jueves, 28 de septiembre de 2017

Parietaria

Parietaria. Parietaria officinalis.
plantas-especies.com


Planta con tallo sencillo o poco ramoso, densamente pubescente, más o menos erecta, perenne, de 30 a 100 cm, con numerosas hojas pecioladas y flores axilares. Inflorescencias redondeadas, aglomeradas, mucho más cortas  que las hojas; brácteas libres, más cortas que el perianto en fruto. Hojas de 3 a 12 cm, ovales o lanceoladas, acuminadas y estrechadas en un corto peciolo. Crece en paredes rocas y terrenos baldíos. Junio a Octubre.
Oleg Polunin
Guía de Campo de las Flores de Europa
Editorial Omega
Parte utilizada: partes aéreas.

Principios activos: sales de potasio, taninos, sustancia amarga. Flavonoides, kampferol.

Acción farmacológica:
www.floraitaliae-actaplantarum.org
Diurética por las sales de potasio y los flavonoides, emoliente, colagoga, antirreumática y vulneraria.


Indicaciones: Afecciones de las vías urinarias: oliguria, cistitis, pielonefritis, litiasis, biliares, colelitiasis, reumatismo. En uso externo: quemaduras, contusiones. 

Formas galénicas/posología:

Uso interno: 
Infusión: 25 gramos por litro; infundir durante 10 minutos. Tomar 3 o más tazas al día preferiblemente después de las comidas.
Jugo de planta fresca: 25 a 100 gramos una o varias veces al día.
Tintura: 15 a 30 hotas, 2 ó 3 veces al día.
Jarabe:1 a 3 cucharaditas soperas al día.

Uso externo: 
Infusión: Aplicada en forma de lavados o compresas.
Fitoterapia en farmacia
Colegio farmacéuticos de Vizcaya 

Pío Font Quer reconoce su cualidad diurética y aconseja su uso en infusión a razón de 25 ó 50gramos por litro de agua, administrándose por tazas cuantas se quiera. Se puede aromatizar con cáscaras de limón o naranja, endulzada con azúcar o miel. 
Da una fórmula de tisana diurética compuesta de siete especies: hojas de borracha, menta, gayuba y cola de caballo, una parte de cada una; parietaria, melisa y hojas de fresno, dos partes. Se desmenuzan y mezclan bien, y se utilizan 25 gramos de esta mezcla por litro de agua. Puede tomarse a pasto.
Pío Font Quer
Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado
Editorial Lábor

 

martes, 26 de septiembre de 2017

Ateísmo y fe en Dios. José A. Sayés.



Richard Dawkins
José A Sayés
Dios existe
EDAPOR
CAPITULO QUINTO


ATEISMO Y FE EN DIOS
En este capítulo quisiéramos reflexionar, aunque brevemente, sobre las últimas motivaciones del ateísmo actual y al mismo tiempo mostrar el proceso de la fe en Dios.

Hemos visto que la existencia de Dios es algo que se le impone a la razón y, sin embargo, ahí está el ateísmo moderno. Ahí está también la fe decidida de tantos hombres que entregan su existencia a Dios en un acto de fe que, si bien no puede prescindir del ejercicio de la razón, va más allá de la misma. Tanto en el acto de creer como en el acto de rechazar a Dios hay algo más que el ejercicio puro de la razón. El problema de Dios es un problema que implica el ejercicio de la razón, pero no se reduce sólo a la razón. No es un problema de matemáticas que puede ser analizado desapasionadamente por la razón. El problema de Dios es algo que, aparte de implicar a la razón, atañe también a lo más hondo del corazón humano, Esto es lo que quisiéramos explicar en este momento y con ello habríamos explicado la raíz honda tanto del ateísmo como de la fe en Dios.

No pretendemos hacer aquí un análisis total de las múltiples formas de ateísmo moderno. Se han hecho ya muchos intentos de sistematización; lo que sí quisiéramos es llamar la atención sobre algunos aspectos del ateísmo que nos parecen decisivos.



1)      Fin del ateísmo militante

Una de las características innegables del ateísmo moderno es la pérdida del talante combativo que tenia en los siglos XVIII y XIX. El ateísmo que analizamos en el primer capitulo, tanto el que nace de la critica de Feuerbach a la religión y se desarrolla en Marx y Freud, como el que pretende servirse de la ciencia para atacar la imagen de Dios, era un ateísmo esencialmente combativo y batallador. Se creía haber encontrado en la ciencia la respuesta a los problemas todos del hombre e incluso se avanzaban teorías sobre el origen del sentimiento religioso, el cual seria solo el enmascaramiento de necesidades económicas o sexuales. Era quizás un ateísmo adolescente, crédulo y confiado en sus conquistas; pero se trataba de un ateísmo combativo, colocado en la primera linea de lucha.
   

Hoy el ateísmo combativo ha venido abajo. La ciencia ya no se puede utilizar como arma contra la fe. Los científicos modernos, a excepción de algunos como Monod, son conscientes de que la ciencia experimental es neutral respecto al problema de Dios y por ello se mantienen al margen

de tal problema. Han pasado los tiempos en los que se veía en la ciencia el arma definitiva contra la fe, no solo porque la ciencia encuentra barreras en el propio campo de investigación (principio de indeterminación) y por ello es menos arrogante y pretenciosa que en el pasado, sino sobre todo,

porque se ha hecho consciente de los límites de su propia metodología y sabe que no  puede inmiscuirse en el terreno de la filosofía y de la fe. Además las mismas ciencias humanas, como la psicología, van dando cada vez más espacio a la experiencia religiosa como una experiencia auténtica y legítimamente humana.

No podemos olvidar tampoco que los avances técnicos de la ciencia han hecho pagar un alto precio al hombre de hoy, que comienza a ver también en el progreso sombras que no sospechaba en el pasado: la destrucción de la naturaleza, la amenaza de una guerra nuclear  la creación de estructuras técnicamente perfectas, pero inhospitalarias e inhumanas.

El progreso era el mito del mundo moderno en el siglo pasado y lo fue también en los años 60; años en los que apareció la teología de la secularización, como signo de una época en la que el hombre confiaba plenamente en sus posibilidades técnicas. Con el progreso técnico el hombre moderno había llegado a la convicción de que podía prescindir de Dios y de lo sobrenatural. El hombre secularizado era fundamentalmente un hombre que no miraba al pasado, sino el soñador de futuro; era un hombre capaz de soñar y proyectar toda una vida feliz para el futuro. Era el hombre técnico, el hombre del futuro, el hombre confiado en sus posibilidades, que se atrevía a relegar a Dios a la nube de su trascendencia y se instalaba en la increencia, en una especie de alejamiento gradual, teórico y práctico, de Dios.

Pero también la modernidad ha entrado en crisis. La confianza romántica en la ciencia y en la técnica aparece ya en vías de disolución como hemos visto. Ha entrado también en crisis la utopía revolucionaria, pues «en todos los sitios, dice G. Morra, en los que se ha impuesto, la utopía revolucionaria se ha convertido en conservación e imperialismo».

Por todo ello se ha tenido que cargar con la desilusión y el desencanto, y no cabe duda de que renacen movimientos de revuelta que buscan, con mezcla de errores y desviaciones, «la calidad de la vida», y que encierran también nostalgias religiosas. Hay un despertar religioso, confuso y equívoco en muchos casos, en grupos como la «Jesus revolution», meditación trascendental, yoga, zen, sicodelismo, naturalismo, pero que son signo claro de que la ciencia y la técnica no han podido apagar la sed de sentido último que lleva el hombre en su conciencia.

Hoy en día hemos llegado a una situación de postateísmo, no en el sentido de que no existen los que no creen en Dios, sino en el sentido de que se da mucho menos que antaño la negación explícita y consciente de la existencia de Dios como era propio del ateísmo combativo, para dejar paso a una nueva actitud que podemos calificar de agnosticismo desentendimiento. 

2) Agnosticismo y desentendimiento


Hoy en día la actitud del que no cree en Dios no es tanto la actitud atea, sino más bien la actitud agnóstica. El ateo es el que combate la existencia de Dios, el que afirma categóricamente que Dios no existe. La actitud agnóstica, en cambio, es mucho más taimada y sutil, porque pretende que de Dios en el fondo no podemos saber nada, aparentando incluso una indiferencia ante el problema de Dios. Respetuosos con la fe de los creyentes, los agnósticos de hoy proclaman que pueden prescindir de Dios sin la menor angustia. Como dice Tierno Galván, el agnóstico es el que no echa de menos a Dios 5, el hombre que vive perfectamente instalado en la finitud de este mundo, sin sufrir por ello la mínima inquietud o zozobra. El interés del hombre de hoy está puesto en el hombre mismo, en mejorar su situación y calidad de vida. ¿Por qué perder tiempo con la hipótesis de Dios?.

