jueves, 14 de febrero de 2013

Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez Mantecón. (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958). Poeta español y premio Nobel de Literatura. Estudia en la Universidad de Sevilla, pero abandona Derecho y Pintura para dedicarse a la literatura influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses. Tiene varias crisis de neurosis depresiva y permanece ingresado en Francia y en Madrid. En esta ciudad se instala definitivamente; realiza viajes a Francia y a Estados Unidos, donde se casa en 1916 con Zenobia Camprubí. En 1936, al estallar la Guerra Civil española, se exilia a Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico. En este último país recibe la noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1956.
La crítica suele dividir su trayectoria poética en tres etapas:
Etapa sensitiva (1898-1915): marcada por la influencia de Bécquer, el Simbolismo y el Modernismo. En ella predominan las descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos. Se trata de una poesía emotiva y sentimental donde se trasluce la sensibilidad del poeta a través del perfeccionismo de la estructura formal.
Etapa intelectual (1916-1936): descubrimiento del mar como motivo trascendente. El mar simboliza la vida, la soledad, el gozo, el eterno tiempo presente. Se inicia asimismo una evolución espiritual que lo lleva a buscar la trascendencia. En su deseo de salvarse ante la muerte se esfuerza por alcanzar la eternidad, que busca conseguir a través de la belleza y la depuración poética.
Etapa verdadera (1937-1958): todo lo escrito durante su exilio americano.
La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, repudia - o de los que salva algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones.

Tomado del Instituto Cervantes.







RETORNO FUGAZ

¿Cómo era, Dios mío, cómo era? 
—¡Oh corazón falaz, mente indecisa!— 
¿Era como el pasaje de la brisa? 
¿Como la huida de la primavera? 
Tan leve, tan voluble, tan lijera 
cual estival villano... ¡Sí! Imprecisa 
como sonrisa que se pierde en risa... 
¡Vana en el aire, igual que una bandera! 
¡Bandera, sonreír, vilano, alada 
primavera de junio, brisa pura... 
¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste! 
Todo tu cambiar trocose en nada 
—¡memoria, ciega abeja de amargura!— 
¡No sé cómo eras, yo que sé qué fuiste!




    EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros 
cantando. 
Y se quedará mi huerto con su verde árbol, 
y con su pozo blanco. 
Todas las tardes el cielo será azul y plácido, 
y tocarán, como esta tarde están tocando, 
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron 
y el pueblo se hará nuevo cada año; 
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro 
del domingo cerrado, 
del coche de las cinco, de las siestas del baño, 
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado, 
mi espíritu de hoy errará, nostáljico... 
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco, 
sin cielo azul y plácido... 
Y se quedarán los pájaros cantando.



Baladas de Primavera (1907) 

Cuando Preciosa el panderete toca, 
y hiere el dulce son los aires vanos, 
perlas son que derrama con las manos 
flores son que despide con la boca. 
CERVANTES: La Gitanilla. 

¡Carne de música, rosal de sangre loca, 
sol con estrellas, manzana matutina, 
pon en mi boca las rosas de tu boca, 
tu boca roja de sol y coralina! 
¡Ábrete toda como una dulce fruta, 
llena de rizos al pino de tu palma, 
pon, africana, sobre mi amarga ruta, 
la sombra fresca del pozo de tu alma! 
Mi hogar espera la luz de tu tesoro, 
carne de bronce, de seda y de topacio; 
¡dórame todo con tu esplendor de oro, 
mujer, abierta lo mismo que un palacio! 
Luz, pandereta, cristal en flor, granada, 
agua de azul, mariposa florecida, 
¡quita con una sonora carcajada 
las flores secas del libro de mi vida! 
Quédate en mí, soy pobre y soy poeta, 
huyó en mi blanco pegaso la fortuna, 
y quiero oír tu alegre pandereta 
cuando florezca la nieve de la luna... 
Agua, amapola, rosal de sangre loca, 
vida de música, gitana cristalina, 
¡dale a mi boca la fruta de tu boca, 
tu boca roja de sol y coralina! 


Octubre

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.
Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno;
a ver si con romperlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.



Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
. . . Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas . . .
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

*******


Vino, primero pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros
¡Que iracundia de yel y sin sentido! 
. . . Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda . . .
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!



