lo real es aún más complejo y maduro. El impuesto sobre la renta, por ejemplo, es progresivo en muchos países (como sucede en Alemania), es decir, a las' rentas más altas se les aplica tipos impositivos también más altos. Así, puede darse el caso de que con un determinado nivel de ingresos se produzca el efecto Laffer, porque los impuestos que le corresponden sean demasiado altos, pero puede ser el único nivel en el que se llegue a dicho efecto. Además, la gran cantidad de excepciones, normativas especiales y excepciones de esas normativas generan un barullo complicado e impenetrable en el sistema impositivo, por lo que resulta casi imposible predecir lo que puede suceder cuando se cambia algún pequeño detalle en cualquier lugar. Con nuestros sistemas impositivos hemos creado a través de los siglos un monstruo de muchas patas que ahora es difícil de domar.

En las publicaciones de Laffer relativas a su curva aparecen pruebas detalladas que justifican su teoría y que se refieren sobre todo a sucesos de la historia reciente de Estados Unidos. Entre otros, se discuten los programas de reducción de impuestos que se aplicaron en tiempos de John F. Kennedy en la década de 1960 y de Ronald Reagan en la de 1980. En ambos casos se observan claros indicios de que la bajada de impuestos tuvo efectos positivos en el crecimiento económico, aunque no era éste el objetivo. En realidad, sí lo era el aumento de los ingresos fiscales del Estado, pero esto no se consigue justificar con claridad. Aún peor: incluso en los casos de éxito era prácticamente imposible demostrar una relación causa-efecto entre la bajada de impuestos y variaciones en los ingresos del Estado, porque en las cuentas intervenían muchos factores desconocidos. Un ejemplo: la situación global de la economía nacional no depende sólo de la situación en el propio país, sino también, entre otras cosas, de la demanda de productos en el extranjero. Puede suceder que los consumidores alemanes compren menos ketchup americano porque en ese momento aparezca una nueva marca barata de ketchup en los comercios de Alemania. O porque se implante en este país un impuesto especial sobre el ketchup, y esto impulse a los consumidores a utilizar más la mostaza.


Finalmente, se puede dar un giro de 180° a la discusión planteando la pregunta de si debería ser obligación del Estado maximizar su recaudación tributaria. Porque no son sólo una fuente de ingresos para el Estado, sino que además pueden servir para influir en los modos de comportamiento y darles una nueva dirección. Un buen ejemplo es el caso del tabaco, que ya hemos mencionado anteriormente: ¿Se eleva este impuesto para forzar la entrada de más ingresos procedentes de la venta de tabaco, o se trata por el contrario de impulsar a las personas a dejar de fumar? En este último caso, también se valoraría como un éxito que hubiera menos ingresos fiscales, es decir, que se vendieran menos cigarrillos. Esto lleva inmediatamente ai preguntarse hasta qué punto el Estado puede inmiscuirse en las vidas de sus ciudadanos. ¿Son los Estados simplemente una especie de entidades económicas que ofrecen determinadas prestaciones (por ejemplo, la construcción de carreteras) y a cambio reciben el pago en forma de impuestos? ¿O tienen además la obligación de preocuparse por el bienestar, la educación y la organización en general de la sociedad? Sea cual fuere la respuesta que se dé a esta pregunta, el debate sobre la curva de Laffer puede ser al final totalmente irrelevante.


Con independencia del valor que se le dé, la idea básica de la curva de Laffer es de una belleza y una claridad insuperables: si una cosa que en sí misma es buena y útil (por ejemplo, chupar sangre) se explota en demasía, llegará a actuar en contra del objetivo inicial y, por lo tanto, se volverá perjudicial. Esta idea nos lleva directamente a una crítica general del exceso. Comer es necesario para la vida y parece en principio una buena idea; sin embargo, cuando se practica en exceso es malo para la salud y produce una degeneración adiposa. Los medicamentos son beneficiosos cuando no se toman en sobredosis. Las sanciones tienen en el mejor de los casos un efecto educativo, si se aplican en la medida adecuada, ni mucho, ni poco. No obstante, Alexander Solzhenitsin lo ve de otra manera y afirma que las penas de prisión que duran menos de veinticinco años sólo sirven para embrutecer al individuo, pero, sin embargo, todas las que superan ese tiempo contribuyen a hacer personas honestas. Esperemos que a nadie se le ocurra trasladar esta filosofía al sistema impositivo.

Kathrin Passig - Aleks Scholz
Enciclopedia de la ignorancia
Colección Imago Mundi
Ediciones Destino

martes, 22 de mayo de 2018

Antonio Rodríguez Jiménez

Antonio Rodríguez Jiménez
Antonio Rodríguez Jiménez nació en Córdoba el 15 de junio de 1956. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Córdoba y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Málaga. Ejerció como periodista cultural durante 30 años y coordinó durante 22 años el suplemento cultural de Diario Córdoba Cuadernos del Sur. Fue director del Instituto Cervantes en Fez hasta 2013. Actualmente se dedica a la enseñanza en universidades, a la crítica literaria y a la creación. Publica en diversas revistas especializadas y en periódicos.


II 
 
Proceloso, lejano grita el mar.
Sus celos, dominantes y sagrados,
se retuercen como lobas heridas.
Desea bañar con su salitre
las mejillas morenas y la ingles
de la huri que duerme en Medina.
Le envía cabiros por si algún día
naufraga en su fuente lasciva.
Vesánico, furioso, degüella a los rapsodas,
estrella los laúdes, derrama la sangre
de las melancólicas sirenas.
¡Oh loco Piélago, lloras porque no puedes
asistir al esplendor de la carne!
 


III

Céfiro acaricia e1 temblor de sus pupilas,
como un halo circunda su cuello.
Desesperado quisiera morir lentamente
en un beso. Zahra muestra orgullosa
cl monte venusino tras el que se oculta
su fíbula intacta.
¡Oh manzana olivácea que llevas
cintas de infierno en el pelo!


 

IV

Un bullicio de pájaros aguarda
el ardiente corazón escondido
tras el surtidor voluptuoso de alabastro.
El cielo es una noche de horizontes
azulados y pensamientos tibios.
Océano, sumergido en su locura,
pregunta a las taimadas
mientras la flor de almendro prepara
la lujuriosa embriaguez de las pasiones.
La Quimera absorbe su húmedo cerebro,
el verano de sus labios termina
en un suspiro de cipreses.
Yace en el Ónfalo, maldice el alma
de las ondinas, y su cuerpo es la sombra,
la pilastra que gotea eternamente
sobre el invisible huevo del mundo.


 

V

Se abre un oculto camino. La noche busca
alcobas en la atmósfera salvaje
de los amantes.



VI

¡Zahra, pétalo fundido entre mis dientes!
Ruedan las caricias. Te contemplo.
Tus labios Se desgajan uno a uno.
¡Oh garza eterna de mis sueños!
Te absorbo en la amable noche, entre la hierba
y los huesos, entre palabra y palabra,
perdidos bajo el cielo en un aliento de deseo.
Me absorbes entre el silencio y tu cuerpo,
entre caricia y caricia ganamos
un vértigo de estrellas. 