Esta actitud de agnosticismo, frecuente hoy en día en ciertos ambientes, está provocada por una serie de factores que quisiéramos señalar aun cuando éstos son distintos cuando nos referimos a las minorías intelectuales o a la masa.
5 E. TIERNO GALVAN, ¿Qué es ser agnóstico? (Madrid 19762) 16.

Agnosticismo de minorías

Entre los factores que han influido en el agnosticismo de ciertas minorías esté el hecho de que, después de un periodo en el que se pensaba que la ciencia podría expulsar a Dios de nuestro mundo, ha venido, como hemos visto, otra época en la que la ciencia reconoce sus limites en torno al problema de Dios. El problema de Dios queda, pues, relegado a la competencia de la filosofía y la fe.

Sin embargo, este fenómeno que de suyo es positivo ha hecho que muchos hombres de hoy, habituados a la investigación científica, sientan una especie de pereza mental para abordar, como hombres y filósofos, el problema de Dios. Surge así un talante de escepticismo para todo aquello que no se reduzca a la ciencia experimental; pero se trata de un escepticismo que no se basa ya en argumentos científicos, sino en la mera y simple pereza para enfrentarse con el problema de Dios en el campo de la razón filosófica.

Ha influido también en estos ambientes la crisis de la metafísica realista. La filosofía de hoy está cargada de un fuerte subjetivismo como ocurre en la fenomenología existencial en la que, a pesar de todo, no se consigue llegar a la objetividad 6.
6 Heidegger, a pesar de la búsqueda del ser y de que toda su filosofía está fundamentalmente orientada al ser, queda prisionero de los preliminares fenomenológicos. Aparte de que su noción de “ser” es totalmente. indeterminada (la noción de esse en Santo Tomas es lo más determinante que hay, lo que da subsistencia propia a las cosas), es mero “corrrelato” del sujeto pensante (Dasein J, es decir, está siempre referido a la conciencia, y no se puede hablar de una existencia de ese ser como algo independiente de la conciencia humana. La filosofía de Heidegger no es ni atea ni teísta (cf. J. B. Lorz, Ni ateismo ni teísmo en la filosofía de M. Heidegger, en: El ateismo contemporáneo II (Madrid 1971) 313-327). Lo cierto es que Bultmann, inspirado en la filosofía de Heidegger, no puede superar e1 subjetivismo y su teología es claramente inmanentista, es decir, no llega a un Dios trascendente, distinto objetivamente del hombre y del mundo (cf. J. A. SAYÉS, O. c., 17-21).

La analítica del lenguaje, incluso en su fase de superación de la primera época burdamente positivista; no consigue tampoco hablar de Dios como resultado de un conocimiento objetivo y filosófico, sino como expresión de los sentimientos humanos. En esta filosofía, cuando se habla de Dios no se habla de un Dios conocido objetivamente por la razón filosófica, sino del nombre que utilizan los hombres en ciertos ámbitos de lenguaje, como expresión de la búsqueda de sentido último o de la conciencia moral.

No decimos que este subjetivismo de hoy sea agnosticismo, pero sí que conduce al agnosticismo. Cuando se elimina la razón filosófica que nos dé garantía de la existencia objetiva de Dios, no queda otra vía que el sentimiento. Con ello surge una actitud fideísta, y el fideísmo es la antesala del agnosticismo. Me explico:
Cuando a la fe se la priva de toda motivación racional, lejos de hacer un servicio a la fe se la deja desamparada y sin fundamento7. El fideísta se refugia cómodamente en el santuario de sus sentimientos, pero no puede justificar su fe ante la razón, y con esta actitud esté provocando el agnosticismo de aquéllos que advierten que la fe no tiene fundamento alguno. El fideísmo de muchos creyentes y teólogos ofrece la ocasión para el agnosticismo de aquellos que exigen (y con razón) coherencia intelectual a la fe. En este sentido ha dicho bien Tresmontant: «El irracionalismo frenético de algunos teólogos, protestantes y católicos, es una de las principales causas del ateísmo moderno... históricamente el fideísmo ha engendrado el ateísmo» 8. Yo diría que el fideísmo, más que el ateísmo, conduce al agnosticismo. De todos modos, es claro que si el agnosticismo es la enfermedad de la filosofía, el fideísmo lo es de la teología.
7 H. Küng en su obra ¿Existe Dios? (Madrid 19792) defiende la tesis de que tanto el ateísmo como el teismo no tienen certezas de razón; aunque si Dios existiera (hipótesis) la vida humana tendría un sentido pleno. Sobre 1a tesis de H. Küng véase: J. A. SAYES, Existencia de Dios y conocimiento humano (Salamanca 1980) 49-59. En esas páginas examinamos 1a postura de H. Küng, que es una postura que a nuestro parecer, no escapa del fideísmo.
 8 ci. , TRESMONTANT: Los problemas del ateismo (Barcelona .1974)
Estos factores que favorecen al agnosticismo están además propiciados por un ritmo de vida que adormece la conciencia y no deja tiempo y sosiego suficientes para la reflexión sobrevive los problemas últimos del hombre. Se esté perdiendo a Dios ciertamente, pero ello se debe a que se está perdiendo al hombre.
Este agnosticismo de hoy no es, como se ve, el agnosticismo metafísico de Kant. En Kant hay todo un proceso de pensamiento por el que se pretende que es imposible llegar a la  trascendencia de Dios. Hay toda una justificación, al menos pretendida, de que el conocimiento humano queda prisionero de lo fenoménico. El agnosticismo de Kant es un agnosticismo de tesis, pero el agnosticismo de hoy es un agnosticismo de cansancio y de desentendimiento 9.
9Tomemos. como ejemplo, y sin ánimo de generalizar, la postura de Tierno Galván

(cf. ¿Qué es ser agnóstico? Madrid 197.62.), 
En la mayoría de los casos el agnosticismo de hoy es un agnosticismo que nace de una actitud utilitarista y pragmática. Lo que interesa es el hombre y no se puede perder el tiempo en hipótesis inútiles como es la hipótesis de Dios.

El hombre de hoy no tiene ya el vigor intelectual de tiempos pasados para reflexionar sobre los fundamentos de su vida. Es una época de crisis filosófica por cansancio intelectual y por ello el agnosticismo de hoy es un agnosticismo de cansancio y desentendimiento 9.
9Es cierto que el pensamiento de Tierno Galván tiene cierta coherencia, en cuanto que cierra perfectamente la puerta a todo aquello que puede elevar a la trascendencia: Dios, alma, y conocimiento de la sustancia; pero esta cerrazón a lo infinito se consigue sólo a base de ignorar la profunda insatisfacción que el hombre moderno tiene del mundo, y de la tendencia y búsqueda de más, que el hombre experimenta con todos los logros alcanzados. No se pueden ignorar las raíces de todo un fenómeno mayoritariamente religioso como es el hecho de la creencia actual en Dios. No se puede ignorar el aumento constante de la insatisfacción, de la tristeza y de la angustia, fenómenos todos ellos que algunos sicólogos de hoy, como V. Frankl, interpretan como signos de la apertura trascendente del hombre. Se podrá interpretar estos fenómenos de otra manera, pero Tierno Galván

no da interpretación alguna, simplemente los ignora. Al menos el ateísmo del siglo XIX, el de Marx en concreto, trataba de dar una explicación del fenómeno religioso. Tierno Galván no ofrece ninguna interpretación del hecho religioso. Simplemente se limita a afirmar como un estribillo que el agnóstico es el que se encuentra perfectamente instalado en la finitud. ¿Cómo explicar entonces que la mayoría de los hombres no se sientan perfectamente instalados en lo finito? Tierno Galván debía dar una explicación.

Una frase clave de su pensamiento en esta obra es que “las posibilidades de conocer se agotan en lo finito” (p. 18), frase que se limita a afirmar, sin probar de modo alguno. Llega incluso a afirmar que el agnóstico siente una profunda serenidad ante la muerte (p. 31-32); afirmación ante la que otro profesor de Salamanca, M. de Unamuno, habría quedado mudo.

Pero si nos elevamos más allá del sentimiento y llegamos a un nivel ya racional (al fin y al cabo cada cual es dueño de sus sentimientos) un filósofo no puede olvidar desde el punto de vista racional que lo finito, en cuanto tal, resulta problemático en cuanto que es contingente, y exige por ello una causa que dé razón de su existencia. No se puede olvidar tampoco que, a pesar de la limitación de nuestros conceptos, sirven para hablar con propiedad del infinito en virtud de la analogía del ser. Con el concepto de ente conocemos todo lo que es, incluido el ser divino, aunque a éste lo conocemos de forma analógica e imperfecta.

