sábado, 15 de octubre de 2016

Arturo Serrano Plaja



(San Lorenzo de El Escorial, 1909 - Santa Bárbara, 1979) Escritor español. Fue cofundador de Hoja Literaria y miembro del consejo de redacción de Hora de España. Se exilió en 1939 y vivió en Argentina, en París y en los Estados Unidos. Es autor de libros de poesía (El hombre y el trabajo, 1938; Versos de guerra y paz, 1945; La mano de Dios pasa por este perro, 1965), de cuentos (Del cielo y el escombro, 1943) y de la novela Don Manuel de Lora (1946). Publicó una Antología de los místicos españoles (1946) y el ensayo Realismo «mágico» en Cervantes (1966).
Licenciado en letras por la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en 1934, Arturo Serrano Plaja conoció en su juventud a César Vallejo, que por aquel entonces vivía en España y estaba afiliado al Partido Comunista Español. También tuvo relación con Rafael Alberti y con Pablo Neruda. Estos autores fueron decisivos en la formación de su ideología progresista.

Durante la guerra civil dirigió, junto con Alejandro Casona y Rafael Dieste, el teatro de las Misiones Pedagógicas. Combatió en las filas del famoso Quinto Regimiento, y fue gravemente herido en 1938 durante la batalla del Ebro. En febrero de 1939 cruzó la frontera francesa y fue internado en el campo de concentración de St. Cyprien, donde se encontró con los escritores que formaban la redacción de la revista Hora de España, que él mismo había fundado junto con Sánchez Barbudo y otros.

Contrajo matrimonio en París con la hija del escritor Richard Bloch, y se trasladó a Poitiers, donde vivió hasta diciembre de 1939. Vivió en Santiago de Chile y en Buenos Aires. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Arturo Serrano Plaja regresó a Francia y se estableció en París hasta 1961. Ese mismo año se trasladó a Estados Unidos, donde dio clases de literatura española en las universidades de Wisconsin, Minnesota y Santa Bárbara (California).

En los años de la guerra y en la polémica en que se debatían los artistas y escritores del bando republicano entre el arte puro y el compromiso político, Serrano Plaja optó por este último. Fruto de esta elección son los libros de poemas Destierro infinito (1936) y El hombre y el trabajo (1938).

Después de 1939, su marcha forzosa de España le provocó un gran pesar, que reflejó en dos poemarios llenos de dolor: Versos de guerra y paz (1945) y Galope de la suerte (1959). Durante su estancia en Estados Unidos sufrió una crisis religiosa que le impulsó a aproximarse al catolicismo. Este proceso dio lugar al libro de poesías La mano de Dios pasa por este perro (1965) y al ensayo ¿Es la religión el opio del pueblo? (1978). Serrano Plaja publicó también los libros de poemas Sombra indecisa (1934) y Phokas el americano (1948). En 1982 se publicó, póstumamente, la antología de su obra poética Los álamos oscuros. Falleció en California en 1979. También realizó obras en prosa y ensayos.
Extraído de:


Arturo Serrano Plaja

DESCANSAR EN LA FRONTERA 
POESÍA EN EL EXILIO (1939-1970)

DOS CANCIONES
Para dos años de mi hijo
I
Chico, chico, chiquitillo,
hijo de mi propia sangre,
con tus dos años apenas
¡y puedes con mis pesares!

Hombrecito americano
fuerte te parió tu madre:
que recién nacido apenas,
apenas te condenaste.

¿Tanta fuerza tienes tu,
dime, chicuelo, en tu carne,
que apenas mueves los brazos
ya se me merma en quintales
la carga y la pesadumbre
de mis culpas y mis males?

Mide tu gloria, chiquillo,
mira bien que no te canses,
que son mis desdichas muchas
y mis culpas capitales,
y tus recientes manitas
se te van a lastimarse.

Chico, chico, cbiquitillo,
hijo de mi propia sangre,
con tus dos años apenas
¡y puedes con mis pesares!

II
Si te atreves, chiquillo,
con tus dos años,
descárgame de penas
y desengaños.

¿Cómo, di, te me vienes
 tú, ladronzuelo,
a robarme mi carga
de desconsuelo? 

Si te atreves, chiquillo,
con tus dos años,
descárgame de penas
y desengaños.

¿Dónde vas con el saco
 de mis pecados?
¿No ves que tus bracitos
son delicados?

Si te atreves, chiquillo,
con tus dos años,
descárgame de penas
y desengaños.

¿Dónde, di, criatura,
me has escondido
pesares y dolores
que no he podido
—mirando tus ojuelos—
saber qué ha sido?

Si te atreves, chiquillo,
con tus dos años,
descárgame de penas
y desengaños.




A Claude
Después de aquella España desgarrada,
de aquella hundida cueva de amargura,
de aquella guerra triste y tan oscura,
he venido a pararme en tu mirada. 
Apenas si mi sangre dislocada
por tanto ventarrón, tanta locura,
puede medir la paz en tu tan pura
y adolescente frente sosegada.

Déjame que te mire nuevamente:
con tu ligero aspecto tembloroso
de pájaro celeste aquí caído,

me das una verdad clara y ardiente,
me cambias un horror por un gozoso
sentirme ante tu gracia conmovido.

II

De tanta soledad, de tanta muerte,
de tanto sufrir hondo y sin consuelo,
apenas si otra cosa que mi duelo
quedaba en el camino de mi suerte.

Y al cabo del dolor vengo yo a verte,
vengo a sentirme huésped de tu suelo
y serenar mi sangre en un desvelo
que tiene por misión reconocerte.

Aquí estoy en silencio solamente.
Aquí pronuncio un nombre, y a mi grito
aquí vuelve un milagro su cabeza

con un temblor moreno, mansamente.
Mi tímido recuerdo queda escrito
y en él y con mi pluma, su pureza.

III

No sólo dejo atrás muerte que yerra.
Tengo además de rabia, furia y pena,
para ofrecerte, pura, una cadena
de gloriosa memoria de mi guerra.