J U E G O S

Jugábamos en las noches
a lanzarnos estrellas
—como todos los infantes de la tierra—
Te perdías siguiendo a los coches 

pensando en huérfanos niños
como todos los infantes de la tierra

Cogíamos crisálidas
para amamantarlas
—como todos los infantes de la tierra—

Te apretabas a mis pasos distante
suspendido en el cartón de los potros
—como todos los infantes de la tierra—
Amábamos la vida sin rencores
los corazones recién estrenados
—como todos los infantes de la tierra—

Te preguntabas en los labios abiertos:
—como todos los infantes de la tierra—
Cuándo se hundirán mis huellas
en las rodillas inocentes del barro.





DRAMA EN UN SOLO ACTO
«Soy muy joven. Quisiera estremecido entregarme
a cada son que a mi lado murmurando pasa...»
RAINER MARÍA RILKE

Venía de la aldea con la mirada al hombro,
no quise saber nunca por dónde caminaba.
Vivir, vivir, único afán de la temprana existencia,
era angustioso el dolor de mi primera espina.

Entre un montón de hupes yacía acurrucado,
tenía por paredes el hondo contorno de una huella.
Vivir, vivir.... Observé jadeando que el cielo
con un crepúsculo de nubes silvestres.

Verdes las raíces de este cuerpo
que brotó por entre un manantial de escarchas.
Y me pregunté por el ruido de las cosas.
Vi los árboles mecerse y tutearse.
 

Dentro de mí escuché el sopor que produce
en un cuerpo la explosión del fuselaje
y cayeron miles incendiados.
Sentí sólo un leve derrumbamiento de átomos.

Había llegado la hora de los levantamientos celulares,
los cables de S.O.S. corrían por entre los laberintos arteriales,
y después de aquel largo incendio
se apoderó de mí el triste instante del estercuelo.
Un viejo dios, pariente, me recogió aterrado
de aquel lecho de hojas. Tuvo compasión y se detuvo
exhalando, murmurando algún arcaico motete,
y tras aquellos segundos de música regresaron los colores.
Rojos, cantos de prónuba en medio
de un largo corredor de tilos recién sembrados.
Recuerdo su olor, su novísima sombra,
fresco azahar colgado de caricias, besos, pubis.

Tras una hueca montaña de piedra
me hallé ante el día y el hombre,
ante unos ojos clavados sin sueños:
vi a Abraham temblando, vi a Abraham temiendo.

Por un largo corredor de siglos
se deslizaba estático el caballero de la fe,
sin lágrimas, repleto de ventrículos, sin rostro,
ascendía a Morija invitando a Isaac al holocausto.

En los perfiles de aquellos minutos
sólo reinó el destello del cuchillo,
el murmullo de los sueños invitando
al hombre a incoar una nueva esperanza.

¿Puede el hombre confiar su fe a un dios tan despiadado?
Pero los días de creencias se fueron alejando
y regresaron los años de mariposas,
de lirios, abedules, armiños y visones.

Y las señoras destrozaron sus pieles, naturales,
los hijos fueron de nuevo depositados en las escuelas,
aprendieron el arte de jugar en las plazas, los parques,
llenar las calles, burlar las esquinas, lanzarse bolas de nieve. 

Los niños supieron de nuevo mirar a los estanques,
observar los vencejos, confiados en vuelos irónicos.
Nadie les enseñó el ars amandi,
pero ellos no vacilaron en mirar a las muchachas.

Sabían que detrás de las cosas
se esconde un fruto inmaduro llamado belleza.
Adivinaban que no debían colgar sus juegos
en las polvorientas perchas de los armarios.
Irremediablemente llegó el día de la adolescencia
y los niños se hicieron sisones, 

olvidaron los jardines convirtiendo sus sueños
en postres —bellas manzanas—, niños glotones.

Eran los días de pensamientos
donde se cambian los aros por amargas ideas,
donde los párpados acarician los ojos amados,
donde la tristeza no tiene remedio.

El hombre —transido de dolor— bebe,
recela los deleites, busca lágrimas,
teme volverse—no le apetecen las estatuas saladas—.
Comprende que algún día nacerá de nuevo.

Va cortando crisantemos aptos para su tumba,
baraja sus pifias y aciertos, los confunde,
busca el punto en el círculo de su vida para la reminiscencia.
Va cayendo el telón. Aplauden.
 


ESTAMPAS
«No dejes que tu infancia, esa fidelidad
innombrable de los celestes, sea revocada por el destino.»
R. M. RILKE


En tu pletórica juventud he de acogerte,
amarte y estrecharte.
Te buscaré en el templo vegetal de la inocencia,
tras el olor lejano de los juegos,
luchando entre el nihilismo
y la conciencia invertebrada de lo posible.
Ese espacio plúmbeo es una gran taza
azul, adornada de nubes y tilos silvestres.
Los coros de hojas expanden
melodías de razas lejanas,
los hombres, deslizándose, desgastan
ese temblor de piedras
que se funde en las cornisas
remotas del miedo.
No dejes que te aten a las esquinas del temor nevado,
no permitas que tu voz se ahonde
sin gritar apenas esas notas
leves que se filtran
por entre los pliegues de tus labios. 


Déjame gritar por ti. Yo tengo todas tus postales,
esas delicadas maravillas
que se derraman
irremediablemente de las manos.




TRAS EL TILO
«Olvida el hombre las penas del espíritu,
que la primavera florece casi en todo.»  
                                                                                  HÓLDERLIN

¡Tan lejos estabas de nosotros...!
Sólo veía una horizontal línea marina.
Allá tras los interminables segundos
de pétalos estabas tú, y nos sonreías
y tus caricias eran retratos en estampas
antiguas que desgajadas nos recordaban,
con sólo un verso de mármol,
las tumbas de los poetas.
Más allá de las huellas

vi un trozo suyo recogiendo objetos
para intercambiarlos
con árboles, hojas, arroyos, bosques.
Y la naturaleza
fue creando la imagen de la lágrima.
Tras los fríos nació el Sol, la Luna,
la vida entretejida por las cosas,
los tímidos encuentros de las flores.
Tras los segundos largos de espera
florecieron los tilos, y las rosas
apoderáronse de todos, de todos los colores.


 

DE FURTIVOS POEMAS

Rociado de polen y de mariposas
has comido soledad tras los pozos
invertebrados del aburrimiento
tus alas se perdieron en el laberinto
de espinas y la rosa
se fue ennegreciendo tras tus pasos
dulces blandos
heredaste un puñado de recuerdos
eran voces de soberbia temprana
tú senil infante
bañaste tu cuerpo en el tonel de grasa
impregnado hasta los huesos
ese viejo reloj de tu frente
se acercó a la línea del vértigo
comprendiste furtivo
que tras la plenitud cóncava del tiempo
sólo hallaría
gotas amargas
desparramadas en el fondo
transparente del vidrio
diminutos crisantemos blancos
dispuestos para la metamorfosis




TIEMPO


El tiempo devora mis manos
y los dedos ocultan los recuerdos.
Es la fatiga absurda de la angustia
que absorbe la dulzura vaga de la muerte.
Se amontonan los minutos, se acurrucan
exhaustos, pálidos, los hombres,
y se esconden tras las manecillas
rotas de un viejo reloj de arena.
Pasa débil el tiempo, sin prisas,
y se confunde con un solitario sollozo.
Su fatiga avanza por entre la voz hueca de un árbol.
Caen los frutos secos y se pierden
en los arroyuelos del mundo.
Más allá de esos lugares
camina el hombre de ideas infecundas,
barajando su alma y a veces su cuerpo
y salta, se desprenden flores,
luciérnagas dormidas, fragmentos de doncellas
como rosas de piedra, mariposas azules.
Lo diminuto se agiganta
y la muerte mendiga una claridad inexistente.
La naturaleza abre sus generosos brazos.