EL MAR LEJANO 


La fuente trueca su cantata. 
Se mueven todos los caminos... 
Mar de la aurora, mar de plata, 
¡qué nuevo estás entre los pinos! 
Viento del sur ¿vienes sonoro 
de granas? Ciegan los caminos... 
Mar de la siesta, mar de oro, 
¡qué loco estás sobre los pinos! 

Dice el verdón no sé qué cosa. 
Mi alma se va por los caminos... 
Mar de la tarde, mar de rosa, 
¡qué dulce estás bajo los pinos! 


EL OASIS 

Verde brillor sobre el oscuro verde.
Nido profundo de hojas y rumor,
donde el pájaro late, el agua vive,
y el hombre y la mujer callan, tapados
(el áureo centro abierto en torno
de la desnudez única)
por el azul redondo de luz sola
en donde está la eternidad.
Pabellón vivo, firme plenitud,
para descanso natural del ansia,
con todo lo que es, fue, puede ser,
abierto en concentrada suma;
abreviatura de edén sur,
fruta un poco mayor (amparo solo
de la desnudez única)
en donde está la eternidad.
Color, jugo, rumor, curva, olor ricos
colman con amplitud caliente y fresca,
total de gloria y de destino,
la entrada casual a un molde inmenso
(encontrado al azar de horas y siglos,
para la desnudez única)
mina libre de luz eterna y sola
en donde está la eternidad. 



EL TODO 

No recordar nada... 
Que me hunda la noche callada, 
como una bandada 
blanda y acabada. 
(Que no quede nada... 
Que pase la mujer amada 
por una dejada 
estancia soñada) 
No desear nada... 
Perderse en la idea sagrada, 
como una dorada 
sombra en la alborada. 


LUNA GRANDE 

La puerta está abierta, 
el grillo cantando. 
¿Andas tú desnuda 
por el campo? 
Como un agua eterna, 
por todo entra y sale. 
¿Andas tú desnuda 
por el aire? 
La albahaca no duerme, 
la hormiga trabaja. 
¿Andas tú desnuda 
por la casa? 
Yo me moriré, y la noche 
triste, serena y callada, 
dormirá el mundo a los rayos 
de su luna solitaria. 
Mi cuerpo estará amarillo, 
y por la abierta ventana 
entrará una brisa fresca 
preguntando por mi alma. 
No sé si habrá quien solloce 
cerca de mi negra caja, 
o quien me dé un largo beso 
entre caricias y lágrimas. 
Pero habrá estrellas y flores 
y suspiros y fragancias, 
y amor en las avenidas 
a la sombra de las ramas. 
Y sonará ese piano 
como en esta noche plácida, 
y no tendrá quien lo escuche 
sollozando en la ventana. 


Yo no soy yo. 
Soy este 
que va a mi lado sin yo verlo, 
que, a veces, voy a ver, 
y que, a veces olvido. 
El que calla, sereno, cuando hablo, 
el que perdona, dulce, cuando odio, 
el que pasea por donde no estoy, 
el que quedará en pie cuando yo muera.

CALLE DE LOS MARINEROS

¡Granados en cielo azul!
¡Calle de los marineros;
qué verdes están tus árboles,
qué alegre tienes el cielo!
¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
(ojo gris, mechón de oro,
rostro florido y moreno)!
La mujer canta a la puerta:
“¡Vida de los marineros;
el hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!”
(¡Virgen del Carmen, que estén
siempre en tus manos los remos;
que, bajo tus ojos, sean
dulce el mar y azul el cielo!)
…Por la tarde, brilla el aire;
el ocaso está de ensueños;
es un oro de nostalgia,
de llanto y de pensamiento.
(Como si el viento trajera
el sinfín y, en su revuelto
afán, la pena mirara
y oyera a los que están lejos.)
i Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
(la blusa azul, y la cinta
milagrera sobre el pecho)!
¡Granados en cielo azul!
[Calle de los marineros!
¡El hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!


EL VALLE
Anda el agua de alborada
ROMANCE POPULAR
Doraba la luna el río
(¡fresco de la madrugada!)
Por el mar venían olas
Teñidas de luz de alba.
El campo débil y triste
Se iba alumbrando. Quedaba
El canto roto de un grillo,
La queja oscura de un agua.
Huía el viento a su gruta,
El horror a su cabaña;
En el verde de los pinos,
Se iban abriendo las alas.
Las estrellas se morían,
Se rosaba la montaña;
Allá en el pozo del huerto,
La golondrina cantaba.