Una llama vivísima que encierra
nuestra llama de amor y, más serena,
se eleva indestructible, crece y suena
a viva libertad alta en la tierra.

Como un árbol sincero nos ampara:
a ti, de tu indefensa criatura,
y a mí, de mi recuerdo desterrado.

Que la encendida España que he dejado
en esa pasión doble se asegura
con una doble espada que se alzara.


II

Cada paso que doy más me adelanto
por este laberinto sin salida.
Y a tientas voy buscando la guarida
flotante y tenebrosa del espanto.

Como un vapor de huesos o quebranto
un perro taciturno dilapida
su aliento pavoroso y come vida
lamiendo con su lengua todo llanto. 
Son de duelo macizo sus ijares
como la propia muerte, si palpita.
Que el tiempo con su aguja va conmigo

tejiéndome la sombra en sus telares
y es perro y tenebroso y que se agita
mordiéndome incesante y enemigo.




La tierra que me ampara y que me ofrece
la vasta inmensidad americana,
ni cura mi aflicción ni mi desgana
ni de mi triste mal se compadece.

Que en todo cuanto miro se aparece
como una sombra enorme y algo hermana
España, en la distancia tan lejana
y en el recuerdo, aquí, como merece.

Al fin y al cabo vivo desterrado.
Y el ruido de ese mar y su hermosura,
como una caracola lastimera,

más que puro mensaje entusiasmado,
me va trayendo quejas y amargura,
lamentos de mi patria y mi bandera.





Si como el hambre fuese la locura
que cesa con el pan y luego pasa.
Si fuese como el fuego en que se abrasa
la leña de la hoguera en que se apura.

¡Si hubiese por lo menos muerte oscura
al encendido afán que nos arrasa!
¡Si tú fueses tu precio y con tu tasa
pudiera ser yo el mal y tú mi cura!

Tú estás aquí. Tu entraña solicita
tu propia destrucción junto a la mía
para llorarnos vivos, tuertamente.

Nos llama y nos sacude y nos agita
Ese saberse hundido en agonía
para —¡por fin!— perderse enteramente.





XII
Tengo en España, prenda de regreso,
toda una herencia rica y embargada
que espero rescatar si en la subasta
basta con dar la sangre o el pellejo.

No es muy cara la muerte si es el precio
de un afán de vivir: que ahora rematan
de balde, de regalo y a mansalva,
por esas tierras mías, a mi pueblo.

Que tantas tierras tengo y son tan mías,
que tanto pueblo heredo con mi sangre,
que ya le pertenezco por entero 
y voy siendo una cifra en la partida,
de todas las haciendas de mis padres,
perdido en el caudal de mis abuelos.





PERPETUA CADENA Y PENA DE MUERTE
ES MENTAR LA SOGA EN CASA
DEL AHORCADO

En medio de esta vida, cruda como un invierno, 
más libre que un desierto de olvidadiza arena,
yo quiero arrodillarme, yo pido la cadena
que pese en mi albedrío con plomo de gobierno.

A tientas por la libre ceguera de mi enigma
me adentro libremente en mi cueva desierta
y voy, de sueño en sueño, camino de la puerta
del libre calabozo para mi libre estigma.

La vida es una libre mazmorra solitaria
de cóncavas murallas que manan zumo verde,
es boca y es de perro sin perro que se muerde
su propia nada libre de tez protocolaria.

Quien nace viene al mundo sujeto a su condena
de penas liberales o trabajos forzados.
Y al peso de los años sufridos o contados
se va cumpliendo el fallo de perpetua cadena.

Ser libre solamente es estar a la orilla
viviendo de prestado la libertad y su espera.
Ser libre y estar solo es arder en la hoguera,
de pena consumido, y es estar en capilla.

Vivir es una pena de muerte inmerecida.
Convictos y confesos por la justicia justa
nos halla la Verduga y nos despena, injusta,
y da vuelta al garrote al dar cuerda a la vida.

En medio de este juicio ya visto y con sentencia
no quiero yo ser libre, yo busco el calabozo,
yo pido a grito herido una ley como un pozo
donde ahogarme de amor o piadosa obediencia.

París, febrero 1949



GALOPE DE LA SUERTE

A veces el sendero que nos queda
son leguas carreteras a la muerte
corridas al galope de la suerte
—corcel que de su afán hace vereda—

A veces el sendero se liquida
y, cauce desbordado, en su apretura
el lecho de la muerte se figura
que sale ya de madre hasta la vida.

*
A veces a los hombros se encarama,
fanega de mortaja, pesadumbre,
el peso de la vida con su azumbre
de pena que en la espalda se derrama.

Ni así pesa la carga del destino
ni tanto los quintales de los años,
ni son de su escalera los peldaños
tan graves al zurrón del peregrino.

Gravoso saco roto ya sin dueño
estanque de agua parda que se vierte
tristísimo arpillera, nos convierte
en mozos de cordel de nuestro sueño.

Este costal cabe cuanto sobra,
con ese fardo a cuestas no podemos
y andamos tropezando, nos caemos
de bruces en la cuenta que nos cobra.

Y entonces la talega de pesares,
nublada como un buey en pleno invierno,
nos tira de los pies hacia el infierno,
nos urde con su trama en sus telares.

Quisiéramos llegar, mas ya no importa
ni el sitio de morir ni la manera.
A bordo de la nave pasajera
quisiéramos llegar, mas ya no importa.

El triste recoveco de ese día
destruye el paradero imaginado:
el pie de cierto pino está vedado,
la patria es una cáscara vacía.

Importa descansar en la frontera,
dejar el equipaje en la aduana,
decir adiós a Dios una mañana
y terminar el viaje y la carrera.
Buenos Aires, 1945.





OLAS

¿Adonde van? ¿qué quieren?
¿Por qué dicen que vienen y se van?

El mar, ese clamor, es un espectro
no sé si de mis sombras venerables
o líquidos fantasmas de un veneno
tenaz y corrosivo.