Lo que resulta incoherente es querer salvar la moral a partir de la finitud. La moral, dice Tierno, nace del respeto y la responsabilidad ante la finitud (68 ss). Tenemos que respetar todo lo que tenemos, pues nuestro mundo es finito y no tiene recursos ilimitados. Pero en ese caso, ¿es lo mismo cuidar de las ballenas que están en período de extinción que cuidar del hombre? Y, si es distinto, ¿en qué fundamos esta distinción? ¿Dónde fundar la dignidad humana en cuanto que es superior al animal y a la materia? Si Dios no existe, el hombre es materia.

Tierno Galván sigue por otra parte creyendo en el poder omnímodo de la ciencia (p.,78), olvidando que la ciencia de hoy no es ya la ciencia del siglo XIX;

Así pues, no se puede instalar uno en la finitud, sino a base de adormecer la conciencia y olvidar los interrogantes que lo finito presenta para el hombre. Es un agnosticismo de desentendimiento.
Hay un olvido voluntario de una serie de preguntas insoslayables. Por ello el ateísmo de hoy, como dice el Vaticano II, es «un fenómeno de cansancio y de vejez» 10.
10 Mensaje del Vat. II a los jóvenes, 1962: Docum. Vat. II (BAC minor, Madrid 1967).628.

Ateísmo de masas
Se habla hoy en día precisamente del ateísmo como fenómeno de masas. El Vaticano II aludió a este fenómeno11. Ahora bien, habría que preguntarse si el llamado ateísmo de masas es un auténtico ateísmo o responde más bien a una actitud de desentendimiento y de indiferencia.
11 Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 7.
Ya dijimos que ateo es aquél que niega explícitamente la existencia de Dios. No es este el caso de nuestro ateísmo de masas, que se caracteriza más bien por ser un ateísmo de desentendimiento, como bien ha señalado Mons. Guerra Campos12.
12 J. GUERRA CAMPOS, Ateísmo hoy (Madrid 1978) 101-102.
Hoy en día se vive en la «inmersión egocéntrica», en lo inmediato. Se vive solicitado por mil estímulos diarios que atraen nuestra atención. Se vive a ritmo de vértigo, prisioneros de la prisa y de las ambiciones. Se vive aturdido por el ruido, la prisa, la velocidad, el vértigo de la producción y del consumo. Apenas hay tiempo para la reflexión sosegada, la soledad de los sabios y la meditación. Nuestro tiempo libre queda materialmente invadido por la televisión y el disfrute de tantas diversiones etiquetadas con la etiqueta del consumismo. Así se crea un hombre totalmente pasivo, consumidor inconsciente de la diversión prefabricada, incapaz para la reflexión y la meditación.
La filosofía de esta vida consumística es el utilitarismo. El mundo de hoy tiene tales atractivos, que cada día trae su ración de placer, de bienestar y de entretenimiento. Importa lo útil, lo que satisfaga de inmediato, lo práctico. Indudablemente, en estas circunstancias una persona reflexiva tiene que sentir la mordiente de la insatisfacción y, en ciertos casos, el peso de la angustia, pero todo ello se entierra con más ruido, más placer y más ambiciones materiales. Es lo que Víctor Frankl llama la «neurosis dominical», la inmersión voluntaria en el ruido, el placer, el consumismo, con el fin de no escuchar el vacío interior y el peso de la angustia. Es una especie de narcótico a nivel social. Por supuesto que en estas personas narcotizadas no se observa la alegría plena y auténtica que únicamente puede nacer del encuentro con la profundidad de la propia conciencia. Ello es síntoma de que el hombre no puede comprar la felicidad auténtica. Y la tristeza y el aburrimiento, y a veces la angustia y la desesperación, son el precio que se paga, después de todo, por una felicidad falsa.
No podemos olvidar que las raíces del hombre son Dios y la naturaleza, y con la destrucción de estas dos raíces se está destruyendo a sí mismo. Sin Dios y sin naturaleza, el hombre está condenado a la más espantosa de las angustias. Ya ha comenzado el hombre a caer en la cuenta de que no puede prescindir de la naturaleza, y creo que barrunta también que no puede prescindir de Dios.

Este fenómeno de inmersión egocéntrica en lo inmediato y de desentendimiento respecto de Dios está, por otra parte, propiciado por un tipo de sociedad secularizada que es fomentada desde distintos centros de poder. No podemos olvidar que hay toda una presión social de propaganda antirreligiosa, que tiende a presentar todo el Contexto de la vida social sin referencia alguna a Dios. Se pretende y se fomenta que lo político, lo social y lo cultural funcionen «como si Dios no existiese» y de esta forma a la mayoría de los hombres se le cierra el acceso a los valores religiosos. Pero un pueblo no puede vivir en un ambiente social totalmente secularizado. ¿La causa principal de ateísmo colectivo de masas, dice Mons. Guerra Campos, es que por la acción sistemática de pensadores y políticos (¡en países cristianos!) el ambiente social haya sido privado, en grandes sectores, de la dimensión religiosa». Hace falta un esfuerzo heroico para mantener la fe y la ética en un ambiente en que tales valores no cuentan, y este esfuerzo heroico no se puede pedir a toda una masa.7

Este fenómeno de la secularización viene a veces acompañado por la inadecuada labor de ciertos agentes de pastoral que acomplejados por el brillo del mundo moderno, han tratado de vender la trascendencia del evangelio al precio del aplauso. A decir de G. Morra, el resultado ha sido en muchos casos la rendición incondicional, subordinando la fe a la modernidad 14.
Por todo ello, lo que caracteriza a esta sociedad post-atea es una actitud de desentendimiento en la que se ha renunciado a los valores trascendentes cayendo en un permisivismo total que no tiene otra limitación que la no violencia y un respeto a ciertos derechos. Es la herencia de un liberalismo decadente. Con ello se ha privado y se está privando a nuestra sociedad de los estímulos que necesita para construir una libertad positiva y se está provocando la corrupción y el desaliento de los más jóvenes.

En la génesis del ateísmo moderno está, pues, esta actitud de desentendimiento. Ciertamente no podemos olvidar que los creyentes tenemos parte en el proceso del ateísmo moderno, como dice el Vaticano, II 15, pero a nadie se le oculta que aún cuando este influjo negativo sea cierto en muchos casos, la causa verdadera del ateísmo no está aquí. Cuando se apela a los defectos de la Iglesia o de los creyentes ¿hay que preguntarse si se apela a ellos con el fin de hacer una crítica constructiva no de usarlos como pretexto de una actitud atea que está ya previamente tomada?. Los defectos de los creyentes no son muchas veces sino un pretexto para justificar la propia conciencia. En tiempos de Cristo no había Iglesia y, sin embargo, no creyeron en él. La motivación del ateísmo es más profunda.

Igualmente cuando el mismo Vaticano II afirma que puede influir en el ateísmo la falsa imagen de Dios, no podemos olvidar que, con ser cierto esto en muchos casos, no es la causa fundamental del ateísmo. El que verdaderamente busca a Dios, tarde o temprano encontrará una idea depurada de él. El cristianismo a lo largo de los siglos ha hecho un esfuerzo innegable en este sentido, y la filosofía cristiana se ha distinguido en limar los antropomorfismos que aplicamos a Dios. La teología católica ha hecho un esfuerzo gigantesco en este sentido, que no puede ser olvidado17.

Cierto que, a pesar de todo, la imaginación nos sigue haciendo de las suyas. No podemos menos de imaginar a Dios, y de imaginarlo de determinada manera (padre, anciano, etcétera) y habrá que caer en la cuenta de que tal imagen, aun cuando sea correcta, no puede abarcar la magnitud de Dios. Por ello Dios será siempre un problema para nuestra imaginación, aunque sea una certeza para nuestra razón. Hay que distinguir entre la razón y la imaginación. Los problemas de muchos comienzan por no hacer tal distinción, siendo así que es verdad que una cosa puede ser cierta. para nuestra razón, y problemática para nuestra imaginación (también al alma humana la imaginamos de forma material). Es más, en el caso de Dios, es muy lógico que nuestra imaginación no pueda abarcarle. No olvidemos tampoco que en la génesis del ateísmo influye, y de forma decisiva, el ambiente, los prejuicios, el peso de una psicología a veces intrincada y enigmática. Dios sabe hasta qué punto en el ateísmo de algunos hay culpabilidad o no. Pero no podemos olvidar, la advertencia del Vaticano II cuando afirma que «quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia, y, por tanto, no carecen de culpa.
16 J. GUERRA CAMPOS, O. c., 92a 17 Ibíd., 91.