PASTORAL

Tristeza dulce del campo.
La tarde viene cayendo.
De las praderas segadas
llega un suave olor a heno.
Los pinares se han dormido.
Sobre la colina, el cielo
es tiernamente violeta.
Canta un ruiseñor despierto.
Vengo detrás de una copla
que había por el sendero,
copla de llanto, aromada
con el olor de este tiempo;
copla que iba llorando
no se qué cariño muerto,
de otras tardes de setiembre
que olieron también a heno.


PAZ

La fina sombra verde de las movidas hojas
Acaricia la pajina pura que voy leyendo…
(De allá del sol vecino de las colinas rojas,
viene un olor a lirios, que ya van floreciendo.
Por el arroyo seco, que enarena su fondo.
regueros de verbenas se pierden a lo lejos…
El corazón de la torre vieja da un hondo
campanazo en su armadura de azulejos.)
Soledad. Luz. Silencio. En la vibrante calma
(entre pajina y campo), mece la hora tranquila
arrobamientos claros que le sacan al alma
una brisa, una flor, un pájaro, una esquila…


EXTRAMUROS

Tornan los gorriones a recojerse al nido
del ciprés, y el sol cae, flor del árbol del día.
El campo, con la sombra, parece que se ha ido.
Niñas y argeles cruzan su aguda gritería.
A veces, entre el polvo malva, un cascabeleo
pasa, de carricoches que vuelven de las viñas
verdes, dejando estelas fragantes de deseo,
que hacen temblar, un punto, las voces de las niñas.
Las estrellas empiezan a contemplar el mundo.
—Hombres tristes retornan junto al muro morado—.
Al fin, sólo es la brisa la dueña del profundo
momento, y es mar de la isla del pueblo amurallado.


BALADA DE LA LUNA EN EL PINO

La luna estaba en el pino,
rosa en el cielo violeta…
hoy viene en una carreta,
muerto y sin rumor, el pino…
¿Vendrá la luna en el pino?
Sobre el polvo del camino,
¡oh, qué frescura violeta!,
¡cómo gime la carreta
por el morado camino!
¿Vendrá la luna en el pino?
¡Cuan blandamente va el pino
rozando el suelo violeta!
Llanto verde, la carreta
llora, del verdor del pino…
 ¿Vendrá la luna en el pino?
¿Dónde está el lirio divino
de aquel naciente violeta?
i.. .lleva, rosa, la carreta
como un esplendor divino!
¿Vendrá la luna en el pino?
La luna estaba en el pino,
rosa en el cielo violeta…
hoy viene en una carreta,
muerto y sin rumor, el pino…
¿Vendrá la luna en el pino?

NADA

A tu abandono opongo la elevada
torre de mi divino pensamiento;
subido a ella, el corazón sangriento
verá la mar, por él empurpurada.
Fabricaré en mi sombra la alborada,
Mi lira guardaré del vano viento,
Buscaré en mis entrañas mi sustento…
Mas ¡ay! ¿y si esta paz no fuera nada?
¡Nada, sí, nada, nada!... —O que cayera
mi corazón al agua, y de este modo
fuese el mundo un castillo hueco y frío…
Que tú eres tú, la humana primavera,
la tierra, el aire, el agua, el fuego, ¡todo!,
…¡y soy yo sólo el pensamiento mío!


EL JARDÍN

Era —¡no, no era así!— de otra manera.
La primavera verde todavía
no era gloria del sol; mas parecía
que lo era, ¡y no lo era!... ¡y sí lo era!
Hoy, en el banco que la primavera
cuelga de verde y guarda de armonía,
parece que el invierno torna fría
y honda la ardiente plenitud primera.
No, no es el sitio. Nada está anhelando
y todo está contento y en su hora,
sin ansia y sin temor de la mudanza.
Es abril porque abril está pasando,
¡mas no lo es, porque en su verde aurora
no se levanta el sol de mi esperanza!


(Oberón a Titania)
Mar en calma, la noche plateada
se ofrece, inmensa, a mi amargura;
ruta total de puro azul
para ultraocasos solos de ventura última.
¡Si llegara yo a ti,
nadando en esta luna!