Por sus lomos azules, esta noche,
el raso de la luna es una espada
que, lívida, penetra en las entrañas
de recuerdos y olvidos.
En el «Désirade», 1945.



ESE ROSTRO

Ahora está anocheciendo en Buenos Aires…
—Ese rostro, la vida, ¿a quién parece?
¿qué mira esa pupila? ¿qué se crece?—.
Ahora está anocheciendo en Buenos Aires…

—La quiero conocer. No sé de dónde
recuerdo yo esa cara, esa pupila—.
Tal vez en el pasado que se esconde
o acaso es el destino que se afila.

O tal vez es fantasma que responde
a nuestro propio sueño, que vigila.
Ahora está anocheciendo en Buenos Aires…

—La vida, ese pasado que me escuece,
tiene labios de alcohol, mueca de trece—.
Ahora está amaneciendo en Buenos Aires.

En el «Désirade», 1945




PADRE NUESTRO

Padre Nuestro, si Tú estás en el cielo,
santificado está tu nombre con altura.
Venga a nos, no tu reino, tu figura
en forma de piedad y no de celo.

Y si es tu voluntad, que mi desvelo
se cumpla, como triste calentura,
para encontrar al fin la coyuntura
de darme a ti por júbilo y por duelo.

El pan nuestro es más triste cada día.
perdona nuestras deudas, Señor Santo,
así como nosotros no lo hacemos.

Más líbranos, Señor, de la jauría
de males que nos muerden con quebranto,
de culpas que a diario cometemos.
París, marzo 1946.




«Si HUBIERA UN DÍA ENTERO… »

Si hubiera un día entero,
si hubiese de verdad un día entero
de llanto verdadero.
Si hubiera soledad un día entero
y fuese verdadero.

Si tu amor afligido
se volviera, de lástima, paloma
y fuera yo su nido.
Si tu amor se tornase paloma
de lástima y de olvido.

Si no hubiera cadenas
y fuesen mis pecados las campanas
que doblan, tan serenas
a gloria y a rebato en las mañanas
del campo sin cadenas.

Si no hubiese pecados,
si no hubiera pecados o amargura
ni labios amarrados,
ni manos que se buscan con premura
de besos condenados.

Si entero todo un día
pudiera yo besarte como quiero,
con luz, con alegría,
bebiendo mansedumbre y valentía
un día todo entero.

¡Un día sin cadenas
o pecados! ¡Volando las campanas
o palomas! ¡Serenas
ya las manos, distantes y cercanas
y labios y ya libres y sin penas!
Buenos Aires, 1943




PRIMAVERA

Por los puentes del Sena,
en esta primavera desterrada,
me siento viejo y solo con mi pena,
me siento la cadena
de tanta libertad dilapidada.

Y siendo tronco añoso y carcomido
en muelles descuajados e invernales,
llegan a mis ramales,
a mi tronco de olvido,
ligeros los gorriones matinales
que preparan su nido.

Y siendo puente viejo,
raudales de memoria derretida,
como nieve fundida
por este sol bermejo,
me pasan por los ojos, en crecida,
Y en mí queda el reflejo
como una luz brillante en un espejo.
París, marzo 1947.





LA LUZ DE BUENOS AIRES

Que por la tarde.
Tu hora es por la tarde:
a la puesta del sol.

Cariátide sombría
de América europea,
cemento, capital y melodía
de la melancolía,
el sueño que te duele y te rodea
es una luz difusa, la agonía,
el sueño, la obsesión o la manía
del Río de la Plata, letanía
de pampa tan sin fin que merodea
y al cabo señorea
la tarde con su luz y su armonía.

Digo que por la tarde,
a la puesta del sol,
las horas son las plumas de ese aroma
con un deje de adiós en su figura
de errante calentura,
misterio que se asoma
con iris de pechuga de paloma
al nácar de ese cielo y su pintura:
un verde gris de plata,
una llama escarlata
que el ámbito empurpura,
un tenue viso azul sin amargura
y un malva que relata
el puerto, los suburbios: la posdata
una epístola oscura.

Digo que por la tarde.

Junto a ese monumento, en esa plaza
hay un Jacarandá que, anochecido,
es encaje transido
o pálida coraza
de pálida tiniebla que amenaza
al hombre y al sonido,
al banco del jardín y a la terraza,
al pájaro y al nido.

A la puesta del sol,

La tarde se agoniza
con un rumor de seda y de ceniza.
Los lívidos colores
de luz artificial y escurridiza
parecen resplandores,
luceros insolentes, desertores
de alguna joya rica, de maciza
corona destronada que en la liza,
perdida su vigencia y sus fulgores,
desciende dignamente a los clamores
se populariza.

Yo creo que a la tarde,
a la puesta del sol,

las reverberaciones
del sol en los ladrillos otoñales,
las duras y recientes construcciones
y las duras pasiones,
la ley de las ofertas comerciales,
los bienes y los males
apenas son nociones
disueltas o remotas o legales
de rostros fantasmales.

A la puesta del sol. Me parece,
yo creo que a la tarde,

el espacio es la norma
de un porvenir que deja atrás su hechura
y, rota su atadura
del peso del pasado y de su forma,
el tiempo ya no es oro, es levadura
de trance fundador y de aventura,
de viento y de reforma
de tanta soledad que se madura
y, ajena a su recuerdo, se transforma.

A la tarde te han dicho,
a la puesta del sol,
ciudad, esa tu luz, por ese instante
crepuscular y ungida,
te vuelve, con tu rango, tu latido
de ser la tierra hija, patria andante
de lo desconocido,
del sueño amanecido,
del no tener historia y adelante,
de estar equidistante
de toda libertad y todo olvido.

A la puesta del sol.

Buenos Aires, febrero 1948.





PAISAJE A TRAVÉS DE UNA COPA

Tiempo es el espacio cristalino.
Su dura transparencia, la memoria
que pone veto frágil a la historia,
destellos de pasado en el destino.