Una hebra de esplendor
 
Amanece porque un hilo de luz, una hebra de esplendor acaricia
la suave tela del párpado. Los campos estarán fríos
en este otoño vestido ya de guirnaldas azules.
Huele, siento, respiro esa humedad de olivos
a punto de estallar. Oigo el zumbido de las abejas
que beben incansables de los viñedos.
El cielo es cristalino porque septiembre limpia
el aire y las praderas, las hierbas, el canto
gris de los pájaros, impregnado del color de los ojos,
transformado en memoria.
Los perros ladran junto al pozo cubierto por palos y viejas 

cajas de frutas.
Los madroños crecerán pronto.
Florecerá la jara y las encinas lucirán sus galas mejores.
La hierba huele y suena como un violín.
No hay mariposas aún, sólo crisálidas encendidas en las piedras
del bosque. Sólo arpegios, notas fundadas,
naturalezas a punto de extinguirse.
Ni siquiera la realidad es mía. 




 El camposanto de vysehrad

Soplaba un viento de julio sobre el Moldava,
los barcos se divisaban lejanos junto al célebre Puente Carlos.
Ellos me miraban con sus ojos de fuego.
Eran los demonios terribles de Vysehrad.
Un mundo dentro del mundo.
Praga posee la belleza de un sueño,
pero también alberga el horror de los vampiros,
de seres inhumanos bañados en iglesias.
En el amurallado Vysehrad se alza un cementerio
excéntrico. Apunté febril cientos de nombres famosos.
Escultores, pintores, poetas y músicos yacían en el camposanto
del recinto que se yergue sobre el río.
Me brotaron lágrimas cuando el arte y la muerte se mezclaron
y mi corazón se ensanchó como el día anterior ante la tumba
de Kafka, mi cabeza cubierta como un judío, en Olsany.
Perdí el cuadernillo de los mil nombres
y desde entonces siento la desgracia del mundo como un mensaje
de anónimos escritos en la arena de una playa.




 Las alas atrapadas en la escafandra

Has perdido el silencio secreto de las horas,
el instante que roza la garganta
cuando el tiempo es sólo el deseo
    de una mariposa
que aletea en el vaho mortal de la escafandra.
Tu piel es una lluvia de polvillo blanco
que cae como la niebla de un bosque
en una noche de invierno.




CHICOS DE LOS OCHENTA

Me habia prometido a mi mismo
no volver a visitar idéntico paisaje.
Detestar ese mundo de flores y de inventos.
Esto es como una noria y todos somos asnos
girando febrilmente en la cuadratura de un círculo.
Una bandada de boligrafos escritos
a maquina hacen su migracién a los ochenta.
Son jóvenes, como yo hace diez afios,
y llevan en sus alas excelentes paginas en blanco.

¡Son pajaros supucstamente sagrados!
Todos hablan el mismo idioma
y se abanderan por grupos
porque apenas poseen sangre
en el centro de sus corazones.
El riesgo de ser absolutamente uno mismo
es la ignorancia, el silencio.
Para expresar estas cosas
son innecesarios los versos,
sin embargo, cuando se vive
inmerso en las garras de esa dama oscura
y misteriosa ¡qué difícil es zafarse de ella!
Vuelvo hacia atras,
que atractivo es el principio,
los primeros balbuceos
de las palabras vírgenes.




PROYECTO DE ESTACIÓN DE SERVICIO
EN UNA AUTOPISTA

Febrero de mil novecientos ochenta y tantos.
La calzada chorrea un brillo impropio del invierno.
Enciendes un cigarrillo, miras
el tiempo como si fuese un reloj sin manecillas.
La habitación está desierta. Hay humo por todas partes,
                                                  recuerdos que caen
por lentas paredes de pintura negra.
Corro por la autopista deslizándome a ciento sesenta
kilómetros por hora. Me siento meteoro.
Hay fiebre en todo el cuerpo
que late como una caja de cartón llena de piedras.
Ya no soy yo. Es mi sombra
que tiembla en el cristal de las ventanas.
Intento reconstruirme como si fuese una escultura de yeso.
Ni siquiera hay cinceles que adapten mi figura
a las apariencias de mi tiempo
destrozado en las escasas rocas de la playa.
Todo mira hacia atrás, a pesar de los esfuerzos
y sigo viendo al niño de siempre
a través de la baranda.
Voy a intentarlo de nuevo:
tu figura, pero no hay nada
más allá del pasado. No puedo imaginar ningún proyecto.
Se deshace la amargura del futuro en las manos.
Llego a la estación de servicio
para repostar en las tardes calurosas de agosto.
Los poros se ensanchan en un esfuerzo indescriptible
por sentir lo que dicta la tiranía del tacto.
Veo tu figura retorcida en las sábanas,
el olor de tu pubis esparcido,
el fingido amor arropado en tu carne.
Es imposible levantar el vuelo
porque he olvidado la virtud de las alas.
El mundo se reduce a eso, a un proyecto
amargo, a una triste silueta
de algo evanescente que fuimos
en un tiempo lejano. No hay historias
atractivas que permitan distraerte.
Sólo hay un recuerdo de pasión, un eco
en una oscuridad desapacible,
un hotel viejo en un triste callejón sin salida.
Un proyecto de estación imposible por el que trotan
locos caballos destrozados por una cada vez más lejana
                                                          juventud.
Estoy solo. Es febrero y me derrumbo
pensando en el olvido, en la muerte,
en el crepúsculo, en las calles vacías,
en las esquinas bañadas de invierno.
Se acaba. Es el silencio.
El poderoso sabor de los árboles secos.
Un sueño irreversible me entristece
y me tortura poco a poco.
Me siento como una presencia extraña.
Se acaba todo y es imposible mi proyecto de hombre.