3) La fe y la razón
 No cabe duda de que en muchos casos. en el proceso del ateísmo; hay un desentendirniento voluntario que fácilmente se disfraza de motivaciones más altas. Y es que no podemos olvidar que en el problema de Dios está implicado directamente lo más íntimo del corazón humano, su libertad e independencia últimas.
Cuando se aborda el problema de Dios desde la razón hay que tener presente que no es un problema que afecte sólo a la razón, sino que implica lo más profundo del corazón humano. Cuando me enfrento a un problema de matemáticas, en su desarrollo sólo interviene la razón, porque es un problema que no afecta a mis intereses vitales. Pero, cuando se aborda el problema de Dios, se está abordando algo vital. Si es verdad que Dios existe, mi vida queda directamente afectada. Que Dios exista significa que yo soy un ser dependiente, que debo la existencia a alguien que me ha creado. En pocas palabras, esto significa la ruptura de mi autosuficiencia y el reconocimiento de un ser al que tengo que agradecer la existencia, y que marca el cauce de comportamiento. Esto es imposible, sin un corazón sencillo y dispuesto a adorar.
 Por ello, aunque mi razón sepa que Dios existe si mi corazón no está dispuesto a adorar, no se llega a la fe. La fe no es sólo un saber de la razón, sino una adhesión del corazón, es a este nivel donde se plantea una lucha interior que sólo la gracia de Dios, aceptada por un corazón dispuesto, puede decidir por el .

Es clásico recordar lo que ocurrió a Alexis Carrel ( 1873 - 1944); premio Nobel francés de medicina en 1912. Carrel, ateo convencido, había oído hablar de los milagros de Lourdes y se había dicho a sí mismo al examinar a una muchacha afectada de peritonitis tuberculosa: «Si esta muchacha se cura, me hago fraile o me vuelvo loco»19.  La muchacha quedó curada de repente en su misma presencia. Esto era en 1903. Pasaron casi treinta años hasta la conversión de Carrel; ¿Qué ocurrió?. La prueba la tenía delante de los ojos, pero es entonces cuando en el corazón humano se entablar una lucha entre la autosuficiencia y la humildad necesarias para adorar a Dios. Sólo cuando el corazón humano se rinde a la gracia en un acto de humildad y sencillez es cuando nace la fe. La razón me indica que hay motivos serios para creer, pero la razón no causa la fe. Según la doctrina católica, aunque, a pesar del pecado original, el hombre ha conservado la capacidad natural de conocer a Dios por la razón natural, no puede adherirse firmemente a Dios ni dar un paso positivo y salvífico hacia él, si Dios, previamente, no le atrae con el don interior de la fe; fe que el hombre hace suya en un acto de acogida libre y humilde.  La razón no es nunca causa  de la fe; sino condición indispensable para que la fe no sea un acto arbitrario e irracional. La razón nos lleva al umbral de la fe, me dice que verdaderamente, la existencia de Dios se impone por la lógica pero no causa la fe, Este es el momento de la lucha interior; la "razón" me inclina a creer pero el "corazón” tiene que estar dispuesto a adorar. Sólo cuando, examinados los motivos serios que la razón me da para creer; me rindo a la atracción interior la gracia que se insinúa en lo más hondo de mi corazón, nace el de la fe. La fe es un encuentro personal con Dios y que, preparado por la razón, sólo Dios puede ceder al corazón dispuesto y humilde. Por ello, la razón, tiene que ir acompañada de la oración humilde.

Pongamos una comparación. Imaginemos que nos encontramos ante un riachuelo crecido. Yo me encuentro en una orilla: La razón me dice que en la otra se encuentra Dios. Por la razón ya sé que Dios está ahí; pero saltar al otro lado es difícil porque implica dejar la orilla de mi autosuficiencia y  vivir en la orilla de Dios, con una concepción de la vida que tiene en Dios su fundamento último. En esta circunstancia surge la lucha interior. Es entonces cuando Dios, desde su orilla, tiende la mano de la gracia, y el corazón; bien dispuesto, se agarra a ella, saltando con su ayuda,

La razón me asegura que Dios existe, pero no me da la fuerza para saltar, para adherirme a Dios en el fondo de mi corazón. Sólo cuando el hombre, examinados los motivos serios que tiene para creer, se rinde humildemente a la atracción interior de la gracia, da el sí.

Así pues, tanto la fe como el ateísmo son actos voluntarios del corazón humano; pero mientras el primero es consecuente con lo que la razón le dice, el segundo apaga la luz de la razón, prefiriendo la independencia y la oscuridad.

Como decía Pascal, «no hay más que dos clases de personas a las que se pueda llamar razonables: o aquéllos que sirven a Dios con todo su corazón, porque le conocen, o aquéllos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no le conocen»20.

¡Cómo cambian las cosas cuando se busca a Dios con un corazón sincero! Sin duda muchos comprenden que este mundo nuestro es inexplicable por sí mismo, y sospechan la existencia de Dios; pero es preciso tener un corazón limpio para adorarle. De hecho, no se encuentra nunca a Dios mientras no existe la suficiente humildad y sencillez para adorarle. No podemos olvidar que Dios sólo se manifiesta a los humildes.

Y este encuentro con Dios por medio de la razón supone una búsqueda ulterior, porque el hombre debe preguntarse si ese Dios creador en el que él cree ha hablado en alguna parte y ha manifestado sus intenciones. Hay preguntas, como es el caso del problema del mal, que sólo en la revelación de Dios encuentran su respuesta acabada.

Por otra parte, los que creemos en Cristo como Hijo de Dios sabemos lo que ayuda a nuestra fe el tener una imagen concreta de Dios. No podemos olvidar que el hombre es también «cuerpo» e imaginación. Por ello, Cristo es la respuesta más acabada al problema de Dios. Es el rostro vivo del Dios que el hombre busca con tanto afán.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Alfonsina Storni

 Nació el 29 de mayo de 1892 en Suiza. A los cuatro años se trasladó con sus padres a Argentina. Huérfana de padre a los catorce años. Trabajó en una fábrica para ayudar en casa.
Siendo una adolescente ingresó en una compañía de teatro y recorrió diversas provincias actuando en algunas obras. Trabajó como maestra de escuela y también dio clases de arte dramático. Al poco tiempo del nacimiento de su hijo Alejandro, trabaja en el comercio, hasta que el Consejo Nacional de Educación le otorgó un nombramiento. Desde entonces se dividió entre la enseñanza y las cátedras de declamación en el Teatro Infantil Municipal Labardén y en el Conservatorio Nacional, donde se desempeñó hasta sus últimos días.
Fue colaboradora en "Caras Y Caretas" de Buenos Aires y fue premiado uno de sus cuentos. Es famosa por sus libros de poemas. Inicia su carrera literaria en 1916 cuando se edita La inquietud del rosal, donde reúne sentimientos con un nuevo romanticismo. Publicó El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919) y Languidez (1920). Viaja por Europa, en 1930 y 1934, lo que produjo un cambio de estilo poético, como aparece en sus libros más logrados: Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938).
En 1935 se le diagnostica un tumor del que fue operada, aunque el cáncer continuó y pasó por períodos depresivos tras el suicidio de amigos como Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones o Egle Quiroga. En octubre de 1938 viaja a Mar del Plata. Le envió dos cartas a su hijo y un Poema de despedida al diario "La Nación". Acabó con su vida suicidándose en la playa de la Perla en el mar de Plata el 25 de octubre de 1938.

De: 
https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/1732/Alfonsina%20Storni

VIDA

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, liquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegria de todas las verbenas.


Tengo deseos de reir; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que estén llenas.


El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mia
cuando escancio en su trova de hechicera.


Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.




LO INACABABLE


No tienes tu la culpa si en tus manos
mi amor se deshojó como una rosa:
vendrá la primavera y habra flores...
El tronco seco dara nuevas hojas.


Las lagrimas vertidas se harán perlas
de un collar nuevo; romperá la sombra
un sol precioso que dará a las venas
la savia fresca, loca y bullidora.


Tu seguirás tu ruta; yo la mia
y ambos, libertos, como mariposas
perderemos el polen de las alas
y hallaremos más polen en la flora.


Las palabras se secan como ríos
y los besos se secan como rosas,
pero por cada muerte siete vidas
buscan los labios demandando aurora.

...........................................................
Mas... ¿lo que fue? ¡jamás se recupera!
iY toda primavera que se esboza
es un cadáver más que adquiere vida
y es un capullo más que se deshoja!



ASÍ

Hice el libro así:
Gimiendo, llorando, soñando, ay de mi.


Mariposa triste, leona cruel,
Di luces y sombra todo en una vez.
Cuando fui leona nunca recordé
Cómo pude un dia mariposa ser.
Cuando mariposa jamás me pensé
Que pudiera un día zarpar o morder.


Encogida a ratos y a saltos después
Sangraron mi vida y a sangre maté.
Sé que, ya paloma, pesado ciprés.
O mata florida, lloré y mas lloré.
Ya probando sales, ya probando miel,
Los ojos lloraron a más no poder.
Da entonces lo mismo, que lo he visto bien,
Ser rosa o espina, ser nectar o hiel.


Asi voy a curvas con mi mala sed
Podando jardines de todo jaez.



