miércoles, 27 de febrero de 2013

El Árbol Sagrado


El Árbol Sagrado nació como manual de espiritualidad indígena para indígenas norteamericanos. Los ancianos han profetizado que, volviendo a los valores tradicionales, los pueblos ancestrales pueden encontrar la llave para liberar la fuerza que los guíe a su propia vía de desarrollo. Esta transformación bien podría tener un efecto sanador en el planeta entero.

El Relato

Para todos los pueblos de la Tierra, el Creador ha plantado un Árbol Sagrado, para que se junten bajo su sombra. Es aquí donde la gente encuentra la sanación, el poder, la sabiduría y la seguridad. Las raíces de este Árbol se extienden y penetran profundamente en el cuerpo de la Madre Tierra. Sus ramas se alzan como manos que oran al Padre Cielo.

Los frutos del Árbol son las cosas buenas que el Creador ha otorgado a su pueblo: el amor, la preocupación por los demás, la generosidad, la paciencia, la sabiduría, la equidad, el coraje, la justicia, el respeto, la humildad y muchos otros dones preciosos.

Los mayores nos enseñaron que la vida del Árbol es la vida del pueblo. Si el pueblo se aparta mucho de la seguridad del Árbol, si olvida comer sus frutos, o si se vuelve contra el Árbol y lo trata de destruir, una gran tristeza caerá sobre él. Muchos se afligirán. La gente perderá su poder. Dejará de soñar y de tener visiones. Empezará a discutir por trivialidades. Ya no sabrán decir la verdad ni ser honestos los unos con los otros. Olvidarán cómo vivir en su propia Tierra. Sus vidas se llenarán de ira y tristeza. Poco a poco, se envenenarán a sí mismos y a todo lo que tocan.

Los que nos precedieron dijeron que estas cosas sucederían, pero también dijeron que el Árbol no moriría jamás. Y mientras viva el Árbol, vivirá el pueblo. Dijeron que llegará un día en que el pueblo despertará de nuevo, como de un largo sueño producido por una droga; empezará nuevamente a buscar el Árbol Sagrado. Al principio, su búsqueda será temerosa, pero poco a poco entenderán cuán importante es.

El lugar del Árbol y sus frutos se ha cuidado y preservado con esmero en las mentes y los corazones sabios de los ancianos y los mayores. Estos individuos humildes y amorosos guiarán a cualquiera que busque honesta y sinceramente el camino que conduce a la sombra protectora y a los frutos del Árbol Sagrado.

La Rueda Sagrada

Podemos considerar que la familia humana tiene cuatro razas simbólicas: la roja, la amarilla, la blanca y la negra. La rueda sagrada nos enseña que las cuatro razas simbólicas son todas integrantes de la misma familia humana. Todos son hermanos y hermanas, que viven en la misma Madre Tierra.
La rueda sagrada nos enseña que nuestra naturaleza humana tiene cuatro aspectos: lo físico, lo mental, lo afectivo y lo espiritual. Cada uno de estos aspectos se debe desarrollar por igual en una persona sana y equilibrada, usando el poder de la voluntad.

El Potencial

Toda semilla tiene el potencial de llegar a ser un árbol. Los cuatro aspectos de nuestra naturaleza (lo físico, lo afectivo, lo mental y lo espiritual) son como semillas. Por lo tanto, cada aspecto tiene el potencial de desarrollar poderosos dones.

Principios Básicos del Árbol Sagrado
Todas las cosas están interrelacionadas. Todo cuanto existe en el universo es parte de una unidad. Todas las cosas están vinculadas de una manera u otra a todas las demás. La única manera de comprender algo es entendiendo cómo se relaciona con todo lo demás.
Toda la creación cambia constantemente. Nada es invariable; lo único que no varía es el hecho de que siempre hay ciclos de cambio. Una estación sigue a otra. Los seres humanos nacen, viven, mueren y entran al mundo de los espíritus. Todas las cosas cambian. Hay dos tipos de cambio: la unión (el desarrollo) y la desunión (la desintegración). Ambos son necesarios y siempre están interconectados.
Los cambios se producen en forma cíclica o estructurada. No ocurren al azar y sin propósito. A veces, es difícil ver cómo un cierto cambio se relaciona con el conjunto. Generalmente, esto significa que nuestra capacidad de ver está limitada por la situación en la que nos encontramos.
El mundo físico es real. El mundo espiritual es real. Sin embargo, las leyes que los rigen son distintas. La transgresión de las leyes espirituales puede afectar al mundo físico, y la transgresión de las leyes físicas puede afectar al mundo espiritual. Una vida equilibrada es aquella que respeta tanto las leyes del mundo físico como las del mundo espiritual.
Los seres humanos somos seres físicos y espirituales a la vez.
Los seres humanos podemos adquirir constantemente nuevos dones, pero tenemos que esforzarnos para lograrlo. La persona tímida puede llegar a ser valiente. La débil puede llegar a ser fuerte e intrépida. La insensible puede aprender a respetar la sensibilidad de los demás. La que sólo valora el dinero y las cosas materiales puede empezar a mirar hacia adentro y a escuchar su voz interior. Cuando los seres humanos adquieren nuevas cualidades, se produce un proceso que se conoce como "desarrollo" o "auténtico aprendizaje".
El aprendizaje verdadero tiene cuatro elementos. Estos cuatro elementos de la naturaleza de toda persona están representados por los cuatro puntos de la rueda sagrada (físico, emocional, mental y espiritual). Estas cuatro partes de nuestro ser se desarrollan por medio de nuestra voluntad. Una persona no puede aprender de forma integral y equilibrada si en el proceso no participan los cuatro elementos de su ser.
El aspecto espiritual de nuestra naturaleza se desarrolla de cuatro maneras que están interrelacionadas: En primer lugar, somos capaces de responder a la realidad no física, como los sueños, las visiones, los ideales, las enseñanzas, las metas y los pensamientos espirituales. En segundo lugar, somos capaces de entender que estas realidades no físicas pueden indicarnos qué potencial tenemos para ser algo más, para ser distintos de lo que somos actualmente. En tercer lugar, tenemos la capacidad interior de expresar todo esto en sueños, visiones, ideales y enseñanzas espirituales, además de nuestras metas y pensamientos, a través de los símbolos (por ejemplo, el lenguaje, las matemáticas y las artes). En cuarto lugar, somos capaces de usar estos símbolos como guías de nuestros actos futuros. Estos actos nos permitirán hacer realidad la visión o la meta que hemos concebido a través de los símbolos, y así desarrollar nuestro verdadero potencial.
Tenemos que participar activamente en el desarrollo de nuestro potencial.
El portal que todos deben cruzar si desean ser mejores o diferentes de lo que son es el de la voluntad. Hay que decidirse a emprender ese camino. El camino tiene una paciencia ilimitada. Siempre estará esperando a los que deciden recorrerlo.
El que emprende el camino del autodesarrollo recibirá ayuda. Habrá guías y maestros que aparecerán en su camino y protectores que lo cuidarán. No se le presentará ninguna prueba que no tenga fuerzas para enfrentar.
Una vez que emprendemos este camino, sólo fracasaremos si nuestro propio descuido nos lleva a ignorar las enseñanzas del Árbol Sagrado