La copa es el reposo en el camino,
el tierno sorbo dulce de ilusoria
atmósfera de paz donde la escoria
arde otra vez en fuego peregrino.

Un árbol reclinado, esos tapiales,
el arco adolescente y la hornacina
los álamos oscuros y ese cielo

renuevan —primavera de cristales—
la copa en la esperanza vespertina,
el agua y su regusto a desconsuelo.

Buenos Aires, marzo 1948.



EL OTRO BARRIO

Comienza en el esquinazo de la noche. Ahí
abre sus puertas de apariencia luminosa el
Café de la Esquina. En el fondo sólo se ve a
un parroquiano. Le está matando el tiempo.

«Del Otro Barrio se viene.
Al Otro Barrio se va.
Y nosotros nos iremos
y no volveremos más.

Tumbo en tumbo va por las callejas,
beoda, contumaz y clandestina,
mostrando sus hilachas y pellejas
hacia el Café de la Esquina.

Tumbo en tumbo, pero siempre llega.
A ciegos pasos, pero se encamina
derechamente, con su gran talega
hacia el Café de la Esquina.

Quizá, en las tinieblas, un momento,
su fiebre maniática declina
y escucha el melancólico esperpento
del Cafetín de la Esquina.

La vasta soledad desmantelada
con una luz de angustia se ilumina
y sale hecha una sombra recatada
desde el Café de la Esquina.

Desiertas horas de suburbio triste.
La Calle, de silencio se adoquina
y sólo un parroquiano se resiste
en el Café de la Esquina.

Un frío sobresalto, ramalazo
de pena congelada que rechina,
rezonga por el tácito esquinazo
junto al Café de la Esquina.

Vieja veterana sigue andando
a tientas, como ciega peregrina,
y paso a paso llega, está llegando
al Cafetín de la Esquina.

No hay Cuesta del Tropiezo a su presencia.
Cualquier calle que tome, aquí termina.
y toda la ciudad ofrece audiencia
en el Café de la Esquina.

Insólita y tenaz, como un instinto
De sueño de sonámbula morfina,
Acaba por triunfar del laberinto
Junto al Café de la Esquina.

Oliendo a crisantemo y jaramago
acude cada noche, saturnina,
en busca de pareja para el Trago
hasta el Café de la Esquina.

Y al cabo de la calle, por la acera
del Otro Barrio, llega su inquilina.
Taimada y recoveca, nos espera
en el Café de la Esquina.
París, noviembre 1948





LA MUERTE ES ESPAÑOLA
«Hoy como ayer, gitana, muerte mía
qué bien contigo a solas.»
  1. MACHADO
La Muerte es española
como su nombre indica:
La Muerte ¡Viva España!

La vida, ya sabéis, ese fandango,
es ir pasando tragos fandangueros.
Así que el ir viviendo es ir danzando.

Cuando menos se piensa,
cuando menos se piensa
¡y ole!
salta la Muerte.

Salta con su mantilla madroñera
peineta de carey, jacarandosa,
clavada en su pelona calavera,
salta la Muerte.
salta la Muerte
¡y ole!
que sale, como el sol, por Antequera
con quiebros de fandango vitalicio
saliéndose por negras peteneras.

Se mueve con un garbo de esqueleto
que se muere de risa de pensarlo.
Y sus huesos alegres como castañuelas
piden verdes guitarras y jaleo.

La Muerte es española
como su nombre indica.
Empieza acompañando un fandanguillo
y acaba rematando, farolera,
sólo por soledades. 
*
Ahí está. Miradla. Ésa es su hora.
Menea los pinceles
—chinelas de tacón de hueso puro—
con garbo de guitarra y de claveles.

Mentira, no es guadaña.
Son las alas de plata
de una dulce paloma que se cría en España.
Ni digáis que es sudario su capote escarlata.
¿Quién dice que se ensaña?
Su verónica estricta a su tiempo remata
la vida, el fandangueo, la cucaña
y el trago de verdad que nos retrata.

¿No veis cómo se ríe?
¿No veis cómo nos mira ron sus ojos profundos?
Pálidos metacarpios jaléanse rotundos,
baten palmas de hueso y un ole que se engríe,
un pasmo que se crece con ritmo de otro mundo
y dando un quiebro al aire que en aire se confíe,
sale por peteneras que baila Segismundo.
sale por peteneras españolas,
sigue por bulerías,
se quiebra en seguidillas
—¡la Muerte es española, madre mía!—
y viene resonando en caracolas
¡alegrías!
Ia Muerte rematando en soledades
¡ay, ay, ay, alegrías!
¡ay, ay, ay, soledades!
¡ay, ay, ay!
¡qué española es la Muerte, madre mía!
París, 1953. 



EL RELOJ DESCOMPUESTO

De nuevo estoy en casa, ante mi mesa.
Hace sol en París. (¿Ésta es mi casa?)
Es una tarde de París y otoño
después de vacaciones
y yo estoy en París y soy invierno.

Vuelvo a mirar mis libros,
mis cosas en desorden, aún de viaje,
con ese dejo triste de volver,
de volver otra vez,
de volver siempre
sin lograr salirse nunca de ellas mismas,
sin poder enajenarme nunca enteramente
o ensimismarme todo
para salirme por entero fuera de mí, color de ahora,
vuelvo a mirar mis libros y mis cosas
tristemente,
de vuelta.
Ya se acabó el olvido.
Un año más. Y miro
por encima de la mesa,
tristemente,
convencido de no hallar lo que busco,
lo que no sé qué es como no sea fantasma,
lo que no podrá ser ilusión o esperanza
porque sólo hay olvido.