PRIMAVERA

Abril, sin tu asistencia clara, fuera
invierno de caídos esplendores;
mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera;
rosa de los caminos interiores,
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recogerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa,
tu luz se dormirá sobre mi frente…



AL DESTINO

Para quererte, al destino
Le he puesto mi corazón.
Ya no podrás libertarte
(¡ya no podré libertarme!)
de lo fatal de este amor.
No lo pienso, no lo sientes.
Yo y tú somos ya tú y yo,
los dos somos ya los dos,
como el mar y como el cielo
cielo y mar, sin querer, son.


SOLEDAD

En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente…
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!


CIELO

Te tenía olvidado,
cielo, y no eras
mas que un vago existir de luz,
visto —sin nombre
por mis cansados ojos indolentes.
Y aparecías, entre las palabras
perezosas y desesperanzadas del viajero,
como en breves lagunas repetidas
de un paisaje de agua visto en sueños…
Hoy te he mirado lentamente,
y te has ido elevando hasta tu nombre.


¡Oh tiempo, dame tu secreto,
que te hace más nuevo cuanto
más envejeces!
Día tras día, tu pasado
es menor, y tu porvenir más grande,
-y tu presente
¡lo mismo siempre que el instante
de la flor del almendro!
¡Tiempo sin huellas:
dame el secreto con que invade,
cada día, tu espíritu a tu cuerpo!


AMOR

El olor de una flor nos hace dueños,
por un instante, del destino;
el sol del cielo azul que, por la tarde,
la puerta que se entreabre deja entrar;
el presentir una alearía iusta;
un pájaro que viene a la ventana;
un momento del algo inesperado…
No hay en la soledad y en el silencio
mas que nosotros tres:
—visita, hombre, misterio—.
El tiempo y los recuerdos
no son nudos de atajos,
sino de luz y aire. Andarnos sonriendo
sobre el tranquilo mar. La casa es dulce,
bellas sus vistas…
Y, un instante,
Reinamos ¡pobres! Sobre nuestra vida.


NAVEGANTE

El mar otra vez, el mar
Conmigo.
(¿La estrella echa
en el tumulto morado
vislumbres de plata eterna?)
Me impongo a la oscuridad
libre (no quiero la estrella).
Cara a lo negro infinito,
lo negro inmenso me orienta.
La sombra me evita el sitio
y me pone el agua interna,
las costas oscuras son
costas de honda presencia.
Yo soy más grande que el mar,
da la nada en mi cabeza,
sólo yo vivo en el luto
de la soledad sin mengua.
Mundo total, negro puro,
en el agua que es la tierra,
tierra una y agua una
para quien viva. O quien muera.


DEL FONDO DE LA VIDA

En el pedral, un sol sobre un espino, mío.
Y mirándolo ¿yo?
Oasis de sequera vejetal
del mineral, en medio de los otros (naturales
y artificiales, todas las especies)
de una especie diversa, y de otra especie
que tú, mujer, y que yo, hombre;
y que va a vivir menos,
mucho menos que tú, mujer, si no lo miro.
Déjame que lo mire yo, este espino (y lo oiga)
de gritante oro fúljido, fuego sofocante
silencioso,
que ha sacado del fondo de la tierra
ese ser natural (tronco, hoja, espina;
de seca condición aguda;
sin más anhelo ni cuidado
que su color, su olor, su forma; y su sustancia,
y su esencia (que es su vida y su conciencia).
Una expresión distinta, que en el sol
grita en silencio lo que yo oigo, oigo.
Déjame que lo mire y considere.
Porque yo he sacado, diverso
también, del fondo de la tierra,
mi forma, mi color, mi olor; y mi sustancia,
y mi esencia (que es mi vida y mi conciencia)
carne y hueso (con ojos indudables)
sin más cuidado ni ansia
que una palabra iluminada,
que una palabra fuljidente,
que una palabra fogueante,
expresión distinta, que en el sol está gritando silenciosa;
que quizás algo o alguien, oiga, oiga.
Y, hombre frente a espino, aquí estoy, con el sol
(que no sé de que especie puedo ser,
si un sol desierto me traspasa)
un sol, un igual sol, sobre dos sueños.
Déjanos a los dos que nos miremos.


EL NOMBRE CONSEGUIDO DE LOS NOMBRES

Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.
Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradla.
Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.
Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un dios.
El dios que es siempre al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.