EL BAÑISTA SIGUE SIENDO UN SER SOLITARIO

Es Julio todavía. Ha pasado un año desde el último agosto.
Eso que ruge suavemente es el pulso del mar.
Yo también quería sentir sus latidos
y en febrero reserve la vivienda.
Llegó Julio y la esposa, las dos niñas
y el televisor portátil se subieron al Lancia.
El dia uno de mañana entramos en Barbate.
Salieron gaviotas a hacernos saludos extraños.
Las niñas disfrutaban en la arena.
De vez en cuando los dedos
de mis pies acariciaban alguna bolsa de plástico.
¡Qué maravilla! ¡Cuánto placer sentí de no sentir
la magia poética del mar!
Sólo había calor, moscas y sardinas asadas
panza arriba, quemándose incansablemente
en la infernal brasa playera
que huele todavía a plástico de colchoneta
y a bronceador Nivea o Cooperthone.
Quemaduras, burbujas en la espalda,
la niña rubia que pierde el equilibrio,
se da la vuelta en el flotador y «por poco se ahoga».
Más allá hay un bañista
que odia con todas sus fuerzas la literatura
y la cotidianidad de la vida.
A sus 34 años ha comprendido que está solo,
que a su alrededor sólo hay sombras,
gatos multicolores y dos o tres seres humanos
que se distancian por una fuerza extraña.
Está triste y bracea solitario, mar abierto.
Le faltan aún trescientos metros
y está desesperado porque se aburre
absolutamente con todo, hasta consigo mismo.
El agua está muy fría,
muy salada,
muy tediosa.
El agua late indiferente
a ciento veinte pulsaciones por minuto,
Ya está perdido del todo.
Cree que al carecer de imágenes
ya no tienen sentido sus palabras.
Pero para él las tienen.
Podría escribir una novela,
pero está empeñado en contar su historia
una y otra vez, en un mismo poema.
El bañista es un punto negro
en mar abierto y no sabe
si merece la pena regresar.





VIAJE AL POLO NORTE

Un revólver apunta a las sienes.
Pensaba en aquella joven que marchaba
los fines de semana a ver a su novio
y pasear por el campo.
Caía el sudor de la muerte cercana.
Un negro saxofón con brillos sonaba eternamente.
Y yo estaba allí, bajo una farola
de nieve después de una fiesta
respirando la muerte en mi cuerpo enlutado.
Tenía frío. Caminaba despacio
mientras tus ojos no me recordaban.
Se había cumplido el tiempo.

Ella estaba ahí, como muñeca
de juventud eterna. De nuevo, la noche
y la imagen de puertas y de senos
perdidos en el tejido oscuro de mi infancia.
Volví. Lo intenté y me sobrecogió
su figura acariciando mi antiguo fantasma.
Entonces, decidí iniciar un largo viaje al Polo Norte.





UN PÁJARO FLOTA EN EL AIRE

Definitivamente desaparecen los campos,
las tardes de pasión, las sagradas montañas,
las bellas muchachas desnudas.
Se ennegrece el cielo azul.
Se ha secado la ciudad con su peculiar fisonomía.
Las calles son iguales que las de Nueva York, París, Roma o Granada.
Córdoba se aleja en una inmensa nube
de bellísimas imágenes.
Acaricio las cosas, los objetos más simples,
como si los ojos se hubieran cegado en su claridad.
El manto del otoño deja atrás las playas
que lucen en su lejanía la tétrica mirada de sus bronceadores.
Como un pájaro flota la tristeza
en la superficie de un estanque.
Camina solo perdiéndose en la arena
amarillenta del bosque de cristales y marcos de aluminio.
No hay nadie en las ventanas.
Hace calor como en la siesta de los ventiladores.
Luce la soledad en el bochorno
que emiten las gaviotas.
Adelfas bellas y venenosas me invitan
a beber en sus jugos. Damas negras
salen al encuentro de los cipreses rojos.
Salto al abismo y se enciende la luz para siempre.



LA HUELLA

Hay un error que aprieta el aire.
Crees que todo está perdido y ya no luchas.
Piensas que todos te desprecian y huyes.
Estás convencido de que nadie te ama y corres.
Por eso ha llegado la hora de que te ames a ti mismo con fuerza,
de que en lugar de huir te encuentres y reflexiones,
de que luches y pienses que nada se ha perdido porque la vida
espera que la descubras
para que sorbas esa inmortalidad que anhelas,
hallada en cada instante, en cada gota de lluvia,
en cada hoja del árbol, en cada metro de asfalto.
Tu huella ha de dar fruto.
No dejes que la arena del mar la diluya.




MIEDO DE UN PÁJARO

Un pájaro extraño,
mágico e invisible,
se acerca un día y trina
detrás de los arbustos.
Voy hacia allá, cautivado por su canto melodioso.
Y no hay nadie, sólo queda una pluma.
Me alejo de la espesura arbórea,
de nuevo comienzan los himnos preciosos,
me vuelvo enloquecido y corro hacia él borrando las huellas.
Le veo el perfil, un halo de belleza lo envuelve.
Voy a atraparlo con los dedos, con las uñas,
con todo el cuerpo. Y huye.
¿Será un pájaro sagrado?
Nada importa, sólo el esplendor de su figura,
la tenue piel, su blancura rosada,
la suavidad de su plumaje.
¿Se asusta de mí? ¿Me aterra su cuerpo?
¿Cómo será ese ave que entona un cántico tan triste,
tan callado?
De nuevo veo su sombra,
como un milagro atrapado en una jaula.
Me arrojo sobre él para asirlo,
se desvanece. Más allá, tras los arbustos,
suena su voz de pájaro, y huyo definitivamente
ante el temor de que el flamante idilio ruede por los suelos.




LUNA BLANCA
Cuando anochece el alma se me encoge y me arrugo
como un papel de celofán bajo la presión de una mano gigante.
No quiero saber el misterio de las palabras fáciles,
sólo llegar al fondo del anhelo
para probar las sílabas que emanan
los árboles mecidos por el viento.
El Universo es un largo discurso repleto de estrellas fugaces.
Lo que importan son los matices, el eco esplendoroso
o falso de las palabras,
el perfil niquelado de los sonidos,
las sombras de los objetos bajo el reflejo de la Luna.
Hoy está llena de luz, de elegancia.
Es bella como una vestal desnuda. Es frágil como un cristal
de Murano o Bohemia.
Es ardiente como un trozo de glaciar a fuego lento.
Amo la luna como un tesoro escondido en el fondo de la tierra.
Cuando no estoy enamorado de mujer la siento
y es la sustituta más fiel. La miro, imán de los deseos,
única alma capaz de arder sin confundirme. Mi único alimento.
Hoy está llena para mí y evoca la nostalgia de mis amantes,
por lo que estoy complemente perdido.



EL PÁLIDO PRODIGIO

Sus lágrimas se turbaron en pálidos diamantes.
La tristeza se extendió como una nube de panteras negras.
Todo su cuerpo fue desde entonces
una tormenta a punto de volcán.
Los ojos azules emitían el frío del Polo Norte.
No había nada más allá de la belleza,
en su fuego interior crecía una bolsa de vacío,
un iceberg que derretía los huesos,
una vieja montaña tragada lentamente por la tierra.
Tomé sus manos de frío y volé junto a ella
hasta el final de las alas,
hasta la misma cúspide del Universo.
Allí acabó el viaje. Tuve que volverme.
Sólo podían pasar los cuerpos celestes,
las damas rubias,
los prodigios encantados
y los seres que no podían morir.