*
Porque sólo hay olvido
lo que estaba buscando,
lo que vengo buscando de hace siglos,
desde hace ya dientes cuaternarios
encima de la mesa,
está aquí, ahora, encima de la mesa
donde poso los ojos tristemente,
porque sólo hay olvido,
y yo vengo buscando los recuerdos
desde hace friolera,
desde hace ya pulmones,
desde hace corazón precolombino. 
*
Un reloj descompuesto es un encargo
encima de la mesa.
Un reloj descompuesto es una joya,
porque sólo hay olvido,
y ahora y aquí, ya se acabó,
ya se acabó el olvido
y queda casi todo tristemente, en desorden,
de vuelta, de regreso, de retorno,
porque sólo hay olvido.
Porque sólo hay olvido, lo que busco,
lo que vengo buscando,
lo que vengo notando a mis espaldas
como una mano larga que señalase algo,
algo que no se sabe adonde amaneciese,
como el recuerdo oscuro de una palabra que tal vez no se ha dicho,
como ponerse a decir inútilmente:
—«¿Adonde fue, Dios mío?»—
lo que vengo buscando de hace ya mucha sombra
es un reloj pequeño y descompuesto
encima de la mesa. 
*
Tengo el reloj de Lelia entre mis manos
porque sólo hay olvido.
Mas no encuentro sus manos en mis manos,
pues se acabó el olvido
y volver es un encargo descompuesto. 
Tengo el tiempo de Lelia entre mis manos,

porque sólo hay olvido,
mas ya no tengo tiempo,
mas ya ni quizá Lelia tenga tiempo,
mas ya ni quizá el tiempo tenga tiempo
porque volver es un encargo descompuesto.
Y estar ante mi mesa, un relojillo
descompuesto
que le ha contado a Lelia los segundos,
que le habrá dicho a Lelia lo que pesa la espera,
que le habrá dicho a Lelia,
desesperadamente,
lo hondo que es lo hondo
y la fugacidad de los espejos,
porque sólo hay olvido.

Porque sólo hay olvido
y un reloj descompuesto encima de la mesa,
yo te recuerdo, Lelia, te recuerdo,
te bebo, te pronuncio, te respiro,
te muerdo al encenderte
ahora, encima de la mesa, como un ciprés amargo,
como un ciprés amargo es el amor,
porque sólo hay olvido,
y tú te vas ya pronto con tu color de pena
porque sólo hay olvido.

Como un ciprés amargo no te quiero,
porque sólo hay olvido.
Y un reloj descompuesto
es no quererte corno un ciprés amargo,
triste de mí,
amargo, cipresísimo de mí,
que tanto pude amarte cierta tarde de sol,
cierta tarde de Dios
cuando me diste un beso y yo te merecía
sin saber que eras tú
y en tiempo descompuesto.
Porque sólo hay olvido
y un reloj descompuesto,
una tarde de sol,
una tarde de Dios que yo me merecía,
en una guerra mía que yo me merecía,
eras la muerte mía, que yo me merecía,
viniendo a darme un beso que yo me merecía
—y luego te alejabas
porque sólo hay olvido,
porque no era mi hora en tu reloj de arena,
en tu ciprés de pena,
en mi soledad color de ayer,
porque sólo hay olvido—. 


*
Porque sólo hay olvido
cayeron tantos hombres
que ya ni Dios recuerda,
cayeron tantos años,
cayeron tantos tiempos
con peso de avalancha,
cayeron tantas cosas
con tiempo descompuesto
que al fin te hallé otra tarde —que no me merecía—
hermosa, frívola y temible
como la muerte entre mis manos,
como la misma muerte con una abuela india,
para darme otro beso
una noche de alcohol.
Porque sólo hay olvido
tú te vas tras el mar.
Porque tú eres mi muerte —con una abuela india—
y ya te alejas
dejándome un encargo descompuesto,
está aquí tu reloj encima de la mesa,
como algo que se busca y no se encuentra,
como el tiempo de no tener ya tiempo,
como el triste momento de decir:

¡Para qué,
si ya es tarde,
amargamente tarde,
apresamente tarde?
¿Para que digo: «Lelia»
si ya es tarde
para querer a Lelia
para amargar a Leha,
para decirle a Lelia con su color de pena
que allá, cuando Dios quiso,
mi muerte, la del beso, la muerte merecida,
tenía color de pena, como Lelia
tenía una abuela india, como Lelia
y cola de caballo, como Lelia?

Porque sólo hay olvido
y Yegua que es mi muerte me dio un beso,
aquí está tu reloj, lo que buscaba,
lo que venía buscando,
lo que vengo buscando hace tinieblas,
aquí está tu reloj equivocado
y aquí estoy recordando,
porque sólo hay olvido,
aquí estoy esperando a pesar mío,
como si no supiera que te vas,
como si no te conociera,
como si no fueras hermosa hasta rajarme de hermosura en un planeta,
como si no fueras hermosa como un cacho de hermoso planeta,
como si no supiera yo
que eres mi muerte hermosa
— con una abuela india—
que ya me has dado un beso y que te vas
porque sólo hay olvido.
Septiembre, 1953.




¿Y si Dios FUERA….?

¿Y si Dios fuera como España
que existe, que es verdad, que está aquí al lado,
que todos pueden ir —menos algunos?

¿Y si tuviese Dios sus Pirineos,
sus malas carreteras y su Franco,
sus cárceles y todo —y sus turistas?

¿Y si Dios fuese la derrota,
una guerra perdida, unos recuerdos
de una lucha civil con Dios a mano armada,
de un destierro de Dios a mano izquierda,
un ya no poder más —y poder mucho?

¿Y si Dios fuera lo de dentro
y tú, nosotros, diente, sólo diente
para morder la cascara de fuera,
licenciados en cascara letarga,
doctores en pelleja de la huera,
pelleja sólo, cascara —y amarga? 
1955





LA MANO DE DlOS PASA POR ESTE PERRO (1965)


Sí, Señor; pero aun los perrillos,
debajo de la mesa, comen las
migajas de los hijos.


SAN MARCOS, VII, 28.

Porque lo que hago no lo entiendo;
pues no hago lo que quiero, sino lo
que aborrezco eso hago.
SAN PABLO, Romanos, VII.