TU Y YO

Mi casa está llena de mirtos,
La tuya esta llena de rosas;

¿Has visto a mis blancas ventanas
Llegar tus palomas?


Tu casa está llena de lirios,
La mia sonrie amapolas.

¿Has visto rondando en mis patios
Ramas de tus frondas?


De mármoles blancos y negros
Tu casa vetusta se adorna,
Y mármoles blancos y negros
Llevan a mi alcoba.


Si luces enciende tu casa
Mi casa de luz se corona.

¿No sientes llegar de la mia
Sonidos de loza?


De dia, de tarde, de noche
Te sigo por selvas y frondas.

¿No hueles que exhalan mis labios
Profundos aromas?


De dia, de tarde, de noche
Te sigo por selvas profundas.

¿No sientes que atrás de tus pasos
Se quiebran las hojas?


¿No has visto regadas tus plantas,
De frutas cargadas las moras,
Sin matas las sendas, las ramas
Henchidas de pomas?


Cuidando tu casa en silencio
Me encuentra despierta la aurora.
Cuidando en silencio sus plantas,
Podando tus rosas.


Tu casa proyecta en mi casa
De tarde, alargada, su sombra,
Y nunca miraste sus muros
Cargados de rosas.

Igual a tus patios mis patios
Que surcan iguales palomas,
Y nunca has mirado mi casa,
Cortado mis rosas.


Igual a tus lirios mis lirios
Que iguales octubres enfloran...
Y nunca has mirado mi casa,
Cortado mis rosas...



BAJO TUS MIRADAS

Es bajo tus miradas donde nunca zozobro;
Es bajo tus miradas tranquilas donde cobro
Propiedades de agua; donde río, parlera,
Cubriéndome de flores como la enredadera.

Es bajo tus miradas azules donde sobro
Para el duelo; despierto sueños nuevos y obro
Con tales esperanzas, que parece me hubiera
Un deseo exquisito dictado primavera:
Tener el alma fresca, limpia; ser como el lino
Que es blanco y huele a hierbas. Poseer el divino
Secreto de la risa; que la boca bermeja
Persista hasta el silencio postrero, bella, fuerte,
iY libe en la corola suprema de la Muerte
Con su última abeja!




SI LA MUERTE QUISIERA

1
Tú como yo, viajero, en un día cualquiera
Llegamos al camino sin elegir acera.
Nos pusimos un traje como el que llevan todos
Y adquirimos su aspecto, sus costumbres, sus modos.

Hemos andado mucho, sujetados por riendas
Invisibles, los ojos fatigados de vendas.
Tenemos en las manos un poco de cicuta,
Perdimos de la lengua el sabor de la fruta
Y sabemos que un dia seremos olvidados
Por la vida, viajero, totalmente borrados.
Y tú y yo conocimos las selvas olorosas...
Y tú y yo no atinamos jamás a cortar rosas.

2
¿Sabes, viajero? Tarde voy haciendo proyectos.
De tentar nuevos rumbos desandando trayectos.
Tengo sed tan salvaje que me quema la boca
Y ansío beber agua que brote de la roca.
Persigo las corrientes para bañar la piel,
Alimentarme quiero de rosas y de miel,
Dormir sobre los musgos, ignorar la palabra,
Y tener dos amigos: un cisne y una cabra.
Si a mi fresco retiro te allegaras un dia

Tu viejo escepticismo quizá me encontraría
Sentada bajo el árbol de la Sabiduría.

3
Oh, viajero, viajero, conversa con la Muerte
Y dile que no impida mi camino, de suerte
Que me allegue a la roca, que conozca la gruta,
Que retorne a mis labios el sabor de la fruta.
Oh, viajero, viajero, conversa con la Muerte
Y dile que me deje cortar flores, de suerte
Que mis manos se vean bellamente cubiertas
Por capullos de rosas y por rosas abiertas.

Como ella me dejara, lentamente, viajero,
Coronada de mirtos, bajo sol agorero,
Emprendería marchas hacia el nuevo sendero.





LOS FUERTES MOTIVOS
 

TENTACIÓN

Afuera llueve; cae pesadamente el agua
Que las gentes esquivan bajo abierto paraguas.
Al verlos enfilados se acaba mi sosiego,
Me pesan las paredes y me seduce el riego
Sobre la espalda libre. Mi antecesor, el hombre
Que habitaba cavernas desprovisto de nombre,
Se ha venido esta noche a tentarme sin duda.
Porque, casta y desnuda,
Me iría por los campos bajo la lluvia fina,
La cabellera alada como una golondrina.




PRESENTIMIENTO HIELO

Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.
Esta cabeza mía se parece al crisol,
Purifica y consume.
Pero sin una queja, sin asomo de horror,
Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,
Bajo el límpido sol,
Nazca de un gran jazmín una víbora blanca
Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.





CUADRADOS Y ÁNGULOS

Casas enfiladas, casas enfiladas,
Casas enfiladas.
Cuadrados, cuadrados, cuadrados.
Casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
Ideas en fila
Y ángulo en la espalda.
Yo misma he vertido ayer una lágrima,
Dios mío, cuadrada.




ESTE LIBRO

Me vienen estas cosas del fondo de la vida:
Acumulado estaba, yo me vuelvo reflejo...
Agua continuamente cambiada  removida;
Asi como las cosas, es mudable el espejo.

Momentos de la vida aprisioné mi pluma,
Momentos de la vida que se fugaron luego,
Momentos que tuvieron la violencia del fuego
O fueron mas livianos que los copos de espuma.

En todos los momentos donde mi ser estuvo,
En todo esto que cambia, en todo esto que muda,
En toda la sustancia que el espejo retuvo,
Sin ropajes, el alma está limpia y desnuda.

Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero,
Pero puedes hallarme si por el libro avanzas
Dejando en los umbrales tus fieles y balanzas:
Requieren mis jardines piedad de jardinero.






 SILENCIO

Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
Dulce como los sueños en la tarde que llueve.

Un dia estaré muerta, fría como la piedra,
Quieta como el olvido, triste como la hiedra.

Un día habré logrado el sueño vespertino,
El sueño bien amado donde acaba el camino.

Un día habré dormido con un sueño tan largo
Que ni tus besos puedan avivar el letargo.

Un día estaré sola, como está la montaña
Entre el lago desierto y la mar que la baña.

Será una tarde llena de dulzuras celestes,

Con pajaros que callan, con tréboles agrestes,

La primavera rosa, como un labio de infante,
Entrará por las puertas con su aliento fragante.

La primavera rosa me pondrá en las mejillas
—;La primavera rosa!——- dos rosas amarillas...

La primavera dulce, la que me puso rosas
Encarnadas y blancas en las manos sedosas.

La primavera dulce que me enseñará a amarte,
La primavera misma que me ayudó a lograrte.


¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta
Como ciudad en ruinas, milenaria y desierta!
 

 ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna
Amarillos y quietos bajo el rayo de luna!
 

¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta:
Cuan amarga es la vida! Y la muerte ¡qué recta!

La muerte justiciera que nos lleva al olvido
Como el pájaro errante lo acogen en el nido...

Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora,
La luz azul celeste de la ultima hora.

Una luz tamizada que bajando del cielo
Me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo.

Una luz tamizada que ha de cubrirme toda
Con su velo impalpable como un velo de boda.

Una luz que en el alma musitara despacio:
La vida es una cueva, la muerte es el espacio.

Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma
Como en la playa de oro se deshace la espuma.

Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde
En que la sangre mía ya no corre ni arde.

Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama
Tu boca bien amada dulcemente me llama.

Oh, silencio, silencio, que tus besos sin ecos
Se pierden en mi alma temblorosos y secos.

Oh, silencio, silencio, que la tarde se alarga
Y pone sus tristezas en tu lágrima amarga.

Oh, silencio, silencio, que se callan las aves.
Se adormecen las flores, se detienen las naves.

Oh, silencio, silencio, que una estrella ha caído
Dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido.

Oh, silencio silencio, que la noche se allega
Y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega.

Oh, silencio, silencio... que el Silencio me toca
Y me pega los ojos, y me apaga la boca.

Oh, silencio, silencio... que la calma destilan
Mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...




MOMENTOS HUMILDES
MOMENTOS AMOROSOS
MOMENTOS PASIONALES

iAY!

Seré en tus manos una copa fina
Pronta a sonar cuando vibrarla quieras...
Destilarán en ella primaveras,
Reflejará la luz que te ilumina.
Seré en tus manos una copa fina.

Habrás en ella una bebida suave,
Nunca mas dulce, pues piedad la dona;
Licor que no hace mal y el mal perdona,
Dulce licor que de las cosas sabe...
Habrás en ella una bebida suave.

Un día oscuro, entre tus dedos largos
Será oprimido su cristal fulgente
Y caerá en pedazos buenamente
La fina copa que te dio letargos;

¡Un día oscuro, entre tus dedos largos!