LA FUERZA DE SUS OJOS

Corre bajo la piel.
Bebe la sangre. Sabe que detrás ya no queda bellezai
Todo su pensamiento es ilusión. Pasión suprema. Una monotonía
que palpita bajo el magma de un volcán.
Camina despacio barajando los objetos, como quien cuenta
botellas en una fábrica de cristal. Piensa
y todo su horizonte se derrumba como la luz de un arcoiris
en la tarde polvorienta de un desierto de Asia.
Sueña bajo los pies líquidos de una fantasía
y los objetos del espacio se concentran como esrrellas
recién llegadas de otras galaxias.
Ama junto al calor de una alfombra de césped,
en la piscina húmeda de una siesta calurosa,
y su piel se deshace por entre el líquido de un rostro indefinido,
blanco y azul, como los ojos, como los muslos, como la lengua
que lo atrae y lo abraza, lo impregna en la corriente
de un río salvaje que lo arrastra, que lo pierde
bajo la hierba que estalla por los dientes.
Lucha para vivir la ilusión instantánea que desaparece.
Pelea para morir en el abrazo solitario
de dos cuerpos que luchan
en una extraña rueda de caricias que duelen
hasta que el paroxismo reina en los rincones
de seres que se retuercen como lejanos dioses.
Es el soplo del mar en una vieja isla de Oriente
que anochece rodeada de ojos que vigilan.
Es la potencia apagada del océano que se enlutece
cuando la sal ha perdido su fuerza para darle brío a las olas.
Es el eco de un viento que arrastra las velas de los barcos
hasta perderlos en lo más profundo de un valle de corales.
Es el viento de un hombre cansado que mueve el mundo
solamente con el deseo de sus ojos.




ASCENSO A LA TORRE DEL RELOJ

Mikulás de Kadan me acompañó hasta la torre
del reloj oculta en Staromestské namestí.
Los vi agazapados en las cornisas
de la iglesia del Tyn,
junto a agujas coronadas de estrellas
y picos sutilísimos ensartados en un cielo plateado.
Eran seres amorfos, negros,
vidriados ojos rojizos,
babeantes cuerpos de piedra.
Grandes brazos de roble,
que intentaban apoderarse de mis restos,
me hacían señas
en el aire de la plaza vieja.
Sabían que el mundo caía a mis pies,
que mi existencia rodaba por los suelos.
Ignorábamos el poder de aquel ángel
que preside el Palacio Toscano,
cuya espada quebrada
mantiene condenadas, en una lluvia de estatuas,
a todas las almas negras de Vysehrad.




Los árboles del bosque Slavkovsky

A veces pienso que estoy postrado
en la cama blanca de un hospital. Parece un balneario.
Karlovy Vary, al oeste de Praga.
Rezo ante la colina de las tres cruces.
Admiro la columnata del Molino
y Santa María Magdalena, protectora iglesia Termal.
Bebo agua a 70 grados centígrados de las sesenta fuentes.
No veo el mar. Sólo jardines inmensos e ilustres visitantes
que algún día pasado pisaron la elegante ciudad del valle.
Es sábado y bebo también cerveza negra
      traída de U Flekú.
Ingiero becherovska de Bohemia
    y silvovice dulce
                                  como un veneno letal.
Allí están los paseantes ilustres:
    el alma en pena de Rilke,
el alma atormentada de Kafka,
el alma mágica de Antonín Dvorak,
el alma triste de Goethe,
el alma seria de Schiller.
Paseo junto al poeta polaco Adam Mickiewicz
y al escultor Bretislav Werner.
Smetana evoca las bellas calles
de la ciudad en la que confluyen
  los ríos Teplá y Onhré,
abrigados por las montañas
  Krusné y Doupovské.

Subo hasta la cima  por entre los árboles del bosque Slavkovsky
y desde la alta atalaya me siento feliz.
Respiro mi nueva naturaleza de pájaro, la armonía
de los ojos, el compás del cielo en mis pupilas.  

lunes, 7 de mayo de 2018

Salicaria

Lythrum salicaria


Descripción: Planta de cepa perenne, que echa todos los años vástagos nuevos, los cuales, en las buenas tierras, pueden llegar a alcanzar la altura de un hombre. Sus hojas quieren parecerse a las de algunos sauces, pero en la base remedan la figura del corazón, con las dos aurículas, y son pubescentes. Nacen de manera encontrada o en rodajuelas de tres hojas en cada nudo. Las flores se reunen en un largo ramillete en la sumidad de los tallos y ramas, y tienen de 10 a 12 mm, y un hermoso color purpúreo tirando a violáceo. El cáliz forma un tubito con 12 costillas externas y 12 dientes en su extremo, colocados alternativamente en dos series de 6, unos más agudos y largos que los otros. El fruto es una capsulita encerrada en el tubo del cáliz, con muchas y diminutas simientes.
Florece de junio en adelante, o a fines de mayo, en los tempranales del Sur.
Se cría a la vera de las aguas, a orillas de ríos y arroyos, bordeando las acequias y brazales en los prados muy húmedos,  etc, de toda la península e Islas Baleares; en las montañas se eleva hasta 1000 m de altitud.
Recolección: Se recolectan las hojas o las sumidades floridas durante el verano o a fines de primavera; las flores, antes de abrirse por completo o cuando el ramillete está a medio florecer. Se desecan rápidamente a la sombra y en un lugar ventilado.

Virtudes: Es planta astringente, de mucha y comprobada eficacia en el tratamiento  de la disentería, así como para combatir las diarreas de los niños de teta.
Quer además comenta que por ser astringente,se hace uso de la infusión para lavar llagas y úlceras, las cuales se mantienen límpias y encoran con más facilidad, siendo mejor preparar la infusión todos los días o cada vez que se vaya a utilizar.

Historia: Dioscórides ya recomendaba su uso contra la disentería; y añade que "atestada dentro de las narices restaña  la sangre que sale dellas. Tiene también eficacia en restañar heridas y restriñir la sangre".
Plantas Medicinales
El Dioscórides renovado
Pio Font Quer
Editorial Lábor
 
Parte utilizada: Las extremidades floridas.

Principios activos: abundantes taninos gálicos, flavonoides, antocianinas, mucílago, sales de hierro.

Acción farmacológica: Astringente, antidiarreico, antiséptico, ligeramente hemostático. En uso externo: vulnerario, antiséptico, astringente, cicatrizante.

Indicaciones: diarreas, dismenorrea, heridas, úlceras varicosas, vaginitis, intértrigo.

Formas galénicas/posología:
Uso interno:
Infusión: 20 ó 30 g en medio litro de agua. Infundir durante 20  minutos. Tomarlo durante el día.
Extracto fluído: 2 a 5 g aldía en adultos; 0´5 a 1 g al día en niños preferiblemente en forma de jarabe.
Polvo: una cucharadita de postre de una a tres veces al día.
Uso externo: Decocción: 70 a 100 g/L. Hervir 2 minutos. Aplicar bajo forma de compresas, lociones, irrigaciones vaginales.
Fitoterapia en Farmacia
 Colegio Farmacéuticos de Vizcaya


Elixir Floral: Ayuda a recibir información de regiones espirituales superiores. Abre y vivifica el chakra coronal. Apropiada para las personas que no tienen ideas claras en lo espiritual y para quienes meditan con la intención de evadirse de la realidad.
De: 
333 elixires florales y otras esencias.
Octavio Déniz
Ediciones Obelisco

lunes, 30 de abril de 2018

Saponaria. Jabonera.

http://www.plantasyhongos.es/herbarium/s/Saponaria_officinalis_11.jpg



















 Saponaria officinalis. Saponaria. Jabonera.