LA LLAMADA TELEFÓNICA

Al pie del teléfono tu vida
ya sólo es ese instante

temeroso
te acercas paso a paso
te paras te decides te rebelas
te dices a ti mismo ten cuidado ten
ojito mucho ojito a ver si cuela
mientras marcas un numero que quema

D de Duda
I de Ignacio
O de Oscuro
S de Soledad

y temblando que tiemblas te consumes
y oír sonar un timbre que no suena
y vuelta a darle vueltas a ese disco
que no funciona bien que no funciona

D de Duda
I de Ignacio
O de Oscuro
S de Siniestro

y solo oyes un timbre sólo un timbre

acaso no funciona el aparato
tal vez ese teléfono está roto
o acaso es por tu culpa que no sabes
marcar como Dios manda cuatro letras

te paras te lo piensas te revuelves
enciendes un pitillo te paseas
y al cabo de los cabos erre que erre
le das otro retoque a ese disquito

D de Desesperado
I de Inútil
O de Olvido
S de Sálvese quien pueda y tú no puedes

y quien puede contesta muy lejano

cuelgue usted número equivocado
ese número se ha dado ya de baja
el abonado a ese número está ausente
ese número está comunicando.
París, 1960.





HAY UN PERRO SENTADO A LA PUERTA

De pronto se interrumpe su toque de guitarra
su pata rascapulgas queda en vilo
levanta un poquito las orejas
tuerce un poco la jeta
y se queda de muestra Señor tras de tu puerta

Señor my Lord don Dios aquí le tienes
alégrate Señor que ya ha llegado
a tu puerta
sabiendo que has de abrir porque ahí te duele
en la espera en la puerta
de su espera tan ansia
tan boca grande abierta que parece
que se te ha derramado la esperanza
para que se la beba él solo
de un trago
para encender la sed
de empezar ya a tener sed como Dios manda
aquí junto a tu puerta
y a tu espera
de muestra
porque ya tiene el rastro caliente de tu Pie

alégrate de veras Dios y Padre
porque así como suena
y suena mucho
a un sonar de campanas que no se sabe dónde
suena como suena te digo
que aquí está
que te alegres
que es tu hijo
tu perro si tu quieres
pero tuyo
por la gracia de Dios que ya es muy tuyo
y aquí ya no hay tu tía
tuyo tu perro tuyo te repito
y aquí ya no hay tío paco ni rebaja
que la cuenta esta paga para todos
y todos somos unos
perros
unos más y otros menos pero todos
por Dios
hijos de Dios.





VIVAN LAS CADENAS DE LIBERTAD

Qué rica qué rica esta cadena
qué rica esta cadena
que Dios me ha echado rica
qué rica
sabe a hueso
sabe a hueso de taba de las duras
sabe a muerte me digo mendigo
paseando por ahí cuando paseo
atado a mi cadena perpetua
oliendo cosas ricas en la vida
no todo ha de ser malo
oliendo cosas ricas
una cazuela rota con perfume de ayer y su zapato
unas cuantas judías vomitadas
mientras me doy la vuelta a la farola
pensando en lo que estaba pensando y que se ha ido
mientras alzo la pata
y me orino altamente
con la pata tan alta como la dignidad
o la frente
que es molesto mojarse la dignidad
o la pata
por el hecho meramente existencial de orinar altamente
pensando en la cadena
de pensamientos sueltos
como mi amigo suelto hecho un esclavo
con toda su libertad a cuestas
mientras una perra perrita rica ella
se me acerca y me huele comedida
nos olemos
le huelo yo el trasero
y un poco más abajo
y digo con el rabo que me gusta
pecar
de vez en cuando
la muy tonta se aleja y yo me quedo
atado a mi cadena
con tantos eslabones que parecen de piedra
y son de humo
o de una pena negra efímera y perpetua
pero que sabe a hueso
o tal vez a obediencia Dios sabe
que la obediencia a veces sabe a hueso
y es muy duro
pensar y muy amargo
y corta mi cadena perpetua
de huesos o evidencias ya tan fieles
que va echando miseria inoxidable
carlanca de la buena
que ya más que cadena
ésta es la mía
me parece digo yo es mi opinión modesta
que es mi fidelidad
que ser pudiera
fidelidad perdida
la mía
está perdida
es una fidelidad que está en los huesos
por eso duele tanto al encontrarla
flaca fidelidad color de hambre
que sin embargo pesa
como una verdadera cadena de pecados
columna vertebral de haber tardado tanto
en llegar a esta puerta de Hambre
vaya por Dios
y todo sea por Dios
y gracias a Dios que ya me ha echado
esa doble cadena por el cuello
una fiel y otra infiel
que son tres
y entre las cuatro me dicen que ya suman
la libertad
y llevo una
libertad
la cual según se mira como su nombre indica
indica que es un hueso
de pura libertad
muy dura de roer
que sabe tibiamente
a morirse un viernes por la tarde frente al lago
Monona
que quiere decir Tarde
el de la Tarde
el lago de los indios por la Tarde.
 








EN DIOS NI MÁS NI MENOS

 Homenaje a Valdés Leal



Y hablando ahora de Dios
en Dios
ahora me acuerdo
de Dios
a buenas horas


ni mas ni menos
es una balanza
las altas calentitas de la muerte
guiñándonos el ojo TECONOZCO
con dos muertos podridos mano a mano
de podre natural
es lo que pasa


la muerte natural es lo que pasa
cada día
se va viendo más claro
lo que pesa
pasa y come
oncológicamente
de miseria
por do más pecado había
por el alma
nos come con el hambre susodicha
por el páncreas
será
por el zapato
que también se le comen los gusanos


morir
naturalmente
hay que podrir
por do más pecado había
natural
quedando ya en sombrero
cuello duro y un gesto de decir
ya me comen ya me comen
por do no había pecado ni siquiera
imperativamente escatológico
me comen por las uñas
del reloj