Cristal informe sobre el duro suelo
No ha de ser turbio porque esté quebrado:
Reflejara la beatitud del cielo;
Pobre cristal cabe tus pies tirado;
Cristal informe sobre el duro suelo.


Daño tan grande Dios te lo perdone:
Manos benditas las que así l0 quiebren,
Rosas y lirios para nunca enhebren,
Dulzura eterna su impiedad le abone.
Daño tan grande Dios te lo perdone...




MELANCOLÍA

Oh muerte, yo te amo, pero te adoro, vida...
Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
Haz que por vez postrera
Penetre mis pupilas el sol de primavera.

Déjame algún momento bajo el calor del cielo,
Deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo...
Era tan bueno el astro que en la aurora salía
A decirme: buen día.

No me asusta el descanso, hace bien el reposo,
Pero antes que me bese el viajero piadoso
Que todas las mañanas,
Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.





PESO ANCESTRAL

Tú me dijiste: no lloró mi padre;
Tú me dijiste: no lloró mi abuelo;
No han llorado los hombres de mi raza,
Eran de acero.

Así diciendo te brotó una lágrima
Y me cayó en la boca... Más veneno
Yo no he bebido nunca en otro vaso
Así pequeño.

Débil mujer, pobre mujer que entiende,
Dolor de siglos conocí al beberlo;
Oh, el alma mía soportar no puede
Todo su peso.




SUBCONCIENCIA

Has hablado, has hablado y me he dormido,
Pero duermo y no duermo, porque siento
Que estoy bajo el supremo pensamiento:
Vivo, viviré siempre y he vivido.

Has hablado, has hablado y he caído
En un marasmo... cede hasta el aliento.
Tiempo atrás, en las sombras, me he perdido:
Estoy ciega. No tengo sentimiento.

Como el espacio soy, como el vacío,
Es una sombra todo el cuerpo mío
Y puedo como el humo levantarme:

Oigo soplos etéreos... sobrehumanos...
Sujétame a la tierra con tus manos,
Que si el viento se mueve ha de llevarme.





FIERO AMOR

Oh, fiero amor, llegaste como la mariposa.
Cuando comienza Octubre se aproxima a la rosa;
Era silencio todo, era silencio abierto
A sombras misteriosas como el ojo de un muerto.


Yo era la misma sombra, yo era menos, yo era
Una cosa durmiente que ni sueña ni espera,
Cuando el vuelo de aquella mariposa celeste
Me hizo gorjear de pronto como un pájaro agreste.


Oh, cien soles se alzaron por el lado de oriente,
Oh, cien ríos corrieron por la misma pendiente,
Oh, cien lunas de plata brillaron en el cielo
Y cien altas montañas emprendieron el vuelo.

Abrí los brazos: tuve la divina locura
De tocar con mis dedos las cosas de la altura.
Abrí los ojos: tuve la divina tristeza
De beber con los ojos la celeste belleza.

Lloré, lloré sin tregua; grité: corazón mío,
Detente en el camino que lleva al desvarío;

Pero el corazón mío fue una gota de cera...
Dios, ¿qué pudo esa gota contra la primavera?,..

Fiero amor: en tus manos yo he soltado mi vida;
Acógela: paloma que se posa rendida
En las garras sangrientas, ya no bate las alas:
Muere de lo que vive; vive de lo que exhalas.

Bien sé que no hay cien soles que nazcan en oriente,
Bien sé que no hay cien ríos por la misma pendiente,
Bien sé que no hay cien lunas que brillen en el cielo,
Bien sé que no hay montañas que se alarguen al vuelo.

Bien sé que las palomas ciegan sus ojos, dejan
En el nido las plumas, las auroras se alejan,
Caen las hojas, viene el otoño, la muerte,
Y se agrisan los días, y se agrisa la suerte.

Pero soy una esclava del dolor y l0 adoro
Como adora el ávaro el sonido del oro:
Oh, terrible tormenta de relampago y rayo
En tu fuego revivo, en tu fuego desmayo.

Fiero amor: soy pequeña como un copo de nieve,
Fiero amor: soy pequeña como un pájaro breve,
Triste como el gemido de un niño moribundo,
Fiero amor, no hallarás mejor presa en el mundo.

Ninguna moriría mas ligero en tus garras,
Ninguna moriría mas pronto en tus amarras.
Alumbra, sol naciente... Naturaleza, crece:
Sobre la vida oscura la muerte resplandece.





¿Y TU?

Sí, yo me muevo, vivo, me equivoco;
Agua que corre y se entremezcla, siento
El vértigo feroz del movimiento:
Huelo las selvas, tierra nueva toco.
 

Sí, yo me muevo, voy buscando acaso
Soles, auroras, tempestad y olvido.

¿Que haces allí misérrimo y pulido?
Eres la piedra a cuyo lado paso.




FRENTE AL MAR

Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
“Piedad, piedad para el que más ofenda”.

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre,
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.


¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,

¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mas, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.


Mirame aqui, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,

¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!
Desdichada de mi, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y equivoca
Pequeña vida que dolor provoca,

¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.





BIEN PUDIERA SER...
 

Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
No fuera más que aquello que nunca pudo ser,
No fuera más que algo vedado y reprimido
De familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido
Estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
De mi casa materna... Ah, bien pudiera ser...

A veces en mi madre apuntaron antojos
De liberarse, pero se le subió a los ojos
Una honda amargura, y en la sombra lloro.

Y todo eso mordiente, vencido, mutilado,
Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,
Pienso que sin quererlo l0 he libertado yo.



 

MI HERMANA

Son las diez de la noche; en el cuarto en penumbra
Mi hermana esta dormida, las manos sobre el pecho;
Es muy blanca su cara y es muy blanco su lecho,
Como si comprendiera, la luz casi no alumbra.

En el lecho se hunde a modo de los frutos
Rosados, en el hondo colchón de suave pasto.
Entra el aire a su pecho y levántalo casto
Con su ritmo midiendo los fugaces minutos.

La arropo dulcemente con las blancas cubiertas
Y protejo del aire sus dos manos divinas;
Caminando en puntillas cierro todas las puertas,
Entorno los postigos y corro las cortinas.

Hay mucho ruido afuera, ahoga tanto ruido.
Los hombres se querellan, murmuran las mujeres,
Suben palabras de odio, gritos de mercaderes:
Oh, voces, deteneos. No entréis hasta su nido.

Mi hermana está tejiendo como un hábil gusano
Su capullo de seda: su capullo es un sueño.
Ella con hilo de oro teje el copo sedeño:
Primavera es su vida. Yo ya soy el verano.

Cuenta sólo con quince octubres en los ojos,
Y por eso los ojos son tan limpios y claros;
Cree que las cigüeñas, desde paises raros,
Bajan con rubios niños de piececitos rojos.


¿Quien quiere entrar ahora? Oh ¿eres tú,buen viento?

 ¿Quieres mirarla? Pasa. Pero antes, en mi frente
Entíbiate un instante; no vayas de repente
A enfriar el manso sueño que en la suya presiento.

Como tú, bien quisieran entrar ellos y estarse
Mirando esa blancura, esas pulcras mejillas,
Esas finas ojeras, esas lineas sencillas.
Tú los verías, viento, llorar y arrodillarse.

Ah, si la amáis un día sed buenos, porque huye
De la luz si la hiere. Cuidad vuestra palabra,
Y la intención. Su alma, como cera se labra,
Pero como a la cera el roce la destruye.

Haced como esa estrella que de noche la mira
Filtrando el ojo por un cristalino velo:
Esa estrella le roza las pestañas y gira,
Para no despertarla, silenciosa en el cielo.

Volad si 0s es posible por su nevado huerto:

¡Piedad para su alma! Ella es inmaculada.
¡Piedad para su alma! Yo l0 sé todo, es cierto.
Pero ella es como el cielo: ella no sabe nada.




LANGUIDEZ

Está naciendo Octubre
Con sus mañanas claras.

He dejado mi alcoba
Envuelta en telas claras,
Anudado el cabello
Al descuido; mis plantas
Libres, desnudas, juegan.

Me he tendido en la hamaca,
Muy cerca de la puerta,
Un poco amodorrada.
El sol que está subiendo
Ha encontrado mis plantas.
Y las tiñe de oro...

Perezosa mi alma
Ha sentido que, lento,
El sol subiendo estaba
Por mis pies y tobillos
Asi, como buscándola.

Yo sonrío: este bueno
De sol, no ha de encontrarla;
Pues yo, que soy su dueña,
No sé por donde anda:
Cazadora, ella parte
Y trae, azul, la caza...

Un niño viene ahora,
La cabeza dorada.
Se ha sentado a mi lado
Sin pronunciar palabra;
Como yo el cielo mira,
Como yo, sin ver nada.
Me acaricia los dedos
De los pies, con la blanca
Mano; por los tobillos

Las yemas delicadas
De sus dedos desliza...
Por fin, sobre mis plantas
Ha puesto su mejilla,
Y en la fría pizarra
Del piso el cuerpo tiende
Con infinita gracia.