Tóxica. Precaución.

Recia, perenne, con rizoma reptante y numerosos tallos floríferos erectos, de 30 a 90 cm, con inflorescencias terminales de flores grandes de color rosa o cárneo. Flores de 2´5 a 3 cm de diámetro, con pétalos patentes, espaciados, suavemente escotados, con dos lígulas cada uno; cáliz de unos 2 cm, tubular, glabro, verde o rojizo. Hojas de 5 a 10 cm anchamente oval-elípticas trinervas. Se encuentra en setos, baldíos húmedos, cunetas, etc.Contiene saponinas y se utiliza para lavar telas de lana, tapices, etc. Las saponinas son venenosas. Planta medicinal usada contra el reumatismo, hidropesía, enfermedades de la piel,etc.
De: Oleg Polunin
Guía de Campo de las Flores de Europa
Ed. Omega

Parte utilizada: rizoma, raíces.

Principios activos: abundantes saponinas (5 %), heteróxidos de la gypsogenina, esencia, resina.
 
Acción farmacológica: diurético, balsámico, expectorante, béquico, depurativo, colerético, sudorífico.

Indicaciones: oliguria, urolitiasis, cistitis, reumatismo, gota, bronquitis, disquinesia biliar.
En uso externo: eczemas, dermatitis seborreicas y exfoliativas, acné, amigdalitis.

Precauciones / Intoxicación: Planta poco utilizada por su toxicidad: a dosis mayores de las indicadas, o por susceptibilidad individual, puede producir irritación de las mucosas digestivas y depresión de los centros nerviosos respiratorios y cardíacos. 

Formas galénicas / posología
* Uso interno
Decocción: 15 g/L. Hervir 2 minutos. Una taza al día, nmedia hora antes de las comidas. Preparar y tomar inmediatamente. En maceración puede ser tóxica.
Jarabe: 1 a 3 cucharadas soperas al día.
Extracto fluído: 10 gotas 1 ó 2 veces al día.
* Uso externo
Decocción: 60 a 80 g/L. Hervir 10 minutos, aplicada en forma de compresas o lociones.
Extracto: gargarismos. Se puede añadir miel rosada.
De:   Fitoterapia en Farmacia. 
Colegio farmacéuticos de Vizcaya.

Nos dice Font Quer en su Dioscórides Renovado (Editorial Lábor), que medra fácilmente en todo el jardín, con sus raíces que lo inundan todo si se la planta por lo que se hace odiosa. 
Tanto los tallos y hojas, como cepa y raíces de esta especie deben recolectarse tarde,porque sus principios activos aumentan a medida que la planta se desarrolla. Las saponinas se encuentran en las raíces en proporción del 3 al 5 %.
No aconseja su uso por vía interna por los inexpertos debido a su toxicidad.
Cepa y raíces bien lavadas, cortadas a lo largo y en fragmentos, se ponen a secar sobre un cañizo en verano cuando la planta ha echado flor y empiezan a madurar sus frutos. Cuando se desee usar se deja toda la noche en agua sirviendo luego para lavar telas finas, o el pelo a modo de champú.
Historia: Plinio habla de una hierba lanaria empleada para lavar y desengrasar la lana que sin duda es esta planta. Mattioli dice que los árabes llaman a esta raíz condisi y la usan mucho para provocar estornudos.
http://www.plantdb.co.uk/findpicture.php?exact=true&picid=399

martes, 27 de marzo de 2018

Muérdago. Viscum album

http://cdn1.lappr.com/garden/Mistletoe_Berries_Uk.jpg
Parte utilizada: Hojas, ocasionalmente las ramas jóvenes.

Principios activos: Colina, viscalbina, viscoflavina, acetilcolina, viscotoxina, inositol, manitol, saonina, ácidos, sales, vitamina C, resina.

Acción farmacológica: Tiene actividad espasmolítica, hipotensora por vasodilatación periférica y aumento de la diuresis. 
La composición química conocida no acaba de justificar estas acciones.
Se ha aislado una proteína a la que se le atribuyen propiedades antitumorales por estimulación inespecífica de la inmunidad, activando el timo. Con este fin es bastante utilizada en centroeuropa, sobre todo en medios antroposóficos.

Indicaciones: Hipertensión, arterioesclerosis, tratamiento pre y postoperatorio de tumores malignos, asma, litiasis renal, albuminuria.

Precauciones/intoxicación: las bayas son altamente tóxicas; la ingestión de 15 de ellas causa intoxicación en forma de alteraciones nerviosas y cardíacas. 25 bayas pueden provocar la muerte por depresión de los centros bulbares respiratorios y cardíacos.

Formas galénicas y posología
- Infusión: una cucharita de café por taza. Infundir 10 minutos. Dos tazas al día después de las comidas.
- Polvo: 1 a 1´5 gramos al día en cápsulas de 0´20 gramos.
- Extracto fluido: 20 a 30 gotas dos veces al día.
Según Weiss el muérdago ejerce su actividad sobre todo en administración por vía parental, considerando que por vía oral se requieren varios meses antes de ser efectiva.
De Fitoterapia en farmacia
Colegio farmacéutico de Vizcaya


Maurice Mességué en su "Mi herbario de salud" dice: "los druidas cortaban el muérdago de los robles con una hoz de oro y le achacaban mil propiedades divinas. A pocas plantas se les ha atribuído tantas virtudes y tanto valor simbólico. Eneas eligió "un ramo de oro" de muérdago para abrir las puertas del infierno. Hipócrates y Plinio lo hacían panacea de vértigos, epilepsia y tumores. En la Edad Media Santa Hildegarda lo recomendaba contra la gota y las enfermedades del pecho. Más tarde, el abad Kneipp, fitoterapeuta de renombre, lo administraba contra hemorragias y trastornos del sistema circulatorio. 
El muérdago es extraño; permanece verde cuando todos los árboles están desnudos.  Sobre las ramas en las que establece sus colonias tiene la perfección de la esfera. Sus hojas ovaladas con forma de oreja de conejo, sus bayas blancas, ese indefinible tono pastel de sus ramos, todo contribuye a asombrar a la vista. Pero ante todo, es un semiparásito. Hunde chupones en el tronco para extraer la savia, pero, gracias a su propia clorofila puede vivir en parte por el gas carbónico, el agua y la luz del sol... En casos extremos llega a parasitarse a sí mismo. Prefiere los árboles frutales (especialmente manzanos y perales); en algunas regiones abunda en álamos, pinos y abetos; el del roble, que según la tradición es el único que cogen los druidas y que es el más eficaz medicinalmente, es rarísimo.
La especie presenta dos clases de flores, macho y hembra, De las flores hembra fecundadas nacen las bayas blancas y algo translúcidas. Hacen las delicias de los pájaros, especialmente de mirlos, tordos, paros y currucas, que devuelven las semillas por el pico, las cuales están provistas de una franja adhesiva que se pega al tronco del árbol en el que el animal regurgita, y así, en unas cuantas temporadas, elmuérdago coloniza una arboleda. 
El muérdago, a dosis elevadas, es tóxico; produce pérdida general de la sensibilidad, parálisis progresiva, congestión abdominal, alcanzando finalmente el bulbo y el conjunto del sistema nervioso, bloquea los músculos respiratorios y para el corazón. Lo más peligroso son las bayas, por lo que recomiendo sólo se utilicen las partes verdes de la planta: ramas y hojas.
Hecha esta salvedad, la planta es excelente regulador de la tensión arterial y alivia bastante la arterioesclerosis. Es también diurética por lo que puede servir en el tratamiento de gota, reumatismo, cólicos nefríticos, cálculos urinarios, ... Antíguamente se usaba como antiespasmódico, contra la epilepsia, el asma, y el histerismo. Así mismo se ha utilizado como antihemorrágico, tanto en hemorragias internas como externas.
Se recoge a fines de otoño, antes de que aparezcan las bayas, y si hubiere alguna se desecha. Se seca a la sombra y guarda en tarros opacos de vidrio o loza.
Usar sólo externamente.