ése es el caso
morir hay que morir
no hacerse el tonto
de una viditis súbita inflamada
de amor o de flemones
es el caso
la cosa esa cosita
esa bendita
balanza de Dios


que da lo mismo digo
echarle corazón que echar un perro
porque un perro que pesa sus palabras
de amor
puede pesar lo suyo en la balanza
y hay días
que el corazón no pesa casi nada
y es el caso
que puestos a pesar en dos platillos
un corazón ya muerto
y un perrillo viviente
allá se va la cosa
allá se anda
el corazón del hombre virtuoso
y el perro miserable
perra vida
allá se van allá
que Dios está en el fiel de la balanza
y ve que los platillos son iguales
cargados de rosarios de la aurora
o de un perro y sus pulgas
si se rasca
con amor
o con sana
ésa es la cosa
hablando ahora de Dios
en Dios
ni mas ni menos


que nada pesa en ti Señor
con peso firme
ni el mérito medido en merecido
es astilla en tu palo
ni hay blasfemia que pese
que pueda ser pesar lo que se dice
pesar
para tus propias pesas de ordenanza


Tú eres solo Señor
peso pesado y tanto
tonelada mayor de Hoy para siempre
ante la cual no hay gramo de mañana
Tú eres tu propio peso
y la romana
manera de pesar
medida de mirar no de medir
que Tú ves consideras
que todo es poca cosa
en los platillos
cosa que pesa y pasa
que pasa pronto a este paso
si no es tu propio pesar
Señor
si no es tu propio dolor
de abrir los ojos y ver
que todo es nada en Ti sin Ti no es nada


asi
me digo yo
NI MAS NI MENOS. 





DENTRO DE LA GRAVEDAD
SEGUNDA LLAMADA TELEFÓNICA
Y
EL
SEÑOR
ESTÁ
COMUNICANDO
 
Encontrar un teléfono a estas horas
altas horas de la noche
de perros
vaya horas
que son las de dormir según se sabe
me ha costado lo mío
mejor dicho lo Tuyo
que ha sido Dios y ayuda
porque éstas no son horas me decían
de llamar al Señor
total para decirle
que hay alguien que le llama con urgencia
a estas horas
que no son horas éstas de molestar a nadie
y menos al Señor
a buenas horas
a buenas horas se atreve uno a decirle
al Señor
que le llaman para que a lo mejor pregunte
sabe Dios
¿qué me llaman a Mí?
¿y quién es el que llama si se puede
saber
quién es el que pregunta por Mí y a tales horas?
y tener que decirle al Señor
Señor
a tales horas
el que está al aparato
pregunta que pregunta que pregunta
por Ti
no es nadie más que un perro
a buenas horas voy
y le digo al Señor que quien pregunta
quien está al aparato
espera que te espera que te espera
no es nadie más que un perro
a buenas horas

por eso que decían
yo me digo
que habrá sido milagro
que ha sido Dios y ayuda pero dentro
de la gravedad
de estar perdido
de ser perro perdido de su Amo
haber dado con ella con la línea
directa
ha sido suerte que se pasa de la raya
dentro de la gravedad
y lo urgente del caso
perdido
ha sido tener la potra padre
o más la suerte Hijo
el dar con esa línea de conducta
telefónica
interior
para llamar al Amo
es lo mejor
dentro de la gravedad
de estar perdido a todas luces
es lo mejor llamar
pedir auxilio
socorro que se ahoga
ese perro perdido
por su culpa
es lo mejor la línea
directa
dejarse de porteros que no saben
siquiera si el Señor está en su casa
Señor está en su casa
herido
de una vez
aunque falte saber si no se enfada
el Señor
por haber llamado por las buenas
líneas directas
encontradas
milagrito será si no es milagro
que aún nos queda por ver
si acaso te conoce
como dices
que no te lo mereces
por haberte perdido
por tu culpa
dentro de la gravedad
menuda suertecita te has calzado
al dar con esa línea de conducta
interior

cuando estabas perdido a todas horas
y eras perro perdido a todas luces
aunque falte saber si el Señor es tu Amo
como juras
y más si quiere perros
y dado que los quiera
que sean negros
y dado que sean negros
que seas uno
y puesto que seas ese
que te dejen
entrar
por eso digo yo
no cabe duda
ha sido Dios y ayuda pero dentro
de la gravedad
no hay más remedio
que coger el teléfono y decir

Señor
aquí estoy por mi culpa
perdido
negro
solo
sólo que estoy de vuelta
Señor aquí me tienes
si quieres
a tu perro

no hay duda
no hay remedio
no hay salida
sino sólo teléfono en la vida
y no hay que darle vueltas
lo que tienes que hacer es darle ya
sus vueltas de una vez a ese disquito
de Dios 

C de Cabal
R de Regalo
I de Interno
S de Suave
T de Templado
O de Olvido de sí mismo en lo que es Otro

y a ver
a ver qué pasa
a ver lo que sucede con el timbre
que suena que te suena va y me dice
que el Señor ESTA
comunicando
¡Cristo!
me ha oído 

C de Cruz
R de Retiro
I de Indestructible
S de Salud
T de Temiblemente
O de Oscura

y el Señor 

ES 

comunicando
pero ESTÁ 

ya volveré a llamar yo tengo tiempo
yo siempre tengo tiempo de morirme
después
de volver a llamar 

C de Cruz
R de Regostada
I de Inclinación de incendio
S de Sangre de silencio
T de Tiniebla tan temida
O de Ocúltame a mí de Ti en tu propia sombra

y ya 

ESTÁ

el Señor siempre
ESTÁ
 
comunicando  
en silencio
esperando en silencio siempre que le llamen
ya volveré a llamar
ya volveré
a llamar
y mi Amo me oirá que por algo es quien es
mi Amo.
Madison, 2-12-1962.



ADIÓS 
Que es una cita con mi hijo
—en el otro mundo—
porque me pidió mis verso.