Cae el sol dulcemente,
Oigo voces lejanas,
Está el cielo muy lejos...
Yo sigo amodorrada
Con la rubia cabeza
Muerta sobre mis plantas.

 ...Un pájaro la arteria
Que por su cuello pasa...




CARTA LÍRICA A OTRA MUJER

Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro
Conozco yo, y os imagino blanca,
Débil como los brotes iniciales,
Pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina.
En vuestros ojos placidez de lago
Que se abandona al sol y dulcemente
Le absorbe su oro mientras todo calla.
Y vuestras manos, finas, como aqueste
Dolor, el mío, que se alarga, alarga,
Y luego se me muere y se concluye
Así, como lo veis; en algun verso.
Ah, ¿sois asi? Decidme si en la boca
Tenéis un rumoroso colmenero.
Si las orejas vuestras son a modo
De pétalos de rosas ahuecados...
Decidme si lloráis, humildemente.
Mirando las estrellas tan lejanas.
Y si en las manos tibias se os aduermen
Palomas blancas y canarios de oro.
Porque todo eso y más, vos sois, sin duda:
Vos, que tenéis el hombre que adoraba
Entre las manos dulces, vos la bella
Que habéis matado, sin saberlo acaso,
Toda esperanza en mi... Vos, su criatura.
Porque él es todo vuestro: cuerpo y alma
Estéis gustando del amor secreto
Que guardé silencioso... Dios lo sabe
Por que, que yo no alcanzo a penetrarlo.
Os lo confieso que una vez estuvo
Tan cerca de mi brazo, que a extenderlo
Acaso mía aquella dicha vuestra
Me fuera ahora... isi! acaso mía...
Mas ved, estaba el alma tan gastada
Que el brazo mío no alcanzo a extenderse:
La sed divina, contenida entonces,
Me pulió el alma... iY él ha sido vuestro!

¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos
El se adormece y le decís palabras
Pequeñas y menudas que semejan
Pétalos volanderos y muy blancos.
Acaso un niño rubio vendré luego
A copiar en los ojos inocentes
Los ojos vuestros y los de él
Unidos en un espejo azul y cristalino...

¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!
¡Arrancaban tan firmes los cabellos
A grandes ondas, que a tenerla cerca
No hiciera yo otra cosa que ceñirla!
Luego dejad que en vuestras manos vaguen
Los labios suyos; él me dijo un día
Que nada era tan dulce al alma suya
Como besar las femeninas manos.,.
Y acaso, alguna vez, yo, la que anduve
Vagando por afuera de la vida

—Como aquellos filósofos mendigos
Que van a las ventanas señoriales
A mirar sin envidia toda fiesta—
Me allegue humildemente a vuestro lado

Y con palabras quedas, susurrantes,
Os pida vuestras manos un momento,
Para besarlas, yo, como él las besa...
Y al recubrirlas, lenta, lentamente,
Vaya pensando: aqui se aposentaron

¿Cuanto tiempo?, sus labios, ¿cuánto tiempo
En las divinas manos que son suyas?

¡Oh, qué amargo deleite, este deleite
De buscar huellas suyas y seguirlas
Sobre las manos vuestras tan sedosas,
Tan finas, con sus venas tan azules!
Oh, que nada podría, ni ser suya,
Ni dominarle el alma, ni tenerlo
Rendido aqui a mis pies, recompensarme
Este horrible deleite de hacer mío
Un inefable, apasionado rastro.
Y alli en vos misma, sí, pues sois barrera,
Barrera ardiente, viva, que al tocarla
Ya me remueve este cansancio amargo,
Este silencio de alma en que me escudo,
Este dolor mortal en que me abismo,
Esta inmovilidad del sentimiento

¡Que sólo salta, bruscamente, cuando
Nada es posible!


UN CEMENTERIO QUE MIRA AL MAR

Decid, oh muertos, ¿quién os puso un dia
Así acostados junto al mar sonoro?

¿Comprendía quien fuera que los muertos
Se hastían ya del canto de las aves
Y os han puesto muy cerca de las olas
Porque sintáis del mar azul, el ronco
Bramido que apavora?


Os estáis junto al mar que no se calla
Muy quietecitos, con el muerto oído
Oyendo cómo crece la marea,
Y aquel mar que se mueve a vuestro lado,
Es la promesa no cumplida, de una resurrección.


En primavera, el viento, suavemente,
Desde la barca que allá lejos pasa,
Os trae risas de mujeres... Tibio
Un beso viene con la risa, filtra
La piedra fría, y se acurruca, sabio,
En vuestra boca y os consuela un poco...
Pero en noches tremendas, cuando aúlla
el viento sobre el mar y allá a lo lejos
Los hombres vivos que navegan tiemblan
Sobre los cascos débiles, y el cielo
Se vuelca sobre el mar en aluviones,
Vosotros, los eternos contenidos,
No podéis más, y con esfuerzo enorme
Levantáis las cabezas de la tierra.
Y en un lenguaje que ninguno entiende
Gritáis: —Venid, olas del mar, rodando,
Venid de golpe y envolvednos como
Nos envolvieron, de pasión movidos,
Brazos amantes. Estrujadnos, olas,
Movednos de este lecho donde estamos
Horizontales, Viendo cómo pasan
Los mundos por el cielo, noche a noche...
Entrad por nuestros ojos consumidos,
Buscad la lengua, la que hablé, y movedla,

¡Echadnos fuera del sepulcro a golpes!

Y acaso el mar escuche, innumerable,
Vuestro llamado, monte por la playa,
iY os cubra al fin terriblemente hinchado!


Entonces, como obreros que comprenden,
Se detendrán las olas y leyendo
Las lápidas inscriptas, poco a poco
Las moverán a suaves golpes, hasta
Que las desplacen, lentas, y os liberten.

¡Oh, qué hondo grito el que daréis, qué enorme
Grito de muerto, cuando el mar os coja
Entre sus brazos, y os arroje al seno
Del grande abismo que se mueve siempre!


Brazos cansados de guardar la misma
Horizontal postura; tibias largas,
Calaveras sonrientes: elegantes
Fémures corvos, confundidos todos,
Danzarán bajo el rayo de la luna
La milagrosa danza de las aguas.
Y algunas desprendidas cabelleras,
Rubias acaso, como el sol que baje
Curioso a veros, islas delicadas
Formarán sobre el mar y acaso traigan
A los pequeños pájaros viajeros.


 

LETANÍAS DE LA TIERRA MUERTA
 
A Gabriela Mistral

Llegará un día en que la raza humana
Se habrá secado como planta vana,

Y el cielo sol en el espacio sea
Carbón inutil de apagada tea.

Llegará un dia en que el enfriado mundo
Será un silencio lúgubre y profundo:

Una gran sombra rodeará la esfera
Donde no volverá la primavera;

La tierra muerta, como un ojo ciego,
Seguirá andando, siempre sin sosiego,

Pero en la sombra, a tientas, solitaria,
Sin un canto, ni un ¡ay!, ni una plegaria.

Sola, con sus criaturas preferidas
En el seno cansadas y dormidas.

(Madre que marcha aún con el veneno
De los hijos ya muertos en el seno).

Ni una ciudad de pie... Ruinas y escombros
Soportará sobre los muertos hombros.

Desde allí arriba, negra, la montaña
La mirará con expresión huraña.

Acaso el mar no seréá más que un duro
Bloque de hielo, como todo oscuro.

Y así, angustiado en su dureza, a solas
Soñaré con sus buques y sus olas,

Y pasaré los años en acecho
De un sólo barco que le surque el pecho.

Y allá, donde la tierra se le aduna,
Ensoñará la playa con la luna,

Y ya nada tendrá más que el deseo
Pues la luna será otro mausoleo.

En vano querrá el bloque mover bocas
Para tragar los hombres, y las rocas

Oir sobre ellas el horrendo grito
Del náufrago clamando al infinito:

Ya nada quedará: de polo a polo
Lo habrá barrido todo un viento sólo:

Voluptuosas moradas de latinos
Y miseros refugios de beduinos;

Oscuras cuevas de los esquimales
Y finas y lujosas catedrales;

Y negros, y amarillos y cobrizos,
Y blancos, y malayos y mestizos

Se mirarán entonces bajo tierra
Pidiendose perdón por tanta guerra.

De las manos tomados, la redonda
Tierra, circundarán en una ronda.

Y gemirán en coro de lamentos:

¡Oh cuántos vanos, torpes sufrimientos!

—La tierra era un jardín lleno de rosas
Y lleno de ciudades primorosas;
 

—Se recostaban sobre ríos unas,
Otras sobre los bosques y lagunas.