La Ética del Árbol Sagrado

1. Cada mañana, al despertar, y cada noche, antes de dormir, dar gracias por la vida que fluye dentro de ti, por todas las manifestaciones de la vida, por todo lo bueno que el Creador te ha dado y les ha dado a los demás, y por la oportunidad de crecer cada día un poco más. Debes dar gracias por los pensamientos y las acciones del día anterior y por la decisión de perfeccionarte y la fuerza que te lleva a esforzarte por conseguirlo. Debes pedir que sucedan cosas que beneficien a todos.

2. Respetar significa sentir admiración o tenerle estimación a alguien o a algo; tomar en cuenta su bienestar o tratarlo con deferencia y cortesía. Mostrar respeto es una ley fundamental de la vida.
Tratar siempre con respeto a todos, desde el niño más pequeño a la persona más anciana.
Tratar con un respeto especial a los mayores, a nuestros padres, a los maestros y a los dirigentes de la comunidad.
No rebajar a nadie; evitar herir a otros corazones así como evitarías un veneno mortífero.
No tocar nada que pertenezca a otra persona (especialmente los objetos sagrados), sin contar con su autorización o con un acuerdo entre ambas.
No interrumpir jamás a otras personas cuando están hablando.
Respetar la intimidad de todos. No interrumpir a nadie cuando esté en el silencio o cuando se haya aislado en su espacio personal.
No hablar nunca mal de nadie, ya sea delante de la persona o cuando no esté presente.
Tratar a la Tierra, en todos sus aspectos, como a tu madre. Mostrar un profundo respeto por el mundo mineral, el mundo vegetal y el mundo animal. No hacer nada que contamine al aire o al suelo. Si otros pretenden destruir a nuestra madre, erguirse con sabiduría para defenderla.
Mostrar un profundo respeto por las creencias y las religiones de los demás.
Escuchar con cortesía a los demás, incluso si sientes que lo que dicen no tiene valor.

3. Respetar la sabiduría del pueblo en sus consejos o reuniones. Una vez que hayas aportado una idea en un consejo o una reunión, ella ya no te pertenece; pertenece al pueblo. El respeto exige que escuches con cuidado las ideas de los otros miembros del consejo y que no insistas en que tu idea es la mejor. Debes apoyar con mucha libertad las ideas de los demás si son verdaderas y buenas, inclusive si son muy diferentes a las que tú has aportado. El choque entre las ideas enciende el chispazo de la verdad. Una vez que el consejo haya decidido algo de común acuerdo, el respeto exige que nadie hable en secreto en contra de lo decidido. Si el consejo ha cometido un error, ese error quedará claro ante todos con el paso del tiempo.

4. Actuar con honestidad en todo momento y en toda circunstancia.

5. Tener presente que lo que daña a uno daña a todos; el reconocimiento recibido por uno es de todos.

6. Recibir a los desconocidos y forasteros con una actitud afectuosa, como miembros de la familia humana.

7. Estar consciente de que todas las razas y tribus del mundo son como flores de distintos colores que florecen en la misma pradera. Todas son hermosas. Por ser hijos del Creador, todas merecen respeto.

8. Servir a los demás o ser útil a la familia, la comunidad, la nación o el mundo. Éste es uno de los propósitos principales por los cuales han sido creados los seres humanos. No te preocupes de tus propios asuntos ni olvides tu tarea más importante. Quienes consagran su vida al servicio de los demás son los únicos que conocen la verdadera felicidad.

9. Actuar con moderación y respetar el equilibrio en todas las cosas.

10. Saber qué contribuye a tu bienestar y qué te conduce a la destrucción.

11. Prestar atención a los consejos que te dan y seguirlos desde el corazón. Estar abierto a recibir consejos que te lleguen de muchas maneras: en la oración, en los sueños, cuando estás solo y en silencio, y a través de las palabras y actos de los mayores y de los amigos sabios.