Si eres astilla de este palo viejo
te acordarás de mí, cuando me muera
alguna tarde ronca y agorera,
para mirar los versos que te dejo.

Para encontrarte solo en tu pellejo,
para decir: Ya es hora que lo fuera
mordiendo la amargura de la espera,
vendrás a ver los versos que te dejo.

Saliendo de algún cine, algún festejo,
después de haber mentido a la cordera,
después de haber tirado a la escalera
la conciencia, si frunce el entrecejo;

cuando la soledad con su cortejo
de pies de muchedumbre y pelotera
te cuelgue un cartelito a la trasera
diciéndote: no hay luz, sólo hay reflejo.

Cuando el pecado clave en sí su rejo
y te haga estremecer y dar dentera
lo triste que es la vida puñetera
mostrándote su risa de conejo,

vendrás para mirarte en este espejo
para hablar de hombre a hombre —cuando muera—,
de viva muerte a muerto en su trinchera,
de viva voz a muerto en su librejo.

Entonces, para entonces, no hay consejo.
No reniegues de nada, calla, espera.
Por el cielo de nuestra primavera
acaso cruce, puro, algún vencejo.

Entonces, para entonces, que Dios quiera
que en estos tristes versos que te dejo
puedas leer tu cielo a tu manera
y decir en voz queda: no me quejo.
París, 1958.



«NO QUIERO LA SOMBRA. ESTOY CANSADO… »

Yo no quiero la sombra. Estoy cansado
del pájaro y la flor. No me alimento
del nombre de las cosas. Desaliento
del número y el símbolo guardado.

Hoy no entiendo ni el mar. Estoy cansado
de tanto esperar hondo ese momento
que nunca llegará. Ni me lamento 
ni espero con pasión. Estoy cansado. 

¡Decídmelo, los muertos, dónde está!





«TODOS SE APOYAN EN TI, ESPAÑA… »

Todos se apoyan en ti, España,
en tu cadáver, para ser valiosos,
y los que no sintieron dolorosos
atravesar tu puerta…

Aquellos que a la puerta de tu hazaña
clamaban por su júbilo mezquino
de conservar la vida y su destino,
venden hoy tu cadáver triste, España.

Venden hoy tu cadáver triste, España,
tus glorias invocando y tu divino
dolor o ensimismado desatino,
o apasionado sueño de guadaña.

Tu apasionado sueño de guadaña,
bordado en su ambición y entretejido
de duelos y lamentos infernales

que tiemblan como cueva de una araña,
al tacto de las patas en su nido
viscoso en los oscuros pedernales.




A LOS OUE LLORAN FALSAMENTE ESPAÑA

Hoy que concede títulos de gloria
la sombra de tu sangre derramada
y con tu sola estirpe proclamada
se teje una diadema en tu memoria,
junto al fuego más vivo, hay una escoria
que oculta en tu cadáver su acabada
y estéril e infecunda y apagada
ceniza de tu nombre y tu historia.
Los que más te desprecian, más invocan
su origen radical en tu terreno.
Y aquellos que pasivos a tu muerte
se reunieron impávidos, sofocan
su llanto y su dolor y desenfreno
para hacer más negocio al ofenderte.




«TIRANDO, VOY TIRANDO, TODOS VAMOS. ..»


Tirando, voy tirando, todos vamos
                       tirando.
Hasta la muerte todos tiran,
todos vamos tirando de la vida,
todos llevan a cuestas ese saco.

Todos somos un poco escarabajo,
empuja que te empuja la pelota.
Seguir tras de su pena, desmorona,
querer frenar en seco, es un mal paso.

La bola de ayer y del mañana
que vamos empujando a todas horas,
la bola que nos nutre, nos devora
y a fuerza de empujarla, nos arrastra. 




BOCAZAS
A PEDIR DE BOCA

¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de
Este cuerpo de muerte?
S. PABLO, ROMANOS, VII, 24.

Señor yo no lo sé

te lo sabes

he pedido más golpes pero ignoro
si llegado el momento tendré fuerza
costillas
tanto lomo dispuesto
tan buena rabadilla para el lique

he pedido más llanto
para llenar con lágrimas constantes y sonantes
siquiera un cacharrillo pequeñejo
en que poner todo un pensamiento
un solo pensamiento morado y amarillo
para Ti
para cuando me llames
mas sabe Dios si Tú me das pañuelo
porque no tengo narices
que las tiene la cosa no te creas

porque pido más golpes para cuando
la estaca verde amague pero cuando
amaga bien la estaca por lo alto
por todo lo más alto
de la verdad y esquinas adyacentes
por todo lo más alto
de sufrirlo por Ti
se me arruga el ombligo
me llevo las manos y los pies a la cabeza
me subo los omóplatos al cráneo
y huyo el golpe encogiendo el trasero tras la sombra

así ha sido Señor por mi vergüenza
me veo hecho un bocazas a tus Ojos
que la boca de pedir de boca
se me ha vuelto boquilla
de pedir
de boquilla

pero Tú lo ves todo
y sabes que ahora mismo
aquí en lo más delgado
del alma del pulmón de las arterias
en un momento cumbre de mi vida palpable
sabes que te lo pido de rodillas
de corazón
de cuerpo entero
de codos al balcón de mi bochorno
del hombro derecho de mi fe al hombro izquierdo
de mi fe y esperanza yo te pido
de hombre a Dios mío Cristo hijo
te pido sufrimiento para ofrenda
y si Tú lo permites
valor para aguantar el sufrimiento
y Tú que lo veas

Si me dejas
me dejas de tu Mano
y dejado
traiciono
yo sé que te traiciono
más
mas si Tú lo permites
Señor
modestamente
pido más estacazos para encajar el golpe
para encajar
el golpe seco en la hornacina del dolor correspondiente

en el pecho del corazón
y si Tú no estás harto
de tanta petición y tanta nada
Señor
PIDO TAMBIÉN MI MUERTE
si tú me das licencia
para pedir tanto
y en Tu nombre

que venga Cristo y lo vea.