PREPARACIÓN Y EMPLEO: Unicamente para uso externo:
INFUSIÓN Y DECOCCIÓN de hojas y ramas (reumatismo, dolores nerviosos, ciática...: échese medio puñadito de planta secar por litro de agua. (Compresas, lociones, apósitos...) 
MACERACIÓN: Déjese reposar durante toda una noche una cucharadita de café de muérdago en polvo en una taza de agua fría. (Uso externo)»
Vino de muérdago: déjese macerar durante 24 a 48 horas medio puñado de muérdago seco en 1L de vino tinto. Uso externo»
TINTURA: Échese una parte de muérdago seco en 5 partes de alcohol; déjese en reposo durante una sémana y filtrese (10 gotas al día, en una tisana de melisa, cola
 de caballo o zurrón de pastor, todo ello en aplicaciones
externas sobre las zonas doloridas del organismo).

MANILUVIOS y PEDILUVIOS: Un puñado de planta seca por litro de agua. (Un baño al día.).
DUCHAS VAGINALES: (contra hemorragias locales y leucorrea):  medio puñado de planta seca por litro de agua.

POLVO: Una pulgarada para los niños, en caso de convulsiones. (uso externo: en aplicaciones sobre la columna vertebral, con un poco de agua azucarada). Dos pulgaradas para los adultos, (uso externo: en aplicaciones sobre el pecho, disuelto en un poco de agua azucarada, contra la hipertensión).
EXTRACTO: Déjese en infusión un puñado de muérdago en polvo en un litro de agua durante 6 horas; déjese evaporar el agua superflua hasta obtener un líquido con consistencia de jarabe. (En aplicaciones externas, una, pulgarada disuelta en almíbar.).
 
El Dioscórides Renovado de Pio Font Quer, editado por Lábor, nos dice:

Descripción. El visco nace de una semilla que se pega a una rama de árbol o arbusto y en el mismo germina, clava su raíz primaria en la corteza y profundiza en ella hasta atravesarla y llegar al leño. De los conductos que traen la savia chupa el agua y los productos disueltos en ella, con los cuales medra el muérdago en detrimento del árbol que lo trae. Vive muchos años, y cuando está en pleno desarrollo forma un arbusto muy ramoso y de figura redondeada, hasta de 1 m. de altura en los casos más favorables. Tiene el tallo corto, pero las ramas forman continuadas horcaduras, y las hojas nacen una frente a otra, raras veces de tres en tres en cada nudo, y son anchas y obtusas en su extremo, atenuadas en la base, pero sin rabillo, gruesas y algo coriáceas, de color verde amarillento, lo mismo que las ramas, de bordes enteros y persistentes en invierno, de manera que, entonces, cuando el muérdago nace en un árbol deshojadizo, se advierte claramente y a distancia su presencia en él. Hay muérdagos machos y hembras, y sólo éstos dan fruto. Los machos tienen las flores abiertas en cuatro partes, con el tubo corto; y la cara interna de aquellos lóbulos tiene adheridos y sin filamento los estambres. Las flores femeninas también se dividen en tres o cuatro gajos, que coronan el rudimento del fruto. Unas y otras flores nacen en las horcaduras de las ramas, en grupos de tres flores, una a cada lado y otra en medio de ambas, o reunidas en número de cinco con menor frecuencia. El fruto es como una baya de las dimensiones de un guisante, de primero verde y después del color de la uva albilla. Las hojas del muérdago tienen sabor ligeramente amargo; los frutos, con su mucílago, son insípidos.
Florece en primavera y madura sus frutos en otoño.
Se cría principalmente sobre los manzanos, perales, chopos y otros árboles de hoja caediza del norte del país, desde el extremo oriental de los Pirineos hasta Portugal, raras veces en el Sur; la variedad luxum, sobre el pino de alepo, el negral y el albar de gran parte de la Peninsula, desde los Pirineos hasta Andalucia.

Composición. Los investigadores más recientes aseguran que en el muérdago no existe alcaloide alguno ni glucósidos propiamente dichos. El muérdago contiene colina o acetilcolina (no propionilcolina, como se habia creído), ácido oleanólico (que se da por idéntico a la sapogenina de la remolacha azucarera), arsona, alcoholes resinicos, dos de ellos el viscol alfa y el viscol beta, etc. (Kroeber). La llamada viscotoxina es una combinación peptídica de cisteína, serina y arginina, con un grupo prostético naftalínico al que está unido un resto ácido glucurónico.

Virtudes. Janssen, con sus colaboradores Feuchtinger y Enders (« Arch. f. exp. Pathologie », 1940) dieron a conocer la existencia en el muérdago de dos substancias, una de las cuales actuaria sobre el corazón, y la otra, sobre la presión sanguínea. Esta última obraria por via parasimpática, sobre las terminaciones nerviosas periféricas. Pero tanto esta substancia hipotensora como la cardiaca resultan inoperantes cuando se administran por via gástrica ; sea por dificultades de absorción o porque en el estómago o en los intestinos quedan inactivadas o porque el higado las descompone. En cambio, los extractos de muérdago, con los dos principios, el cardíaco y el hipotensor, administrados por via intravenosa, obran en el sentido indicado. La viscotoxina antes indicada, según otros investigadores, actúa con el doble cometido de regularizar el corazón y atenuar 1a presión sanguínea ; pero en un medio alcalino se separa de ella un anillo lactónico. No se absorbe, por tanto, en el intestino, y es preciso inyectarla en el sistema circulatorio Esta misma viscotoxina produce necrosis locales cuando se inyecta en tumores malignos.

Uso. A pesar de la antigüedad de este remedio, no parece que estén totalmente aclaradas su composición química y su manera de actuar en el organismo humano. Por consiguiente, es recomendable que no se utilice en Medicina familiar, con tanto mayor motivo por cuanto a dosis elevadas se dice tóxico para el hombre. Por otra parte, según opiniones autorizadas, sus virtudes varían según la especie del árbol en que se cría. Para combatir la epilepsia, por ejemplo,» se recomendaba concretamente el muérdago de tilo; el de chopo se considera más tóxico que el de manzano, y el del peral aún más activo.