—Entre ellas se tendían finos rieles,
Que eran a modo de esperanza fieles,

—Y florecía el campo, y todo era
Risueño y fresco como una pradera;

—Y en vez de comprender, puñal en mano
Estábamos, hermano contra hermano;

—Calumniábanse entre ellas las mujeres
Y poblaban el mundo mercaderes;

—Ibamos todos contra el que era bueno
A cargarlo de lodo y de veneno...

—Y ahora, blancos huesos, la redonda
Tierra rodeamos en hermana ronda.

—Y de la humana, nuestra llamarada,

¡Sobre la tierra en pie no queda nada!

Pero quién sabe si una estatua muda
De pie no quede aun sola y desnuda.

Y asi, surcando por las sombras, sea
El último refugio de la idea.

El último refugio de la forma
Que quiso definir de Dios la norma,

Y que, aplastada por su sutileza,
Sin entenderla, dio con la belleza.

Y alguna dulce, cariñosa estrella,
Preguntaré tal vez: ¿Quien es aquélla?
 

¿Quién es esa mujer que así se atreve,
Sola, en el mundo muerto que se mueve?

Y la amaré por celestial instinto
Hasta que caiga al fin desde su plinto.

Y acaso un día, por piedad sin nombre
Hacia esta pobre tierra y hacia el hombre,

La luz de un sol que viaje pasajero
Vuelva a incendiarla en su fulgor primero,

Y le insinúe: oh, fatigada esfera:

¡sueña un momento con la primavera!

—Absórbeme un instante: soy el alma
Universal que muda y no se calma...
 

¡Cómo se moverán bajo la tierra
Aquellos muertos que su seno encierra!
 

¡Cómo pujando hacia la luz divina
Querrá volar al que los ilumina!

Mas será en vano que los muertos ojos
pretendan alcanzar los rayos rojos.
 

¡En vano! ¡En vano!... ¡Demasiado espesas
Serán las capas, ay, sobre sus huesas!

Amontonados todos y vencidos,
Ya no podrán dejar los viejos nidos,

Y al llamado del astro pasajero
Ningún hombre podrá gritar: ¡Yo quiero!



 
DE MI PADRE SE CUENTA

De mi padre se cuenta que de caza partía,
Cuando rayaba el alba seguido de su galgo,
Y en el largo camino, por divertirse en algo,
Lo miraba a los ojos, y su perro gemía.

Que andaba por las selvas buscando una serpiente
Procaz, y al encontrarla, sobre la cola erguida,
Al asalto dispuesta, de un balazo insolente
Se gozaba en dejarle la cabeza partida.

Que por días enteros, vagabundo y huraño,
No volvía a la casa, y, como un ermitaño,
Se alimentaba de aves, dormía sobre el suelo.


Y sólo cuando el Zonda, grandes masas ardientes
De arenas y de insectos, levanta en los calientes
Desiertos sanjuaninos cantaba bajo el cielo.




VERSOS A LA TRISTEZA DE BUENOS AIRES

Tristes derechas, agrisadas e iguales
Por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
Sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
Me apagaron los tibios sueflos primaverales.

Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
En el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
—¡Alfonsina! ——No llames. Ya no respondo a nada.

Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
Viendo en días de otoño tu cielo prisionero,
No me será sorpresa la lápida pesada.

Que entre tus calles rectas, untadas de su río
Apagado, brumoso, desolante y sombrío,
Cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.



EPITAFIO PARA MI TUMBA

Aquí descanso yo: dice Alfonsina
El epitafio claro, al que se inclina.

Aquí descanso yo, y en este pozo,
Pues que no siento, me solazo y gozo.

Los turbios ojos muertos ya no giran,
Los labios, desgranados, no suspiran.

Duermo mi sueño eterno a pierna suelta,
Me llaman y no quiero darme vuelta.

Tengo la tierra encima y no la siento,
Llega el invierno y no me enfría el viento.

El verano mis sueños no madura,
La primavera el pulso no me apura.

El corazón no tiembla, salta o late,
Fuera estoy de la línea de combate.


¿Qué dice el ave aquella, caminante?
Tradúceme su canto perturbante:

“Nace la luna nueva, el mar perfuma,
Los cuerpos bellos bañanse de espuma.

”Va junto al mar un hombre que en la boca
Lleva una abeja libadora y loca:

”Bajo la blanca tela el torso quiere
El otro torso que palpita y muere.

”Los marineros sueñan en las proas,
Cantan muchachas desde las canoas.

”Zarpan los buques y en sus claras cuevas
Los hombres parten hacia tierras nuevas.

”La mujer, que en el suelo está dormida,
Y en su epitafio ríe de la vida,

”Como es mujer, grabo en su sepultura
Una mentira aún: la de su hartura”.




REGRESO EN SUEÑOS

Boca perdida en el vaivén del tiempo;
detrás de los paisajes escondida;
boca hacia atrás huyente en el espacio;
boca muerta que fuiste boca viva:

Torbellinos de rostros te apagaron,
tú, que eras rosa ya palidecida;
bloques de casas, cielos circulantes,
telones fueron a velarte esquiva.

Alguna vez la punta de la llama
pintó en el aire la ligera estría
de tu boca atersada a finos verbos:
seda en la seda, flor más florecida.

O levanté la mano para asirte
en la nube traslúcida que lucía
acuchillada del cuchillo mismo
que parte en dos la ya palidecida.

Y a veces, en el fondo de otra boca,
flor de agua pura aún más verdecida,
hube de hallarte. Mas se abrió tu boca
como la sal al viento en las salinas...

Pero anoche, ¿de dónde regresaste?

¿De tumbas de agua? ¿De raíz nutrida
en anchos bosques? ¿De trasmundos malva?

¿Qué cadenas de seres te fue guia?

Cortaste los paisajes y los rostros,
los circulantes cielos en huídas,
bloques de casas, hojarasca de horas,
y me hallaste no muerta, que dormida.

Pájaro de aire, reposó la boca
sobre la boca mía anochecida.
Mas no era boca. A musgo, macerado
en los soles de Dios, se parecía.


 
 

REGRESO EN SUEÑOS

Boca perdida en el vaivén del tiempo;
detrás de los paisajes escondida;
boca hacia atrás huyente en el espacio;
boca muerta que fuiste boca viva:

Torbellinos de rostros te apagaron,
tú, que eras rosa ya palidecida;
bloques de casas, cielos circulantes,
telones fueron a velarte esquiva.

Alguna vez la punta de la llama
pintó en el aire la ligera estría
de tu boca atersada a finos verbos:
seda en la seda, flor más florecida.

O levanté la mano para asirte
en la nube traslúcida que lucía
acuchillada del cuchillo mismo
que parte en dos la ya palidecida.

Y a veces, en el fondo de otra boca,
flor de agua pura aun más verdecida,
hube de hallarte. Mas se abrió tu boca
como la sal al viento en las salinas...

Pero anoche, ¿de dónde regresaste?

¿De tumbas de agua?¿de raíz nutrida
en anchos bosques? ¿De trasmundos malva?

¿Qué cadenas de seres te fue guía?

Cortaste los paisajes y los rostros,
los circulantes cielos en huidas,
bloques de casas, hojarasca de horas,
y me hallaste no muerta, que dormida.

Pájaro de aire, reposé la boca
sobre la boca mía anochecida.
Mas no era boca. A musgo, macerado
en los soles de Dios, se parecía.




PARTIDA

Un camino
hasta el confín
altas puertas de oro

lo cierran;
galerias profundas;
arcadas.

El aire no tiene peso;

las puertas se balancean
en el vacío;
se deshacen en polvo de oro;

se juntan, se separan;
bajan a las tumbas
de algas;
suben cargadas de corales.
Rondas,
hay rondas de columnas:
las puertas se esconden
detras de los parapetos azules;
el agua brota en campos de nomeolvides;
echa desiertos de cristales morados;
incuba grandes gusanos esmeralda;
se trenzan los brazos innumerables.


Lluvia de alas,
ahora;
angeles rosados
se clavan como flechas
en el mar.
Podría caminar sobre ellos
sin hundirme.

Una senda de cifras
para mis pies:
columnas de número
para cada paso,
submarinas.

Me llevan:
enredaderas invisibles
alargan sus garfios
desde el horizonte:
mi cuello cruje.
Ya camino.
El agua no cede.
Mis hombros se abren en alas.
Toco con sus extremos
los extremos del cielo.
Lo hiero:
la sangre del cielo
bañando el mar...
Amapolas, amapolas,
no hay mas que amapolas...

Me aligero:

la carne cae de mis huesos.
Ahora.
El mar sube por el canal
de mis vértebras.
Ahora.

el cielo rueda por el lecho
de mis venas.
Ahora.

¡El sol! ¡El sol!
Sus últimos hilos
me envuelven,
me impulsan:
soy un huso:
¡giro, giro, giro, giro!...