En Medicina popular, la fórmula que solían recomendar era el cocimiento de 1 onza (23 gr.) de muérdago, esto es, de tallos y hojas, en 1 1. de agua; contra la epilepsia, para rebajar la presión de la sangre y para combatir 1a arteriosclerosis. Nuestro colega Oscar Rodriguez, de Grado, nos escribe que en Asturias lo recomiendan los curanderos a los hipertensos crónicos, cuando fracasa la terapéutica clásica y los enfermos se aburren de visitar médicos.

Historia. En el capítulo 97 del Libro III de su «Materia médica», Dioscórides trata del visco o de la liga, y según su intérprete Andrés de Laguna, Se expresa asi: «La liga excelente es la fresca, la igual, la que por de "dentro es de color de puerro y por de fuera un tanto roja, la que no tiene en si aspereza ninguna, ni cosa que se semeje al salvado. Hácese de cierto fructo redondo que nace sobre aquella suerte de roble, que produce las hojas semejantes a las del boj. Májase el dicho fructo, y después de lavado y majado se cuece en agua. Algunos suelen mascarle y asi hacer la liga, la cual también se hace de los manzanos, de los perales y de otros árboles ; y hállase allende desto en las raíces de algunas plantas. Resuelve, ablanda y atrae hacia afuera, la liga. Mezclada con resina y con igual cantidad de cera, madura los tolondrones, las sequillas que se hacen tras los oidos y cualquier otro apostema. Aplicada en un parche, sana las epiníctidas. Encorporada con encienso, cura las llagas antiguas y molifica los apostemas rebeldes. Cocida con cal o con la piedra gagate o asia, y aplicada, resuelve el bazo crecido. Si se aplica con oropimente o con sandáraca sobre las uñas corruptas, la (léase, las) extirpa y arranca. Cobra mayor virtud mezclada con cal y con heces de vino». Laguna dice asi en sus comentarios : << Confunden los escriptores 1a liga con la planta de 1a cual suele comúnmente hacerse, por llamarse la una y la otra cosa ixos, en griego, y en latín, viscum. La planta que nos produce la liga perfectísima y medicinal es una mata viscosa que hace las hojas como aquellas del boj, ¡y el fructo, pequeño y redondo, la cual, siempre, de verano y de invierno, está verde, y por la mayor parte nace sobre los robles, en los cuales se ve entretejida, por donde, ansí ella como su liga, se llama viscum queminum. Tiene fuerza de calentar con notable agudeza esta planta, y consta de partes acuosas y aéreas. Hácese, pues, de su fructo verde 1a legitima liga por diversas maneras, las cuales elegantisimamente escribe Hermolao Bárbaro. Hácese también, y aun sin comparación más excelente y perfecta del mesmo fructo comido de los tordos, y después digesto y estercolado; para el cual efecto en Calabria y por todo el reino de Nápoles suelen guardar los tordos en jaulas y allí mantenerlos con 1a tal grana ; de donde mana el proverbio: El tordo estercola su muerte. Es muy celebrada la liga de aquesta planta contra la gota coral, y algunos dan para el mesmo efecto a beber los ramos de la planta mesma molidos, y con feliz suceso... No contentos los hombres de exterminarse unos a otros con mil traiciones y engaños, y de hacer muy cruel riza y estrago en mil géneros de animales salvages y peregrinos, aún inventaron la liga para perseguir los pajarillos inocentísimos, que no ofenden a nadie, antes decoran el Universo, y con su muy dulce harmonía ordinariamente dan gracias y alaban al Conditor del mundo. Sirvense también de la liga los hortelanos contra las orugas y contra otros muchos animalejos que les comen y estragan las fructas, porque untando los troncos de las plantas con ella están seguros que, o no subirá el animal o, subiendo, se quedará en la liga enviscado. Empero contra esta sutil industria hallaron otra mayor las muy sagaces hormigas. Porque ansí como los capitanes ejercitados, cuando van a conquistas (léase, a conquistar) ajenasy peregrinas provincias, suelen ir proveídos de muchas barcas y tablas para fabricar puentes sobre los rios siempre que se ofrecieren, ni más ni menos las hormigas prudentes, para pasar sin ser detenidas de alguna liga, ponen muchas pajuelas estendidas unas sobre otras, como tablones, encima della; sobre las cuales pasan todas en hilera, sin detrimento suyo y con increible daño del pobre hortelano, al cual hacen salir de tino».

Mattioli dice en sus comentarios: «La liga, a la que en Toscana llamamos vulgarmente pania, se hace de diversas maneras, aunque la verdadera y más natural sea aquella que se dice quercina, a la cual se refiere principalmente Dioscórides. Hablando de ésta en primer lugar, digo que aparte aquella que nace sobre los perales y manzanos, de ningún valor, se encuentra gran copia sobre los robles, los cerri (Quercus cerris) y las encinas en nuestra marina de Siena, donde la comunidad arrienda bosques extensisimos a aquellos que recogen la liga, la cuecen, la baten y 1a lavan a la perfección », Mattioli prosigue luego con otros detalles diferenciales : De aquel que nace en los pinos y abetos, el cual, según Plinio, en Euboea se llama stelin, y en Arcadia, hiphear, se ve mucho en nuestros bosques del Valle de Anania, abundantisimo de tales árboles, donde siempre que está maduro acuden infinitas charlas. Pero éste, según me ha enseñado 1a experiencia, tampoco tiene gran valor, como el de los perales y manzanos, porque al cocerlo y al batirlo, asi como lavándolo, pierde todo su nervio y su tenacidad. La planta que da la liga en los pinos y en los abetos, en los perales, manzanos y almendros conserva las hojas verdes tanto en invierno como en verano. Lo cual no ocurre en el que se cria sobre los robles, los castaños y los cerri (Quercus cerris)>>.

Plinio, en el Libro XVI (104 y 105) dice que « siémbrese como se quiera, el muérdago no germina nunca ; salvo si las aves lo comen y lo expelen con sus excrementos, sobre todo las palomas y los tordos. Tal es su naturaleza : Sólo nace cuando ha madurado en el vientre de las aves. Su altura no pasa de un codo, y es siempre ramoso y verde todo el año. El macho es fértil; la hembra, estéril, aunque, a veces, también el macho es estéril».

«Tratándose del muérdago, no es para echar en olvido la admiración que los galos sentían por él. Nada más sagrado para los druidas que asi llamaban a sus magos que el muérdago y el árbol sobre el que medra, si este árbol es un roble. Ya de por sí, el roble santifica el bosque, y los druidas no practican ninguna ceremonia sin sus hojas, y aun podemos ver en su nombre de druida cierto origen griego. Y si el muérdago llega a nacer sobre un roble lo estiman como enviado del cielo, y el árbol, como elegido de Dios. Viene raramente sobre el roble, y si llegan a descubrirlo en él lo cortan con grandes ceremonias religiosas... ».


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Esoterismo: Dice Zalewski en su "Hierbas en magia y alquimia" que estaba consagrado por los druidas; que junto a la verbena hará que alguien le atraiga; que asegura la buena suerte. Mezclado con martagón le abrirá todas las puertas.